Personajes ilustres de nuestra historia: Ramón J. Sender

29 05 2011

Ramón J. Sender Garcés nació en Chalamera (Huesca) el 3 de Febrero de 1901. Su padre era secretario del ayuntamiento, y su madre, maestra de esta aldea. Un año después regresaron a Alcolea de Cinca, pueblo del que procedían sus padres. Luego, se trasladaron a Tauste, cerca de Zaragoza. Como los padres de Sender, además de su profesión, pertenecían a familias de labradores acomodados, propietarios de tierras, en su casa no tenían problemas económicos. Por tanto, Ramón no tuvo de niño las dificultades que tuvieron otros niños de principio de siglo y que vivieran también en un ambiente rural.

A los diez años (1911), Ramón comenzó el Bachillerato como alumno libre. Mosén Joaquín, capellán del convento de Santa Clara, de Tauste, dirigía sus estudios, teniendo luego que examinarse en el Instituto Goya de Zaragoza.

Marchó después a Reus, en donde continuó estos estudios, en el colegio de los frailes de San Pedro Apóstol. Más tarde, la familia se estableció en Zaragoza. Aquí estudió los cursos de 5º y 6º de Bachiller. Durante el año que cursaba 6º de Bachillerato hubo grandes desórdenes estudiantiles y le hicieron a él responsable, suspendiéndole todas las asignaturas, por lo que tuvo que ir a terminar el Bachiller a Alcañíz (Teruel), en donde trabajó como empleado de farmacia, porque se había peleado con su padre. Después, en este deambular familiar, lo veremos también en Caspe.

A los 17 años (1918), ya terminado el Bachiller, Ramón J. Sender se escapó de casa y se fue a Madrid. Solo y sin dinero pasó los mayores apuros de su vida hasta el punto de verse obligado a dormir en un banco del Retiro durante tres meses. Se lavaba en una fuente del parque y en las duchas del Ateneo, a donde iba diariamente a leer y escribir.

Su carrera literaria comenzó en el Madrid de aquella difícil época. Escribió artículos y cuentos que logró publicar en varios periódicos, como El Imparcial, El País, España Nueva y La Tribuna, en donde apareció su primer trabajo: un cuento titulado “Las brujas del compromiso”. Desconfiando del valor de estos primeros intentos literarios firmaba con seudónimo. Le pagaban unas 25 ptas por trabajo, cantidad importante en aquellos tiempos, sobre todo para un muchacho de su edad.

Sin embargo, el dinero que ganaba apenas le alcanzaba para comer. Así que para dormir bajo techo tuvo que trabajar de dependiente en una farmacia, como antes lo había hecho en Alcañíz y Zaragoza.

En la Universidad de Madrid se matriculó en la facultad de Filosofía y Letras: el ambiente académico -textos, clases, exámenes- le decepcionó pronto y decidió formarse por su cuenta leyendo vorazmente en las Bibliotecas y comprando libros cuando podía, pero lo que a Ramón J. Sender le atraía verdaderamente eran su vocación de escritor y las actividades revolucionarias con grupos de obreros anarquistas, no importándole meterse en conflictos políticos por graves que parecieran.

Su padre, D. José Sender, fue a Madrid y obligó a su hijo a volver a casa, dado que este era menor de edad. Entonces, en Huesca, dedicó todas sus energías a la publicación de un periódico, La Tierra, diario que formaba parte de la Asociación de Labradores y Ganaderos del Alto Aragón. Como por su edad, 18 años, no podía ser oficialmente director, en este puesto figuraba el nombre de un abogado amigo suyo, aunque era el joven Ramón J. quien lo dirigía y lo llevaba a cabo con gran esfuerzo y entusiasmo.

Al cumplir los 21 años (1922), tuvo que ingresar en el ejército. Intervino -como soldado, cabo, sargento, suboficial y alférez de complemento- en la Guerra de Marruecos, durante los años 1922-24.

Al regresar de Marruecos, ya libre del servicio militar, ingresó en la redacción de El Sol, el periódico quizá más prestigioso de España en aquellos tiempos. Escribía toda clase de artículos y corregía manuscritos y pruebas.

En estas actividades periodísticas, de gran valor para su formación de escritor, trabajó desde 1924 a 1930. Por estas fechas, era un periodista altamente cotizado y sus novelas -especialmente Imán, basada en la guerra de Marruecos, y que se tradujo a varias lenguas- se publicaban en grandes ediciones.

Siguió colaborando con otros periódicos, tales como Solidaridad Obrera (de la C.N.T.) y La Libertad. Además continuaba participando activamente en las revueltas anarquistas. En 1927 (Ramón J. Sender tenía entonces 26 años) estuvo en la cárcel Modelo de Madrid a consecuencia de sus actividades revolucionarias contra el régimen del General Primo de Rivera.

A fines de 1933 y principios de 1934, estuvo algunos meses en Rusia. En este período y hasta la Guerra Civil Española (1936) se mostraba decepcionado por la falta de sentido de organización de los anarquistas y se aproximó, atraído primero y decepcionado después, a los comunistas, aunque nunca perteneció al partido.

En 1933 se produjo un suceso que le causó un malestar inconcebible: la represión sangrienta de Casas Viejas, aldea de la provincia de Cádiz, donde unos pobres campesinos se habían sublevado. Arriesgando la vida, Ramón J. Sender fue a Casas Viejas pocos días después, se informó detalladamente de los hechos, como buen periodista, y los denunció duramente, con la crudeza de la verdad, en una serie de artículos que se publicaron en La Libertad y luego en el libro Viaje a la Aldea del Crimen (1934).

La denuncia tuvo serias repercusiones y el Gobierno de Azaña tuvo que dimitir. En 1935 obtuvo el Premio Nacional de Literatura por su novela Mister Witt en el Cantón.

Al estallar la Guerra Civil (1936), se encontraba con su mujer, Amparo Barayón, y sus dos hijos (un niño de dos años y medio y una niña de seis meses) veraneando en San Rafael, un pueblo de la sierra del Guadarrama, al norte de Madrid.

Las tropas de Franco ocuparon esta zona y Ramón J. Sender decidió que su mujer e hijos se fueran a Zamora, con la familia de ella. Él pasó de noche las líneas del frente en medio de constantes peligros y se incorporó como soldado a una columna republicana que llegaba de Madrid.

En el mes de octubre mataron a su mujer en Zamora. Al quedar sus hijos desamparados en la zona de Franco, ya en 1937, pasó a Francia y pudo sacarlos por medio de la Cruz Roja Internacional, reuniéndose con ellos en Bayona, dejándolos en Pau al cuidado de dos muchachas aragonesas.

Volvió a Barcelona y pidió que le enviaran al frente de Aragón, al Segre, con las tropas de la C.N.T., pero los comunistas, por conflictos entre ellos y los sindicalistas, y desconfiando de Sender, no se lo permitieron.

Consiguió, por esta época, viajar a Francia y estar dos meses con sus hijos. El gobierno republicano lo envió entonces a Estados Unidos a dar una serie de conferencias en Universidades y otros centros para presentar la causa de la República.

Luego, se le encargó la fundación en París de una revista de propaganda de guerra titulada La Voz de Madrid. Las dificultades en España continuaban, y los conflictos violentos dentro las facciones que se disputaban el poder llegaron a decepcionarle tanto que decidió salir de España.

A fines de 1938, pasó otra vez a Francia y ya no regresó. Estuvo viviendo en Orsay, cerca de París, de los derechos de autor que tenía depositados en el extranjero. Ofreció varias veces sus servicios a los comunistas, pero éstos lo rechazaron. Sólo cuando Barcelona cayó en poder de Franco le invitaron a regresar, pero viendo que España no tenía ya solución decidió marcharse con sus hijos a México

Tras pasar por un campo de concentración, en marzo de 1939 (la guerra acabaría en abril) se embarcó como tantos exiliados hacia México, donde vivió hasta 1942, año en que se trasladó a Estados Unidos, donde fue profesor de literatura en varias universidades. Entre 1950 y 1954 tuvo lugar la Caza de brujas con la que el senador ultraderechista McCarthy quiso “limpiar de rojos” los EEUU. Ramón J. Sender se vio forzado a firmar un furibundo manifiesto anticomunista para no perder su empleo en la Universidad de San Diego.

En esta época se volvió a casar y tuvo otros dos hijos, pero las constantes infidelidades por su parte motivaron la disolución de su familia. Sobre esta última época de su vida es reveladora la activa correspondencia que intercambió con la escritora Carmen Laforet, a quien conoció cuando ella viajó a los Estados Unidos en 1965; ahí se testimonia la grandeza y generosidad de Sender, y su difícil o imposible acomodamiento a la realidad de la vejez.

En esta etapa su producción literaria aumentó considerablemente. En 1960 publicó Requiem por un campesino espanol, ambientada en la Guerra Civil española. Sender regresó a España cuando le concedieron el Premio Planeta por En la vida de Ignacio Morell (1969) y pasó allí largas temporadas a partir de 1976, declarando su intención de volver de nuevo para fijar ya su residencia en su país natal. En 1980 solicitó desde San Diego (California) recuperar la nacionalidad española y renunciar a su nacionalidad estadounidense. Murió dos años después en Estados Unidos, el 16 de enero de 1982.

Para conocer más sobre Ramón J. Sender y su obra, podéis ver una de las últimas entrevistas que se le hicieron, de la mano del periodista Joaquín Soler Serrano para su mítico programa “A fondo”, a finales de los años setenta.

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