Cine e Historia: “Raza” (1942), de José Luis Sáenz de Heredia

4 06 2011

“Raza” es una superproducción española que sintetiza el ideario del buen español desde la perspectiva del régimen dictatorial de Francisco Franco en los primeros años de la posguerra a través de la historia de tres hermanos y sus vicisitudes durante la guerra civil. La película se estrenó el 5 de enero de 1942, dirigida por José Luis Sáenz de Heredia y con guión técnico del mismo director a partir de un argumento de Jaime de Andrade, seudónimo bajo el que se ocultaba el general Francisco Franco.

Patrocinada por el Consejo de la Hispanidad, Raza pretende mostrar el espíritu abnegado y valeroso que sería propio del ser español y que coincidiría completamente con el ideario nacional-católico del régimen puesto en pie tras la guerra civil.

Quizá por su proximidad temporal con la guerra civil, la película integra perfectamente material documental de la misma, así como una cuidada ambientación en cuanto a uniformes, cartelería y simbología republicanas, algo no muy usual en películas realizadas bajo el franquismo.

El rodaje empezó el 1 de julio de 1941 y finalizó en noviembre del mismo año. En ella se invirtieron más de 2.400 horas de rodaje, llegando a trabajar 16 horas al día durante los casi cuatro meses, 109 días, que duró el rodaje. El presupuesto de la película está en torno a 1.650.000 pesetas, siendo uno de los más altos de la época. En él se utilizaron más de 50 decorados, 500 trajes de época y 1.500 extras, además del pago de 79.000 pesetas a su director, y pagar a un nutrido grupo de actores entre los que destacan Alfredo Mayo (José Churruca), Ana Mariscal (Mari Sol Mendoza), José Nieto (Pedro Churruca) y Blanca de Silos (Isabel Churruca).

La película narra la historia de cuatro hermanos, Isabel, Pedro, José y Jaime, hijos del capitán de navío Pedro Churruca y descendientes de Cosme Damián Churruca, «el más sabio y valeroso marino de su época». Churruca padre, emulando a su ilustre antepasado, muere al principio de la película en Cuba, que aún es colonia española, en una misión suicida contra la armada de los Estados Unidos. Su muerte es producto de la masonería que domina la política española y que ha abandonado la isla y a los militares españoles que la defienden a su suerte. Antes de partir hacia el martirio, sin embargo, don Pedro hace lo posible por transmitir a sus hijos el espíritu inherente al apellido Churruca, que es el espíritu de los almogávares: «guerreros elegidos, los más representativos de la raza española: firmes en la pelea, ágiles y decididos en el maniobrar».

José hace gala desde su más tierna infancia de ese espíritu almogávar. No así Pedro, en quien vemos una preocupación constante por el dinero y una cierta tendencia a la mentira y la trampa. Isabel, por su parte, es una niña modelo. José seguirá, como su padre, la carrera militar. Isabel se casará con otro militar. Pedro, al contrario que su hermano, será diputado republicano y exigirá rápidamente su parte de la herencia familiar para sufragar su carrera política. El cuarto hijo, Jaime —aún un bebé cuando murió su padre— ingresará en una orden religiosa.

Estalla la guerra civil. Isabel está con su marido en zona nacional. Pedro y José se hallan en el Madrid republicano asediado. El primero ocupa un importante cargo, aparentemente en las instituciones de defensa de la ciudad. El segundo es capturado a causa de sus actividades quintacolumnistas y condenado a muerte, sentencia que su hermano, preocupado por sí mismo, no intenta revocar. José es fusilado por un pelotón de milicianos malhablados y sin afeitar, pero un milagro hace que los impactos de bala no lleguen a quitarle la vida. Trasladado por una mujer que lo ama a la clínica de un médico partidario de Franco, se repone de sus heridas y adquiere una nueva identidad que le permitirá pasarse a la zona nacional. Al fraile Jaime la guerra le pilla, para su desgracia, en zona republicana también: en Barcelona.

Poco después del fusilamiento de su hermano, él es fusilado a su vez (y muere) junto a los demás frailes por una turba de milicianos que asaltan y destrozan el convento. Tiene la oportunidad de salvarse invocando el nombre de su hermano Pedro (que ha sido destinado a Barcelona), pero fiel a su apellido y a sus compañeros, rehúsa todo privilegio.

José logra pasar a zona nacional gracias a la ayuda de un dentista que tuvo «un pasado malo de izquierdismo» lo cual le dio «influencia en aquella sociedad corrompida». Llega hasta el frente del País Vasco, donde se encuentra su cuñado, el capitán Echevarría, que siente tentaciones de desertar y cruzar las líneas para reunirse con su esposa, Isabel Churruca y sus dos hijos, atrapados en el Bilbao republicano. José Churruca lo evita, y pronto se resuelve la situación con un desenlace feliz: las tropas nacionales derrotan a las Brigadas Internacionales que defienden la capital vizcaína y la familia se reúne.

Hundido el frente norte, el ejército de Franco se prepara para atacar en el frente de Aragón. En el estado mayor de Barcelona encontramos a Pedro, ahora vestido con un uniforme del ejército republicano, preparando la defensa frente al inminente ataque. Pedro debe hacer frente a los prejuicios de un individuo de mal aspecto y peores modales (puede que sea Valentín González, El Campesino), quien afirma que alguien con el apellido Churruca no puede servir debidamente a la causa de la República.

Pedro aún no lo sabe, pero instantes después comprobará que el miliciano está en lo cierto: una mujer le visita para pedirle que le entregue una copia del estado de fuerzas en el frente de Aragón para pasárselo a los nacionales. Pedro, escandalizado, le dice que no puede traicionar a los suyos. La mujer le replica que «no es posible que tenga como suyos a los asesinos de su familia y de tantas familias honorables y rectas». Tocado por el argumento, Pedro le entrega los planos del frente.

Sin embargo, la operación se descubre, para regocijo del jefe miliciano malencarado, y los planos no llegan a poder de los nacionales. Enfrentado a la muerte, Pedro parece recuperar ese espíritu almogávar que no había acabado de penetrar en él: «sin planos y aún sin armas», les espeta a los rojos, las tropas de Franco «ganarán la batalla contra los hombres huecos», ya que ellos, quienes «sienten en el fondo de su espíritu la semilla superior de la raza» son los «elegidos para la gran empresa de devolver a España a su destino».

Finalmente, la última secuencia de la película presenta a Isabel, a Mari Sol y a sus hijos ante el desfile militar de la Victoria, celebrado en Madrid en mayo de 1939. Uno de los niños le pregunta: -Mamá, ¿cómo se llama esto que estamos viendo?, a lo que la madre le responde, dominada por la emoción: -Esto que estamos viendo se llama Raza, hijo mío.

Siempre se ha dicho que la Historia la escriben los vencedores. Franco se ocupó de que así fuera, pero también es verdad, que, tras el fin de un régimen, se descubren secretos que revelan los objetivos políticos que sus protagonistas quisieron ocultar mientras detentaban el poder. Raza es un ejemplo de lo que quiso ser su autor, y un documento de inestimable valor histórico para conocer y comprender la ideología y las bases sociales del régimen dictatorial que dominó España durante casi cuarenta años. Aquí tenéis la guía didáctica y la película de José Luis Sáenz de Heredia.

1. “Raza” (1942), de José Luis Sáenz de Heredia (1 de 11):

2. “Raza” (1942), de José Luis Sáenz de Heredia (2 de 11):

3. “Raza” (1942), de José Luis Sáenz de Heredia (3 de 11):

4. “Raza” (1942), de José Luis Sáenz de Heredia (4 de 11):

5. “Raza” (1942), de José Luis Sáenz de Heredia (5 de 11):

6. “Raza” (1942), de José Luis Sáenz de Heredia (6 de 11):

7. “Raza” (1942), de José Luis Sáenz de Heredia (7 de 11):

8. “Raza” (1942), de José Luis Sáenz de Heredia (8 de 11):

9. “Raza” (1942), de José Luis Sáenz de Heredia (9 de 11):

10. “Raza” (1942), de José Luis Sáenz de Heredia (10 de 11):

11. “Raza” (1942), de José Luis Sáenz de Heredia (11 de 11):

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