Personajes ilustres de nuestra historia: Francisco Espoz y Mina

24 05 2011

Francisco Espoz y Mina nació el 17 de junio de 1781, en el pequeño caserío de Idocin (Navarra). Era hijo de Juan Esteban Espoz y de María Teresa Ilundain. Como cualquier otro campesino, tras haber fallecido su padre cuando él contaba tan sólo catorce años, tomó las riendas de la labranza en su caserío. Tranquilamente transcurrían los días, y suponemos que las ocupaciones no le permitían mayores entretenimientos que las fiestas populares en las villas inmediatas a su residencia.

En uno de aquellos descansos, el día 9 de febrero de 1808, hallándose en una de sus habituales visitas a la ciudad de Pamplona con objeto de pasar unos días con sus hermanos Clemente, Vicario del Hospital de aquella ciudad, y Simona, madre del joven estudiante de Filosofía, Javier Mina, a quien poco después conoceremos ya como Mina “El Estudiante”. Decíamos que Francisco se hallaba en Pamplona y para él fue muy triste haber visto en la plaza Mayor una columna de cerca de 4.000 soldados franceses que, al mando del general d’Armagnac, parecían adueñarse de todo a su alrededor.

La impotencia ante aquellos soldados y los sucesos de los días siguientes acrisolarían en lo más profundo de Francisco, un eterno odio a quienes de modo tan artero se adueñaban de toda España, y él, Francisco Espoz lo había vivido muy cerca. Su sobrino se había incorporado a la lucha y con el grado de Capitán había reunido una partida de patriotas.

Así comenzó su carrera militar en 1808, en plena Guerra de la Independencia  con otros convecinos al incorporarse al batallón del comisionado británico, coronel Doyle,  desarrollando su actividad bélica en Jaca (Huesca).

Las epopeyas protagonizadas por Javier Mina y sus navarros mantenían atenta la atención de aquellos jóvenes, que cuando el día 21 de marzo de 1809 se produjo la rendición de Jaca, decidieron que ellos no se rendían. Por ello, Espoz y varios compañeros se deslizaron por las murallas y corrieron hasta hallar los parajes en los que se resguardaban las guerrillas navarras.

Adscrito a la partida de Javier, así se mantenían cuando el 29 de marzo de 1810, su sobrino caía herido en una emboscada en el pueblo de Labiano, quedando prisioneros él y los hombres que le acompañaba.

Espoz que andaba en descubierta se salvó con los siete hombres que le acompañaban. La numerosa guerrilla de Javier se descompuso, sus cerca de ochocientos hombres de a pie y los sesenta a caballo no regresaron a los puntos de reunión.

Repuesto de la sorpresa, Espoz y Mina comenzó a reunir gentes que pudieran acompañarle en la persecución de los franceses, dispuesto a ocupar el puesto que la prisión de su sobrino había dejado vacante. A pesar de no tener conocimientos de estrategia militar ni experiencia de combate, Espoz demostró una gran valía para encabezar aquel ejército de guerrilleros que de un confín a otro desesperaban al mando francés.

Espoz dirigía una guerrilla a la cual supo organizar del modo más efectivo, dividiéndola en pequeños grupos al mando de un experto guerrillero, logrando así el mando sobre todas aquellas partidas que se repartían tanto por tierras de Aragón como de Castilla. La larga mano de Espoz se hizo notar muy pronto, y también la justicia que impartía era inmediata cuando no se hallaba contento con los modos de conducirse de alguno de sus subordinados.

Entre 1810 y 1813, con un ejército de casi 3.000 hombres, Espoz y Mina llevó a cabo sus ataques e incursiones por Navarra, Aragón, Castilla y Guipúzcoa, sin que los ejércitos franceses pudieran hacerle frente. Ante esta situación, el general francés Honoré Reille intentó paralizarlo con un ejército diez veces superior, sin conseguirlo.

Espoz y Mina continuó consiguiendo éxitos guerrilleros (Sangüesa, Arlabón, Tafalla, Sos del Rey Católico, Rocafort, Motrico, Fuenterrabía y Zaragoza). Ante sus éxitos, la Junta de Regencia, le otorgó múltiples condecoraciones, nombrándole sucesivamente Coronel, General y Mariscal de Campo (1812).

Finalizada la guerra y con la vuelta de Fernando VII, Espoz y Mina, desde su cuartel general de Lacarra, el 9 de abril de 1814 le ofreció la inmediata puesta a disposición de la División Navarra con sus más de 12.000 hombres.

Espoz y Mina, por aquel entonces, trataba de situarse en la naciente sociedad fernandina. Espoz pretendía ser nombrado Virrey de Navarra y que sus guerrilleros fuesen reconocidos e integrados en las fuerzas regulares, como tropas de línea.

Se presentó en la Corte, con el deseo de ser recibido por Fernando VII, que acabó recibiéndole, aunque muy fríamente y sin que apenas le oyese.

Espoz, despechado, se apresuró a regresar a Navarra, donde en virtud de las disposiciones del Rey, se estaba desmembrando la División de Navarra.

Ante lo evidente, Espoz cambió de actitud, se confabuló con Asura, Górriz y su sobrino Javier Mina, regresado de su prisión en el castillo de Vincennes, y con ellos al frente de sus hombres pretendió apoderarse de la plaza militar de Pamplona,  encabezando una conspiración liberal en Pamplona (1814), en un intento fallido de proclamar la Constitución de 1812.

Sin embargo, le ocurre lo que después a Porlier; sus hombres le abandonaron a pesar del prestigio que entre ellos parecían tener, e inclusive algunos dispararon sobre él.

Fracasada la intentona, tuvo que refugiarse en Francia, y fue acogido por el rey Luis XVIII, residiendo en Bar-sur-Aube, en plena Champagne. Cuando Napoleón se evadió de la isla de Elba, en marzo de 1815, Espoz se ofreció a Bonaparte para entrar en España al frente de un ejército francés que elevaría de nuevo al trono español, al anciano Carlos IV, que vivía en Italia.

No fructificó aquel intento, y se fugó a Suiza y luego pasó a Bélgica. Tras la derrota de Napoleón en Waterloo, regresó a Francia. Es por estos años cuando, relacionándose con otros militares franceses y españoles exilados, acabó entrando a formar parte en la masonería.

En 1816 participó en la Conspiración del Triángulo (una sociedad secreta, al parecer de inspiración masónica, dirigida por Vicente Richard) junto con, entre otros, Rafael del Riego y Núñez (1785-1823), Juan Díaz Porlier (1775-1815) y Luis Lacy (1775-1817), que tenía como objetivo secuestrar al Rey para obligarle a jurar la Constitución de 1812.

Cuando el general Rafael del Riego se sublevó en tierras andaluzas, proclamando nuevamente la Constitución gaditana, Espoz no pudo permanecer impasible. Se presentó en territorio navarro, el 23 de febrero de 1820, con un gran deseo de incorporarse al movimiento constitucional, y proclamó la Constitución en Santesteban, siendo nombrado  Capitán General del Ejército y de la Provincia de Navarra, aunque el Virreinato quedó en manos del conde de Ezpeleta.

Su llegada a Pamplona no despertó anhelo alguno entre los navarros, antes al contrario fomentaría aún más la división que ya se vislumbraba en las ciudades. Por esta razón, pidió ser destinado como Capitán General de Galicia.

Espoz se incorporó a su nuevo destino, llevando consigo, en calidad de ayudante, al coronel Romay, a quien ya conocimos cuando el pronunciamiento de Porlier, en La Coruña, en que participó al mando del 6º Regimiento de Marina, adhiriéndose al intento que aquella ciudad llevó a cabo el joven Mariscal de Campo Juan Díaz Porlier.

Entre las personas que en aquellos días frecuentaba Espoz y Mina en La Coruña, se encuentran alguno de aquellos que en 1814 habían apoyado el pronunciamiento de Porlier. Entre otros Andrés Rojo del Cañizal, comerciante palentino e importante comerciante coruñés, en cuya finca de campo se había alojado Porlier y donde preparó el pronunciamiento y desde la cual partió a tomar el mando de la Capitanía general aquella noche del mes de septiembre de 1814, al que Espoz había conocido en París, en casa del conde de Toreno y con el que guardaba desde entonces una fraternal amistad.

Otro de los habituales a la tertulia era otro comerciante lugués, acérrimo liberal, Juan Antonio de la Vega, que por el apoyo que prestó a Porlier y por su exacerbado amor a la Constitución se vio también obligado a emprender la huída de España, tras la aplicación del Real Decreto del 4 de mayo de 1814. Perseguido por sus ideas liberales hubo de exilarse en Portugal. En su casa, en ocasión de realizar una visita a la esposa y familia del ausente, conoció Espoz a su hija Juana, de tan sólo quince años de edad.

En La Coruña fue muy bien acogido. En torno a él se fue formando un abigarrado grupo de constitucionalistas locales, a los que no serían ajenos los que fueron agrupándose en las restantes provincias gallegas. La ilusión popular que no había levantado su presencia en Navarra, le estaba siendo devuelta en Galicia con incrementados bríos.

Rojo del Cañizal acudió al domicilio de los de la Vega, con objeto de actuar como padrino en la petición de mano de la hija de aquella casa. Ausente el padre, todo quedó pendiente de las recomendaciones que éste hiciese desde Madrid donde se hallaba. Mientras esperaban, Espoz fue relevado del mando militar en Galicia y obligado a residir en la villa de Sigüenza. Poco después volvió a ser reintegrado a su cargo de Capitán General de Galicia y fue el momento en que aprovechó para contraer matrimonio con Juana de Vega.

Los movimientos intestinos que se observaban por parte de los realistas en Cataluña y Navarra, hicieron que fuera destinado a Cataluña, como Jefe del aquel Ejército de operaciones. En 1822, en plena lucha entre absolutistas y liberales, fue enviado a Cataluña, donde llevó a cabo una campaña que le permitió limpiar la región de partidas realistas en el espacio de seis meses. Arrasó la población de Castelfullit y tomó la población de Seo de Urgel, acciones por las que fue ascendido a Teniente General y condecorado con la Cruz de San Fernando. Espoz se mostró muy cruel en el desarrollo de aquellas operaciones, ya que fue el responsable, entre otras crueldades, de la destrucción de Castellfullit y del asesinato del Obispo de Vich y algunas personas más.

Espoz y Mina fue uno de los pocos generales que hizo frente a Luis Antonio de Borbón, cuando entró en España al frente de los “Cien Mil Hijos de San Luis” para restaurar el poder absoluto de Fernando VII. Las tropas francesas, al mando del mariscal Moncey, sitiaron e hicieron capitular el día 1 de noviembre de 1823, a las plazas de Barcelona, Tarragona y Hostalrich, razón por la que Espoz salió el día 7 a bordo del bergantín “Le Cuirassier”, huyendo a Inglaterra, desembarcando el día 30 en Plymouth.

Considerado un héroe, fue protegido por Lord Wellington y considerado el primero de los represaliados por Fernando VII. A partir de este momento, Espoz no abandonó cualquier oportunidad de aparecer como máximo paladín de los muchos españoles emigrados por Europa. No habrá conspiración, o su intento, en el que no estuviese Mina encabezándola. Desde Londres y en una de sus imprentas, publicó su autobiografía.

Después, en París trató de conseguir ayuda del gobierno liberal de Luis Felipe de Orleáns para restablecer en España la Constitución liberal. El 18 de noviembre de 1830 intentó una penetración en el País Vasco, a través de Bayona, intentando alzar las provincias vasco-navarras contra Fernando VII, no permitiéndoselo alguno de sus antiguos compañeros de las guerrillas y de la División Navarra (como Juanito,  “el de la Rochapea”, y Santos Ladrón), que le obligaron a rebasar la frontera e internarse nuevamente en Francia y pasando nuevamente a Gran Bretaña.

Fallecido Fernando VII en 1833, la Reina Gobernadora María Cristina de Borbón promulgó un decreto de amnistía, y que por el carácter del mismo no le permitió a Espoz el regreso, por lo que no pudo hacerlo hasta el año 1834, con la primera guerra carlista ya iniciada.

El gobierno monárquico de la regente le reconoció su graduación militar, nombrándole virrey de Navarra (1834-1836) y confiándole el mando supremo de la lucha en el Norte contra los carlistas. Fue el único capaz de enfrentarse a Zumalacárregui, aún cuando fue derrotado en las batallas de Larrainzar, Echarri, Ardanaz y Olazagutía. Presentó su dimisión el 13 de abril de 1835.

En octubre de 1835, el gobierno de Mendizábal le nombró Capitán General de Cataluña (1835-1836), donde obtuvo algunos éxitos contra los rebrotes carlistas, algunos de ellos teñidos de verdadera crueldad como cuando mandó fusilar a la madre del militar carlista Ramón Cabrera, hecho que provocó la repulsa general. Tras una breve campaña por Lérida y Tarragona, presentó su dimisión el 1 de abril de 1836.

Espoz y Mina falleció en Barcelona, el 14 de diciembre de 1836. Tenía 55 años, de ellos veintiocho dedicados a la lucha y a la política mientras preparaba su salida voluntaria a Francia.

Su viuda, Juana María de la Vega, Condesa de Espoz y Mina, fue nombrada ayuda personal de la reina Isabel II durante el Trienio de Espartero, y se encargó de mantener vivo el recuerdo de su marido hasta su muerte en 1872.

Trasladó sus restos embalsamados a La Coruña, en cuyo domicilio de la calle Real, mantuvo durante algún tiempo, hasta que le permitieron llevarlo a Pamplona. No obstante su corazón, dentro de un tarro de cristal permaneció en aquel piso coruñés, hasta el fallecimiento de su esposa.

Considerado un enemigo declarado del Cabildo pamplonés, no le fue permitido el enterramiento en aquella Catedral, aunque hubieron de aceptar su depósito en el claustro.



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