Personajes ilustres de nuestra historia: Niceto Alcalá-Zamora

16 06 2011

Niceto Alcalá-Zamora nació el 6 de julio de 1877, en Priego de Córdoba (España), en el seno de una familia de clase media-baja, donde su padre se desempeñaba en ese pueblo como Secretario del Ayuntamiento. Estudió Derecho en la Universidad de Granada, graduándose a los 17 años, y doctorándose en Leyes en la Universidad de Madrid, en 1897. En 1899 fue designado Oficial Letrado del Consejo de Estado.

Alcalá-Zamora ingresó en el Partido Liberal Monárquico, liderado por el conde de Romamones, siendo en 1906, diputado por La Carolina (Jaén) y Subsecretario de Gobernación. Abandonó ese partido para ingresar en el demócrata bajo la dirección de Manuel García Prieto, durante cuyo gobierno, en 1917 ocupó el cargo de Ministro de Fomento y en 1922, el Ministerio de Guerra.

Fue profesor de Derecho Procesal, además de ejercer la profesión de abogado en forma independiente, y representó a su país en la Sociedad de las Naciones.

Durante la dictadura de Primo de Rivera  (1923-1930) fue un ferviente opositor, lo que le hizo variar su postura de sus primeros tiempos políticos, donde se había pronunciado a favor de la monarquía.

El 13 de abril de 1930, en un discurso que pronunció en el teatro Apolo, de Valencia, se manifestó a favor del sistema republicano conservador y burgués, sostenido por los sectores intelectuales, y en general, la clase media.

El 23 de mayo de 1930 fue elegido Presidente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, pronunciando un discurso titulado “La Constitución que precisa España” pocos días más tarde, donde ejerció su defensa del rol de la religión católica en el nuevo sistema republicano que debía instalarse, debiendo tener representación los miembros de la iglesia, en el Senado.

Líder del Partido Derecha Liberal Republicana, se unió a Miguel Maura, antes del Pacto de San Sebastián (17 de agosto de 1930) cuyo fin era derrocar la Monarquía, para representar juntos, a los republicanos conservadores. Como consecuencia de ese acuerdo (El Pacto de San Sebastián) se formó un Comité Ejecutivo, del que Alcalá-Zamora fue el elegido presidente.

El 12 de diciembre de 1930, los capitanes Galán y García Hernández, realizaron, adelantándose a lo planeado, un frustrado golpe de estado en Jaca, que si bien terminó con el fusilamiento de sus líderes, sentó las bases para la constitución de la Segunda República.

Algunos participantes del Pacto de San Sebastián lograron ocultarse o exiliarse, y otros, como Alcalá-Zamora fueron detenidos y sometidos a proceso. En marzo de 1931, se lo sentenció a seis meses y un día de prisión, pero luego se le otorgó la libertad condicional.

El rey veía tambalear su poder, y en las elecciones municipales celebradas el 12 de abril, los republicanos se impusieron en 41 de las 50 capitales provinciales. Alfonso XIII reconoció lo indiscutible del resultado electoral y se exilió voluntariamente de España.

El Comité Revolucionario, presidido por Alcalá-Zamora, asumió el gobierno provisional, proclamándose el 14 de abril de 1931, la Segunda República, que al día siguiente dio a conocer su plan de acción, basado en el incremento de las libertades tanto individuales, entre las que se incluía la de culto, y sindicales, y la reforma agraria. Por decreto del 27 de abril de 1931. se reemplazó la bandera española, bicolor, roja y gualda, por la tricolor, morada, roja y amarilla.

Sin embargo, el republicanismo conservador de Alcalá-Zamora, iba perdiendo poder, frente a la izquierda, liderada por Manuel Azaña, cuyos ideales cristalizaron en la Constitución de 1931.

Las diferencias respecto a la cuestión clerical, distanciaron aún más ambas tendencias, por lo que Alcalá-Zamora y Miguel Maura, reconocidos católicos, se alejaron de la dirección política, el 14 de octubre de 1931.

Sin embargo, por temor a que la escisión afectara la causa republicana, se le ofreció a Alcalá-Zamora la Presidencia de la Segunda República, siendo elegido el 2 de diciembre de ese mismo año, asumiendo el cargo el el día 11. El Primer Ministro, Manuel Azaña, pronto se convertiría en el principal obstáculo de su mandato.

Tardó, y fue criticado por ello, en firmar las leyes de secularización de la enseñanza (Ley de Congregaciones) y la del Tribunal de Garantías Constitucionales. En su obra “Los defectos de la Constitución de 1931” expuso los valores que lo separaban de Azaña, fundamentalmente el tema religioso.

Tras su renuncia, Azaña fue nuevamente elegido por Alcalá-Zamora, como Presidente del Consejo de Ministros, el 12 de junio de 1933, pero en septiembre nuevamente el Primer Ministro renunció, disolviendo Alcalá Zamora las Cortes Constituyentes.

En reemplazo de Azaña, fue elegido un partidario del mismo, que luego se inclinaría hacia la derecha, Alejandro Lerroux, y posteriormente, el 8 de octubre de 1933, fue designado Diego Martínez Barrio, con el mandato de organizar elecciones, que se realizaron el 29 de noviembre de ese año, donde CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas) se impuso sobre la izquierda.

Las derechas ganaron ampliamente las elecciones del 29 de noviembre de 1933, las primeras de la Historia de España en que pudieron votar las mujeres. El radical Alejandro Lerroux formó gobierno por encargo del presidente y con la anuencia de la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), dirigida por José María Gil-Robles.

Alcalá-Zamora se llevó mal con los radicales y sobre todo con la CEDA, ya que desconfiaba del espíritu democrático del partido de Gil-Robles, que, si bien se declaraba respetuoso con el orden establecido, no había jurado lealtad a la República. Por esta razón buscó siempre soluciones de compromiso, como el confuso gobierno del radical Ricardo Samper, que no gustaron a nadie.

En octubre de 1934 tuvo que volver a recurrir a Lerroux que formó gobierno con tres ministros de la CEDA, pero el estallido de la revolución de Asturias, su indecisión y el escándalo del «estraperlo» impidieron una acción de gobierno coherente.

Por otra parte, Alcalá-Zamora utilizó todos sus recursos para apartar a la CEDA del poder hasta que la crisis de gobierno de 9 de noviembre de 1935 le ofreció esta oportunidad. Nombró primer ministro a su amigo Manuel Portela Valladares, que presidió un interregno entre noviembre de 1935 y febrero de 1936. Su intención era crear una fuerza de centro entre la derecha radical-cedista y la izquierda social azañista.

El liberal centrista, Manuel Portela Valladares, fue nombrado entre noviembre de 1935 y febrero de 1936, Presidente del Gobierno con el fin de equilibrar la ideología de derecha de la CEDA con la izquierda radical de Azaña.

Alcalá-Zamora disolvió las Cortes, por estar constituidas mayoritariamente por cedistas y radicales, y en las elecciones de febrero de 1936, se impuso el Frente Popular.

Alcalá-Zamora fue sometido a juicio de la Cámara por su decisión de disolver las Cortes dos veces, en 1936 y previamente, las constituyentes, en 1931, que según mandato constitucional si esta situación se produjera (disolver dos veces las Cortes) de forma irregular, podría acarrear su destitución, lo que se produjo por 238 votos a favor, entre los cuales se contó la opinión expuesta a favor de la destitución, del socialista Indalecio Prieto. Solo 5 se pronunciaron a favor de su continuidad en el cargo. El 11 de mayo de 1936, su puesto fue ocupado por Manuel Azaña.

El inicio de la Guerra Civil le sorprendió en un viaje por las costas noruegas. Decidió no regresar a España cuando se enteró, según cuenta en sus memorias, reescritas durante el exilio, de que milicianos del Frente Popular habían entrado ilegalmente en su domicilio, robándole sus pertenencias, y saqueado asimismo su caja de seguridad (y al menos, otra propiedad de una de sus hijas) en el banco Crédit Lyonnais en Madrid, llevándose el manuscrito de sus memorias, parte del cual fue publicado (con cortes de la censura) en la prensa republicana durante la guerra y comentado por Manuel Azaña en sus Memorias.

Fijó su residencia en Francia, donde le sorprendió la Segunda Guerra Mundial. Después de múltiples penalidades, debido a la ocupación alemana y a la actitud colaboracionista del gobierno de Vichy, salió de Francia y tras un penoso viaje de 441 días en barco llegó a Argentina en enero de 1942, donde vivió de sus libros, artículos y conferencias.

No quiso volver a España durante la dictadura franquista, aunque, al parecer, se le hizo algún ofrecimiento, ya que un hijo suyo estaba casado con una hija del general Queipo de Llano, uno de los protagonistas de la sublevación y a que Niceto Alcalá-Zamora era un republicano católico reconocido. Su cadáver fue repatriado a España en 1979 y enterrado en el cementerio de la Almudena de Madrid.

Para más información sobre Niceto Alcalá Zamora y el papel que jugó en la proclamación de la República, podéis ver estos videos.

Noticiario de British Pathé, informando de la salida de España del rey Alfonso XIII y de la proclamación de la República.

Disertación de Alcalá-Zamora en 1932 para el “Archivo de la Palabra” del Centro de Estudios Históricos.

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