Personajes ilustres de nuestra historia: Vicente Rojo Lluch

30 05 2011

Vicente Rojo Lluch nació el 8 de octubre de 1894 en el pequeño pueblo valenciano de Fuente de la Higuera. Su padre Isaac Rojo González había fallecido tres meses antes de su nacimiento, dejando a su mujer Dolores Lluch Doménech una pensión algo ajustada para el mantenimiento económico de la vida de la familia. Vicente era el sexto hijo de la familia. Desde joven vivió al amparo de su madre. El padre de Vicente fue un militar que sirvió en el Ejército de Ultramar en La Habana desde 1876, anteriormente había combatido como soldado de reemplazo contra los carlistas en Cataluña. En Cuba fue ascendido por antigüedad, y tras media docena de años de servicio, regresó a España muy enfermo, siendo ascendido finalmente a teniente 1º por méritos de guerra. Finalmente, Isaac se estableció en el pueblo valenciano de Fuente de la Higuera y murió a causa de sus dolencias, meses antes de conocer a su hijo Vicente.

La humildad del origen de Vicente le marcó desde la adolescencia, combinándose con una cada vez mayor relación con el mundo castrense. De los seis hermanos sólo dos fueron varones: Vicente y Fernando. Ambos hermanos crecieron en un ambiente católico y la amistad con él fue siempre estrecha y cordial.

Su madre murió cuando Vicente tenía trece años de edad, y él ingresó como interno en una institución que acogía a los Huérfanos de Infantería. Se puede decir que Rojo no eligió la carrera militar, ingresó en esta institución en calidad de huérfano de militar. Agravado por la situación económica de su familia en el año 1911, ingresó en la Academia de Infantería de Toledo.

Una enfermedad en el ojo izquierdo retrasó sus estudios, tras tres años de convalecencia aprendió a disimular el problema de su reducción de visibilidad. Vicente pudo pasar estos primeros años gracias a las aportaciones económicas solidarias de sus hermanos mayores. En esta su primera estancia en el Alcazar de Toledo estudiando hizo grandes amistades con algunos de sus compañeros. Su coronel José Villalba Riquelme lo recordaría como un alumno aplicado, que finalizó sus estudios en el año 1914 con el grado de subteniente, habiendo obtenido el número dos en una promoción de 390 cadetes alumnos de la academia. Franco había acabado años antes, en 1911, los estudios en la misma academia.

Su primer destino se realizó en Barcelona en junio de 1914, siendo asignado al Regimiento Vergara 57. Era una época complicada de conflictos sociales en las calles barcelonesas. Estuvo conviviendo en la misma casa con su hermano Fernando Rojo, tres años mayor que él. Su hermano trabajaba en la Catalana de Gas y Electricidad y logró mantener su empleo hasta después de la Guerra Civil. Al igual que Vicente se había educado en un orfanato militar de Toledo (María Cristina), sólo que al final no eligió la carrera militar.

Este período barcelonés de Vicente fortaleció el vínculo de ambos hermanos. Durante esta época tuvo que enfrentarse como represor a las huelgas catalanas, y por otra parte tenía que oír las versiones de su hermano (que se encontraba en el otro bando). Fernando durante la Guerra se afilió a la UGT, aunque esta actitud era normal durante la guerra por motivos de supervivencia. La penuria económica y el bajo sueldo de Vicente en Barcelona (que correspondía a 35 duros) le obligaron a solicitar el destino de Marruecos. El destino de Marruecos era prometedor, el rey Alfonso XIII había concedido ventajas de ascenso en el escalafón a los militares destinados allí. Es muy probable que Vicente quisiera probar suerte.

El 10 de enero de 1915 se incorpora al Regimiento de Infantería de Córdoba nº 10, este destino se encuentra en la mitad de camino entre las posiciones de Ceuta y Melilla en el denominado protectorado español de Marruecos. Este era un lugar en que los militares españoles ambiciosos lograban en un corto periodo de tiempo posiciones altas en el escalafón. Tras pasar un periodo de aclimatación en Córdoba el 18 de febrero se incorpora al Batallón de Cazadores Arapiles nº 9, situado en Tetuán.

Su bautismo de fuego lo tuvo en la ciudad de Laucién, y fue una escaramuza. El 29 de junio de 1916 tuvo lugar una importante operación en la cabila de Anyera, el Batallón de Cazadores de Arapiles tuvo una destacada participación en dicha operación. Durante este período tuvo que realizar diversas operaciones militares, alternó posiciones avanzadas con las de retaguardia, a finales de 1916 fue condecorado con Cruz Roja al Mérito Militar. En junio de 1918 ascendió a Capitán. Participó también en la misión de Alcazarseguir en el norte de Marruecos.

La aventura africana no pareció lograr en Vicente las satisfacciones deseadas, y tras solicitar cambio de destino el 12 de julio de 1919, se incorporó al Regimiento de Infantería Vergara número 57, ubicado en Barcelona. En sus períodos de permiso que disfrutó en Ceuta conoció a Teresa Fernández, ambos contraen matrimonio en Madrid el 13 de marzo de 1920. Tras casarse fue destinado al Batallón de Cazadores de Montaña Alfonso XII número 1 ubicado en Vic. En 1922 tiene su segundo hijo y logró ser destinado como profesor en la Academia de Infantería de Toledo, algo que llevaba deseando desde varios años. La Academia de Infantería era la única institución de enseñanza para los oficiales de la época.

Al conseguir el traslado, Vicente Rojo y su mujer se establecieron en la ciudad de Toledo en 1922, ya como capitán. En la Academia de Infantería ocupó diversos puestos docentes y de administración. Ocupará este puesto de profesor durante cerca de una década. Como profesor se encargaba de diversas materias dentro del currículo ofrecido por la Academia, tales como medios de transporte, táctica, logística, higiene y alimentación, topografía, armamento y material, etc. Participó igualmente en las prácticas que se realizaban en el Campamento de los Alijares.

Fue también uno de los redactores de los planes de estudio de las asignaturas de Táctica, Armamento y Tiro para la nueva etapa de la Academia de Zaragoza. Es en este período en la Academia cuando colaboró en la fundación y dirección de la Colección Bibliográfica Militar, colección sobre temas militares que alcanzó amplia difusión en España y en el extranjero, junto con el también capitán Emilio Alamán Ortega. Esta colaboración se extendió desde el año 1928 hasta 1936, y se tradujeron casi un centenar de títulos, llegando a alcanzar tiradas de cerca de doscientos mil ejemplares.

Durante su estancia en la Escuela se dio la circunstancia curiosa de que se propuso a los alumnos de su promoción que desarrollaran un supuesto táctico que consistía en el paso del río Ebro para establecerse en la ruta Reus-Granadella, operación muy similar a la que unos años después, durante la guerra civil, habría de llevar a la práctica en la célebre batalla del Ebro en el tramo comprendido entre Mequinenza y Amposta. Durante su estancia en la academia fueron ocurriendo sucesos en la vida política como el 14 de abril el advenimiento de la Segunda República.

En agosto de 1932, abandonó la Academia para ingresar en la Escuela Superior de Guerra en Madrid con el objetivo de realizar el curso de Estado Mayor, diploma que obtendría en 1936 (al poco de haber ascendido a comandante). Su mujer estaba embarazada del sexto hijo. Al poco de abandonar la Academia, su antiguo jefe en la época de Marruecos, Sanjurjo, se sublevó contra la República en la ciudad de Sevilla, en lo que se denominó La Sanjurjada. Durante una breve temporada se convirtió en jefe de Estado Mayor de la 16ª Brigada de Infantería de León. Este nuevo cargo le permitió comprobar la realidad del ejercito antes de la Guerra Civil. De la misma forma, pudo comprobar como en los ambientes militares se estaba fraguando el futuro conflicto, y de vez en cuando le convocaban a reuniones en las que se pretendía que se afiliase a una posible revuelta.

Ascendido a comandante el 25 de febrero de 1936, al estallar la guerra civil, en julio de 1936, se mantuvo leal al gobierno de la República, y fue uno de los militares profesionales que participó en la reorganización de las fuerzas republicanas durante los instantes posteriores al golpe militar del 17 y 18 de julio de 1936. Al principio, la intención del gobierno de José Giral fue desmantelar el ejército. Finalmente, en agosto de este mismo año se reactivaron los escalafones militares.

No es de suponer que se cuestionase la lealtad de Vicente Rojo ya que desde los primeros instantes fue trasladado a las oficinas del Estado Mayor del Ministerio al mando de Hernández Saravia. Debido a las operaciones de acoso a la Capital desde el norte, el 24 de julio partía a Somosierra para incoporarse a una columna que estaba bajo las órdenes de Enrique Jurado, estuvo destinado hasta el 28 de agosto en Lozoyuela, tras este primer punto de contacto regresó al Estado Mayor.

El primer contacto con los milicianos fue muy bien entendido y fue considerado a partir de ese primer destino. Durante esos meses de gran actividad tuvieron que reorganizar un nuevo ejército capaz de enfrentarse con las tropas nacionales que avanzaban por Extremadura hacia la capital, en ese intento se creó la Inspección General de Milicias con el objeto de controlar los batallones de voluntarios. El 18 de agosto llegaban las noticias de la toma de Badajoz y de las brutales represiones posteriores por parte del General Yagüe.

Una de las primeras misiones asignadas a Vicente Rojo fue la de pactar una rendición al asediado Alcázar de Toledo el 9 de septiembre de 1936. Esta misión (propuesta por Largo Caballero) fue ciertamente dura para él, ya que suponía volver a la academia en la que estuvo destinado como profesor durante casi una década. El 8 de septiembre, la Junta de Defensa de Toledo (ubicado en la casa de Correos) redactó el mensaje que debía aceptar Moscadó.

Vicente sabía de antemano que Moscardó no aceptaría las condiciones. Ese 9 de septiembre a las diez de la mañana, entró por Puerta de los Carros con los ojos vendados a entrevistarse con Moscardó. Muchos de sus viejos camaradas se encontraban en su interior (entre ellos su antiguo colaborador Emilio Alamán Ortega). La recepción en el Alcázar por el General Moscardó fue fría y protocolaria, escuchó las condiciones y posteriormente permitió que Vicente saludara a sus antiguos colegas. Solicitó la entrada al recinto de un sacerdote para que pudiera hacer sus servicios religiosos en el Interior del Alcázar. Regresó a Madrid e informó en persona a Largo Caballero de lo sucedido.

En octubre de 1936 fue ascendido a teniente coronel siendo designado jefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa, mandadas por el general Miaja, jefe de la Junta de Defensa de Madrid, creada para defender la capital a toda costa después del traslado del gobierno de la República a Valencia. En este puesto preparó un eficacísimo plan de protección de la ciudad, que evitó su caída. A partir de entonces, su fama como organizador no hizo sino aumentar. Jefe del Estado Mayor del Ejército del Centro, tuvo una destacada actuación en la planificación de las principales operaciones desarrolladas por el citado Ejército, en el Jarama, Guadalajara, Brunete y Belchite.

Con un prestigio acrecentado, en marzo de 1937 fue nombrado coronel y en mayo, tras la formación del gobierno Negrín, Jefe del Estado Mayor Central de las Fuerzas Armadas y jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra. Desde este nuevo empleo se encargó de dirigir la expansión del Ejército Popular, y creó el denominado Ejército de Maniobra, que debía servir de avanzadilla ofensiva del Ejército Republicano. A lo largo de 1937 proyectó las ofensivas de Huesca, Brunete, Belchite, Zaragoza y Teruel.

Ascendido a general en octubre de 1937 es ya uno de los militares más prestigiosos de la República. La operación más ambiciosa que llevó a cabo a lo largo de 1938 fue la ofensiva del Ebro, antes citada al hablar del supuesto táctico desarrollado en la Escuela Superior de Guerra, que dio lugar a la larga batalla del Ebro desarrollada desde el 25 de julio al 16 de noviembre de 1938, y en la cual la República se jugaba su prestigio internacional, su capacidad de resistencia y la posibilidad de poder dar un giro favorable al curso de la guerra.

Tras la caída de Cataluña, en febrero de 1939, pasó a Francia y después de una breve estancia en este país el Servicio de Emigración de los Republicanos Españoles (SERE) le abonó el pasaje para trasladarse a Buenos Aires (Argentina). Poco tiempo después el gobierno de Bolivia le ofreció la posibilidad de que organizara y dirigiera la cátedra de Historia Militar y Arte de la Guerra en su Escuela de Estado Mayor, tarea esta que desarrolló entre 1943 y 1945, siéndole reconocido su empleo de general del Ejército español y condecorado con el máximo galardón.

En febrero de 1957 regresó a España, gracias a las gestiones de un jesuita que conoció durante su estancia en Bolivia y avalado también por el obispo de Cochabamba, antiguo capellán castrense a las órdenes de Rojo. Aunque al principio no fue molestado por las autoridades franquistas, el 16 de julio de 1957 el Juzgado Especial para los Delitos de Espionaje y Comunismo le comunicó que era procesado por el delito de rebelión militar, en su calidad de ex-comandante del Ejército, paradójicamente por el hecho de no haberse rebelado contra el gobierno legítimo de la República. Al parecer su vuelta no había gustado a ciertos sectores militares, por lo que Franco tuvo que resolver la situación de una manera salomónica: Rojo sería condenado y después indultado.

Escribió varios libros, donde se recogen sus experiencias militares en la guerra civil, así publicó ¡Alerta los pueblos! (1939), ¡España heroica! (1961) y Así fue la defensa de Madrid (1967). En el 2010 se ha publicado su Historia de la guerra civil española, con un estudio introductorio y edición de Jorge Martínez Reverte.

Vicente Rojo falleció en Madrid el 15 de junio de 1966. Las agencias de prensa dieron de forma muy escueta la noticia, los diarios ABC y Ya recordaron su grado de general y únicamente el diario El Alcázar, órgano de los ex-combatientes franquistas, destacó el prestigio de que gozaba entre los militares por su capacidad profesional.


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