Personajes ilustres de nuestra historia: Buenaventura Durruti

11 06 2011

Buenaventura Durruti nació en León, el catorce de julio de 1896, siendo el segundo de los ocho hijos del matrimonio entre Santiago Durruti, un trabajador ferroviario, y Anastasia Dumange. Santa Ana, el barrio donde vivió de pequeño, era un lugar modesto, de casas pequeñas y viejas habitadas por los obreros de la ciudad. Hasta los ocho años de edad asistió a la escuela de la calle de la Misericordia. A raíz de la huelga de curtidores de León en 1903, que se prolongó por nueve meses, la familia de Buenaventura Durruti se vió económicamente muy golpeada, por lo que Durruti pasó a la modesta escuela de Ricardo Fanjul.

A los catorce años abandonó los estudios y se hizo mecánico bajo la tutela de Melchor Martínez, un socialista que tenía en León cierta fama de revolucionario. Durante dos años, Melchor Martínez le enseñó todo lo que sabía sobre mecánica y socialismo; cuando no tuvo más que aprender, Durruti se trasladó al taller de Antonio Mijé y se especializó en el montaje de lavadoras mecánicas para lavar los minerales extraídos de las minas.

En 1912, siendo mecánico, se afilió por influencia de su padre y de Melchor Martínez a la Unión de Metalúrgicos, asociación adscrita a la Unión General de Trabajadores, pero pronto dejó de sentirse atraído por lo que considera un socialismo moderado.

Después de abandonar el trabajo de mecánico, Durruti trabajó como montador de lavaderos de carbón, en la ciudad de Matallana; durante la instalación de uno de los lavaderos se vio envuelto en una rencilla con los obreros, quienes buscaban la destitución de uno de los ingenieros de aquella empresa. El ingeniero fue despedido y Durruti, al regresar a León, se percató de que la Guardia Civil lo vigilaba.

Durruti participó en la huelga general revolucionaria de 1917 como militante de la UGT, de la que sería expulsado por defender posiciones revolucionarias.

Se trasladó en 1920 a Barcelona, donde se afilió a la CNT. En 1922 formó junto con Joan García Oliver, Francisco Ascaso y Ricardo Sanz el grupo «Los Solidarios», con el que perpetró un atraco al Banco de España de Gijón en 1923. Se le imputó también el asesinato del cardenal y arzobispo de Zaragoza Juan Soldevila y Romero, a quien los anarquistas consideraban uno de los principales financiadores en Aragón de los comandos de pistoleros blancos de la patronal, que asesinaban a militantes obreros destacados.

Tras la instauración de la dictadura militar del general Primo de Rivera, Durruti y su amigo Ascaso, decidieron huir a América. En el año 1924 llegaron a La Habana, donde se emplearon como estibadores portuarios y participaron activamente en la organización del sindicato. Debido a esto, fueron perseguidos por la policía local. Con un compañero cubano fueron a trabajar como macheteros e, indignados ante la tortura de un sindicalista, se vengaron.

En 1925, llegaron a México donde se les unió Gregorio Jóver, dieron un golpe y destinaron buena parte del dinero para financiar una escuela racionalista para los pobres en ese país y el resto para costear una biblioteca en París.

Luego de una corta estancia en Perú, el grupo que ahora se autodenominaba “Los Errantes” se dirigió a Chile y a la Argentina, donde asaltaron bancos para recaudar dinero para la lucha contra la dictadura de Primo de Rivera. El mismo año pasaron por Chile y protagonizaron el primer asalto a un banco en la historia de ese país.

En 1926, se refugiaron en Montevideo y Buenos Aires entre compañeros anarquistas. Luego regresaron a España, donde volvieron a la pelea, la cárcel y el exilio. Fueron quince meses de intensa batalla, expropiaciones importantísimas, persecuciones de película y fugas espectaculares; sus hazañas y sus nombres se convirtieron en leyenda. Luego, huyeron a Francia.

Durante su exilio en Francia, Durruti trabajó como mecánico en Renault y Ascaso, de camarero. Ambos fueron detenidos por una petición de extradición de España y de Argentina, donde estaban condenados a muerte. Su detención provocó un intenso repudio por parte de la sociedad francesa, que se movilizó para conseguir su puesta en libertad, cosa que se consiguió poco tiempo después.

Mientras estaban en Francia, los dos compañeros conocieron a dos jóvenes del lugar, quienes los acompañaron desde entonces. Buenaventura y quien sería su compañera toda la vida, Emilienne Morin, se enamoraron en el exilio, tuvieron una hija (Colette) y estuvieron juntos hasta la muerte de Durruti en 1936.

En 1931 volvió a España, y se integró en el sector faísta de la CNT —beligerante con la II República— y tomó parte en las insurrecciones revolucionarias de 1932 y 1933. A consecuencia de ellos, fue deportado por el gobierno republicano, como preso preventivo junto a otros anarcosindicalistas a Guinea Ecuatorial y Canarias, en el barco mercante Buenos Aires.

Durante todo el período republicano participó activamente en huelgas, mítines y conferencias por todo el territorio nacional, pasando numerosas veces por la cárcel.

Al estallar la Guerra Civil en 1936 fue uno de los principales protagonistas de los sucesos revolucionarios de julio, formando parte del grupo «Nosotros» (sucesores de «Los Solidarios») y de la dirección en la defensa de la ciudad de Barcelona, donde falleció su compañero de toda la vida Francisco Ascaso en los enfrentamientos callejeros con los sublevados. El 20 de julio, ya derrotado el alzamiento en Barcelona y siendo la CNT la dueña de la situación, sobre todo tras apoderarse del parque de Artillería de San Andrés, sus principales dirigentes tuvieron una entrevista con el presidente de la Generalidad catalana, Lluís Companys.

En una segunda entrevista al día siguiente, después del pleno de Federaciones locales de la CNT, Durruti junto con otros principales dirigentes de la CNT propusieron nombrar un Comité Central de Milicias Antifascistas de Cataluña, siendo aceptado por las restantes organizaciones. Este comité (formado por libertarios, republicanos nacionalistas y marxistas) se convirtió en el verdadero poder en Cataluña, ratificando la Generalidad posteriormente lo que se decidía.

Cansado de las disputas internas, y el desgaste debido al hecho de encontrarse en una guerra civil, del Comité de Milicias Antifascistas (de la cual era jefe del departamento de transportes), decidió pasar al frente con el bando republicano, empezando por liberar de los sublevados Zaragoza, otro gran núcleo urbano anarquista tras Barcelona. Se formó entonces la famosa Columna Durruti, que tomó rumbo a Zaragoza.

En su camino hacia Zaragoza, la columna iba tomando los pueblos por donde pasaba. En ellos los campesinos se veían libres para hacer la revolución: los terratenientes eran expropiados de sus tierras, las cuales eran colectivizadas, se abolía la propiedad privada y se instauraba el comunismo libertario.

En noviembre de aquel año marchó a Madrid con su columna a contener la ofensiva de las tropas sublevadas. Aproximadamente a la una de la tarde del 19 de noviembre de 1936 (en plena Batalla de la Ciudad Universitaria de Madrid), en la calle Isaac Peral, menos de dos horas después de haber sido entrevistado en la calle en Madrid para el noticiario filmado del PCUS, Durruti fue herido en el pecho por una bala de extraña procedencia; en grave estado, fue llevado al Hotel Ritz, sede del hospital de sangre de las milicias catalanas, donde murió al día siguiente a las cuatro de la mañana.

La autopsia reveló que la muerte de Durruti se debió a los destrozos causados por una bala calibre nueve largo, la cual penetró el tórax y lesionó importantes vísceras. Su cuerpo fue entregado a los servicios especializados del Municipio de Madrid para ser sometido a un proceso de embalsamamiento, ya que sería trasladado y enterrado en Barcelona. Su entierro en Barcelona fue multitudinario. Cientos de miles de barceloneses acudieron al funeral.

La familia Durruti es un claro ejemplo de la España de la época: su hermano Marciano Pedro se afilió a la Falange en febrero de 1936 con el visto bueno de José Antonio Primo de Rivera  y fue fusilado, nueve meses después de la muerte de Buenaventura, por los sublevados en la ciudad de León por considerarlo demasiado radical.

Para más información sobre el papel del anarquismo durante la Guerra Civil, podéis ver completo el excelente documental realizado por Juan Gamero en 1997 para TVE: “Vivir la utopía”.


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