Personajes ilustres de nuestra historia: Miguel de Unamuno

19 05 2011

Miguel de Unamuno nació en la calle Ronda del casco viejo de Bilbao, el 29 de septiembre de 1864. Era el tercer hijo y primer varón, tras María Felisa y María Jesusa, del matrimonio habido entre el comerciante Félix de Unamuno Larraza y su sobrina carnal, Salomé Jugo Unamuno. Más tarde nacieron Félix, Susana y María Mercedes. Al acabar sus primeros estudios en el colegio de San Nicolás y a punto de entrar en el instituto, asistió como testigo al asedio de su ciudad durante la Tercera Guerra Carlista, lo que luego reflejó en su primera novela, Paz en la guerra. Buen dibujante, estudió en el taller bilbaíno de Antonio Lecuona, pero, como él mismo confesó, la falta de dominio sobre el color le hizo desistir de una carrera artística.

Estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Madrid, obteniendo la calificación de notable en 1883, a sus veintiún años.

Al año siguiente se doctoró con una tesis sobre la lengua vasca: Crítica del problema sobre el origen y prehistoria de la raza vasca. En ella anticipa su idea sobre el origen de los vascos, idea contraria a la que en los años venideros fue gestando el nacionalismo vasco, recién fundado por los hermanos Arana Goiri, que propugnaba una raza vasca no contaminada por otras razas.

En 1884 comenzó a trabajar en un colegio como profesor de latín y psicología, publicó un artículo titulado «Del elemento alienígena en el idioma vasco» y otro costumbrista, «Guernica», aumentando su colaboración en 1886 con el Noticiero de Bilbao.

En 1888, se presentó a la cátedra de psicología, lógica y ética del Instituto de Bilbao convocadas por la Diputación de Vizcaya, junto con Sabino Arana y el novelista y folclorista Resurrección María de Azkue, adjudicándose la plaza éste último.

Polemizó con Arana, que iniciaba su actividad nacionalista, ya que consideraba a Unamuno como vasco pero «españolista» debido a que Unamuno, que ya había escrito algunas obras en euskera, consideraba que ese idioma estaba próximo a desaparecer y que el bilingüismo no era posible. «El vascuence y el castellano son incompatibles dígase lo que se quiera, y si caben individuos no caben pueblos bilingües. Es éste de la bilingüidad un estado transitorio».

En 1889 preparó otras oposiciones y viajó a Suiza, Italia y Francia, donde se celebraba la Exposición Universal y se inauguró la torre Eiffel.

El 31 de enero de 1891 se casó con Concha Lizárraga, de la que estaba enamorado desde niño. Pasaba los meses invernales dedicado a la preparación de unas oposiciones para una cátedra de Griego en la Universidad de Salamanca, la cual obtuvo. Con motivo de estas oposiciones, entabló amistad con el granadino Ángel Ganivet, amistad que se fue intensificando hasta el suicidio de aquél en 1898.

El 11 de octubre de 1894 ingresó en la Agrupación Socialista de Bilbao y colaboró en el semanario Lucha de clases de esta ciudad, abandonando el partido socialista en 1897 y sufriendo una gran depresión.

Desde los inicios de su estancia en Salamanca, participó activamente en su vida cultural, y se hizo habitual su presencia en la terraza del Café literario Novelty, al lado del ayuntamiento, en la Plaza Mayor salmantina, costumbre que mantuvo hasta 1936. En 1901 fue nombrado Rector de la Universidad de Salamanca, por primera vez, cargo que llegó a ostentar por 3 veces.

En 1914 el ministro de Instrucción Pública lo destituyó del rectorado por razones políticas, convirtiéndose Unamuno en mártir de la oposición liberal. En 1920 fue elegido por sus compañeros decano de la Facultad de Filosofía y Letras. Fue condenado a dieciséis años de prisión por injurias al Rey, pero la sentencia no llegó a cumplirse. En 1921 fue nombrado vicerrector. Sus constantes ataques al rey y al dictador Primo de Rivera hicieron que éste lo destituyera nuevamente y lo desterrara a Fuerteventura en febrero de 1924. El 9 de julio fue indultado, pero él se desterró voluntariamente a Francia; primero a París y, al poco tiempo, a Hendaya, en el País Vasco francés, hasta el año 1930, año en el que cayó el régimen de Primo de Rivera. A su vuelta a Salamanca, entró en la ciudad con un recibimiento apoteósico.

Miguel de Unamuno se presentó candidato a concejal por la conjunción republicano-socialista para las elecciones del 12 de abril de 1931, resultando elegido. Unamuno proclamó el 14 de abril la República en Salamanca. Desde el balcón del ayuntamiento, el filósofo declaró que comenzaba «una nueva era y termina una dinastía que nos ha empobrecido, envilecido y entontecido».

La República le repuso en el cargo de Rector de la Universidad salmantina. Se presentó a las elecciones a Cortes y fue elegido diputado como independiente por la candidatura de la conjunción republicano-socialista en Salamanca.

Sin embargo, el escritor e intelectual, que en 1931 había dicho que él había contribuido más que ningún otro español —con su pluma, con su oposición al rey y al dictador, con su exilio…— al advenimiento de la República, empezó a desencantarse. En 1933 decidió no presentarse a la reelección.

Al año siguiente se jubiló de su actividad docente y fue nombrado Rector vitalicio, a título honorífico, de la Universidad de Salamanca, que creó una cátedra con su nombre. En 1935 fue nombrado ciudadano de honor de la República. Fruto de su desencanto, expresó públicamente sus críticas a la reforma agraria, la política religiosa, la clase política, el gobierno, Azaña.

Al iniciarse la guerra civil, apoyó inicialmente a los rebeldes. Unamuno quiso ver en los militares alzados a un conjunto de regeneracionistas autoritarios dispuestos a encauzar la deriva del país. Cuando el 19 de julio la práctica totalidad del consistorio salmantino fue destituida por las nuevas autoridades y sustituida por personas adictas, Unamuno aceptó el acta de concejal que le ofreció el nuevo alcalde, el comandante Del Valle.

En el verano de 1936 hizo un llamamiento a los intelectuales europeos para que apoyaran a los sublevados, declarando que representaban la defensa de la civilización occidental y de la tradición cristiana. Azaña lo destituyó, pero el gobierno de Burgos le repuso de nuevo en el cargo.

Sin embargo, el entusiasmo por la sublevación pronto se tornó en desengaño, especialmente ante el cariz que tomaba la represión en Salamanca. En sus bolsillos se amontonaban las cartas de mujeres de amigos, conocidos y desconocidos, que le pedían que intercediera por sus maridos encarcelados, torturados y fusilados. A finales de julio, sus amigos salmantinos, Prieto Carrasco, alcalde republicano de Salamanca y José Andrés y Manso, diputado socialista, habían sido asesinados, así como su alumno predilecto y rector de la Universidad de Granada, Salvador Vila Hernández. En la cárcel se hallaban recluidos sus íntimos amigos el doctor Filiberto Villalobos y el periodista José Sánchez Gómez, éste a la espera de ser fusilado. Su también amigo, el pastor de la Iglesia anglicana y masón Atilano Coco, estaba amenazado de muerte y de hecho fue fusilado en diciembre de 1936.

A principios de octubre, Unamuno visitó a Franco en el palacio episcopal para suplicar inútilmente clemencia para sus amigos presos.

Unamuno se arrepintió públicamente de su apoyo a la sublevación durante el acto de apertura del curso académico (que coincidía con la celebración de la Fiesta de la Raza), el 12 de octubre de 1936, en el Paraninfo de la Universidad.

A continuación, con el público asistente encolerizado contra Unamuno y lanzándole todo tipo de insultos, algunos oficiales echaron mano de las pistolas…, pero se libró gracias a la intervención de Carmen Polo de Franco, quien agarrándose a su brazo lo acompañó hasta su domicilio, lo que evitó que el incidente acabase en tragedia. Ese mismo día, la corporación municipal se reunió de forma secreta y expulsó a Unamuno. El 22 de octubre, Franco firmó el decreto de destitución de Unamuno como rector.

Los últimos días de vida (de octubre a diciembre de 1936) los pasó bajo arresto domiciliario en su casa, en un estado, en palabras de Fernando García de Cortázar, de resignada desolación, desesperación y soledad.

Murió en su domicilio de Salamanca el 31 de diciembre de 1936, de forma repentina, en el transcurso de la tertulia vespertina que mantenía regularmente con un par de amigos. A pesar de su virtual reclusión, en su funeral fue exaltado como un héroe falangista.

Para más información sobre la vida y obra de Miguel de Unamuno, podéis ver el programa que le dedicó “La aventura del pensamiento”, presentado por el también filósofo Fernando Savater.

1. Miguel de Unamuno (1 de 2):

2. Miguel de Unamuno (2 de 2):



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