Personajes ilustres de nuestra historia: Francisco Cambó

18 05 2011

Francisco Cambó nació el 2 de septiembre de 1878 en Vergés (Gerona). Su nombre completo era Francisco de Asís Cambó y Batllé. Después de cursar el Bachillerato en Gerona, estudió Filosofía y Derecho en la Universidad de Barcelona, obteniendo una y otra licenciatura, respectivamente, en 1895 y 1897. Ejerció la abogacía, pero pronto se centró en el ámbito político, al efecto pasando del denominado Centre Nacional Catalá, a la Lliga Regionalista, en la que ostentó cargos directivos. Fue Concejal del Ayuntamiento de Barcelona en 1901 y comenzó a adentrarse en la vida política a medida que avanzaba el presente siglo.

Millonario y estadista vocacional, Cambó financió también tempranamente giras propagandísticas en las que buscó simpatías a la causa catalanista por toda España. Incluido en el sector más conservador y posibilista de la Lliga, junto a Verdaguer y Prat de la Riba, en abril de 1904 propició la escisión dentro del partido del sector más liberal y nacionalista. En efecto: un discurso ante Alfonso XIII, de visita en Barcelona, en el que Cambó defendió la solución al «problema catalán» «dentro de España» y, por supuesto, «dentro de la monarquía», desató las iras de sus rivales de partido. A partir de ese momento, se convirtió en el líder indiscutible, con Prat de la Riba, del catalanismo conservador o estatalista.

En 1906, y al lado de casi todos los sectores políticos y sociales catalanes, Cambó impulsó el movimiento «Solidaridad Catalana», como respuesta a la ley de jurisdicciones aprobada por el gobierno central. Convertido en plataforma electoral, el movimiento se afianzó espectacularmente y obtuvo, en los comicios de 1907, 41 diputados en Cortes. Con ese potencial político, Cambó intentó imponer sus tesis defendiendo el proyecto conservador en armonía con la política española. Fuertemente criticado desde los sectores más nacionalistas -fue objeto de un atentado durante la campaña electoral de 1907-, el proyecto acabó fracasando en las urnas en 1908.

Desde su escaño de diputado por Barcelona, Cambó siguió abogando por el intervencionismo catalán en la política del gobierno de Madrid, siendo considerado aquí como un independentista camuflado y allí como un traidor. Francisco Cambó, como la figura más influyente en el mundo financiero y de los negocios que era, estaba convencido de que la regeneración sólo podría venir desde la derecha, lo que excluía posibles escrúpulos nacionalistas en los acuerdos con Madrid.

Paralelamente, consideró que había que dedicar una especial atención a las reivindicaciones catalanas, si bien dejando intacta su estructura de clases. Entre las decisiones concretas que ocasionaron la ruptura en el bloque catalán, figuran el apoyo de Cambó al reformismo de Antonio Maura en el proyecto de ley de las administraciones locales de este último.

Entre 1916 y 1917, Cambó buscó entre los sectores de la burguesía vasca, asturiana, gallega y valenciana alianzas en su proyecto de reformar el sistema político español, fracasando sin embargo en sus intentos. En el parlamento, atacó la política financiera del liberal Santiago Alba, que en 1916 creó el impuesto sobre beneficios extraordinarios de guerra. Para el líder catalán, los políticos dinásticos no sacaban todo el partido posible a la situación de neutralidad que España mantenía en el conflicto armado europeo. Los beneficios de la alta burguesía industrial preocupaban a Cambó en primerísimo término, por lo que juzgaba pésima la labor del gobierno en esta favorable coyuntura comercial.

En julio de 1917, como protesta por la prolongada clausura de las Cortes, se sumó a la Asamblea de Parlamentarios que esperaba alcanzar la autonomía para Cataluña. A pesar de utilizar la amenaza revolucionaria para sus propios fines, Cambó se retiró del movimiento asambleísta en cuanto éste apareció mezclado con la huelga general de agosto de ese mismo año.

Cuando la asamblea se reunió en Madrid el 30 de octubre, Cambó ya estaba fuera del movimiento. A cambio de dos ministros catalanes en el nuevo gabinete que pactó con el rey, Cambó abandonó las iniciales exigencias de convocar a unas Cortes constituyentes. Un «gobierno de concentración» fue la fórmula que esgrimió para salir de la crisis abierta con la asamblea de parlamentarios (liberales y conservadores lo integrarían). En noviembre de 1917 se formó el gabinete propuesto bajo la presidencia de García Prieto.

Francisco Cambó obtuvo las carteras de Fomento en 1918 y Finanzas en 1921-22. Desde esos ministerios, se aplicó a arbitrar soluciones que beneficiaron fundamentalmente al capital interno enriquecido con la guerra. En 1918 fracasó su ambicioso programa de intervención estatal (en el que aparentemente abandonaba su laissez faire) que pretendía, según sus palabras, armonizar la empresa pública y la privada, a causa de la pobreza del Estado y de las disputas partidistas. En él se incluían, entre otras decisiones, la concesión de créditos agrícolas, ambiciosos proyectos hidroeléctricos, una nueva ley de la minería y un impulso vigoroso al sistema ferroviario (todo ello bajo administración privada, bajo el manto del Estado).

Cambó desplegó una actitud radicalmente pragmática, colaborando abiertamente con los partidos dinásticos al ocupar puestos de gobierno para reivindicar los derechos catalanes cuando se hallaba sin cartera. El 15 de diciembre de 1918, estando fuera del gobierno y dentro de una intensa campaña en pro del estatuto de Cataluña, acuñó su consigna «¿República? ¿Monarquía? ¡Cataluña!». Mostró así claramente, y una vez más, su fuerte instinto práctico, llamado también en su momento «accidentalismo».

En 1922, a su paso por el ministerio de Finanzas, Cambó sacó adelante la ley de ordenación bancaria y un arancel proteccionista.

En los años 22 y 23, y alineado firmemente con la patronal catalana, apoyó la política represiva del general Martínez Anido en Barcelona. La firme imposición del orden público, amenazado por la creciente actividad del movimiento obrero, debía preceder a cualquier reivindicación nacionalista. La Liga regionalista sufrió en estas fechas la escisión de sus juventudes, que vieron en Cambó una traba para las aspiraciones catalanistas.

El golpe de Estado de Primo de Rivera hizo que se apartara de la política activa, dedicándose a sus negocios y a la publicación de varias obras, sobre todo de reflexión política: Visiones de Oriente, En torno al fascismo italiano o Las dictaduras. En esta última consideraba necesario el golpe militar primorriverista, dado el clima de conflictividad social imperante. Pensaba, no obstante, que sólo el anuncio del dictador proclamando la restitución de las libertades constitucionales haría volver los capitales al país.

En 1930 escribió “Per la concordia”, en la que pretendió conciliar la monarquía y la autonomía de Cataluña. Viendo el régimen en grave peligro, propuso poco después la creación de un partido conservador nacional de centro. Fundó asimismo, en marzo de 1931, el Centro Constitucional, confiando atajar la marea republicana.

Tras la proclamación de la Segunda República Española, Cambó se marchó a Francia. Regresó sin embargo poco después, al comprobar que la revolución social no volvía del revés el país. Además, en febrero de 1933, cambió de nombre su partido, que pasó a llamarse Liga Catalana, y en las elecciones de noviembre fue elegido diputado.

La represión que siguió a la sublevación de 1934 en Asturias contó con Cambó como uno de sus más encendidos defensores, llegando a pedir en el Parlamento (5 de noviembre) la pena de muerte para los delitos políticos y sociales relacionados con aquellos acontecimientos.

Para Cambó, tal medida representaba el único remedio eficaz para prevenir posibles rupturas del orden social. Apoyó económicamente a los militares alzados en 1936, si bien al producirse la rebelión Cambó se encontraba fuera del país.

Francisco Cambó falleció en 1947 en Buenos Aires. Dejó un libro de memorias escrito entre 1944 y el año de su muerte, que fue publicado póstumamente en 1981.

Cambó también hizo de mecenas de numerosas actividades artísticas y culturales. En pocos años formó una valiosa colección de pintura antigua, especializada en primitivos italianos y Renacimiento. Algunas de las piezas más relevantes las donó al Museo del Prado, como tres tablas de Sandro Botticelli, si bien el grueso de la colección permaneció en Barcelona y se exhibe en el MNAC. Destacan pinturas de Rubens, Fragonard, Goya, Sebastiano del Piombo y Giovanni Domenico Tiepolo.

Para más información sobre Francisco Cambó y el nacimiento de la Lliga Catalana en Barcelona en la primera década del siglo XX, podéis descargaros la película de Antoni Ribas, La ciudad quemada (La ciutat cremada), estrenada en el año 1976.  Haced click sobre el enlace.

La ciudad quemada (1976)


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