Personajes ilustres de nuestra historia: Antonio Maura

16 05 2011

Antonio Maura y Montaner nació el día 2 de mayo de 1853 en Palma de Mallorca en el seno de una familia acomodada. En 1868 emigró a Madrid en plena efervescencia revolucionaria de La Gloriosa. Muy poco antes se había dispuesto un nuevo plan de estudios que permitía acabar la carrera de Leyes en tres años en la Universidad Central de Madrid; y aunque al joven Antonio hubiera deseado estudiar ciencias, la perspectiva de concluir una carrera universitaria en tan poco tiempo era una tentación que no podía declinar.

Antonio Maura

Los alumnos universitarios solían burlarse de Antonio, que no acaba de hablar correctamente castellano -su lengua materna era el catalán-, aunque se esforzaba leyendo a Miguel de Cervantes o a Baltasar Gracián.

No obstante, dos jóvenes compañeros se apiadaron de él y así comenzó una amistad que no tardaría en dar sus frutos. Los muchachos eran hermanos menores del abogado Germán Gamazo, un reputado hombre de leyes que llegaría a ser diputado y ministro más adelante. Cuando Antonio acabó la carrera, entró a trabajar en el bufete del prestigioso abogado. Poco tiempo después se casaba con Constancia Gamazo, hermana menor del abogado (1878), teniendo con ella cinco hijos (Gabriel, Antonio, Honorio, Miguel y José Antonio) y cinco hijas (Margarita, Estefanía, Constancia, María y Susana)

En 1881, a la edad de 26 años, Antonio Maura fue elegido diputado en las Cortes por Palma de Mallorca, su ciudad natal. Su cuñado, Germán Gamazo, lo había introducido en los asuntos de la política y a partir de ese momento, Maura pasó a engrosar las listas liberales, aunque sin tener una opinión formada acerca de las posibilidades y características de las distintas tendencias políticas.

Para entonces, Maura ya era un prestigioso abogado y las dificultades de expresión eran sólo un mal recuerdo. Formaba parte habitual de las luchas políticas y empezó a mostrar cuáles eran sus exigencias ideológicas: participación ciudadana a través del sufragio, reforma de la administración provincial y municipal, legislación para prevenir la corrupción política y presencia internacional activa.

Maura se veía obligado, con frecuencia, a seguir a Gamazo en los sucesivos encuentros y desencuentros que éste mantenía con Sagasta, constituido ya en la década de los ochenta como indiscutible jefe del liberalismo español. En las cortes de 1886, el abogado mallorquín ocupó la Vicepresidencia del Congreso y allí pronunció uno de sus discursos más recordados, en el que defendió a ultranza la instrucción parlamentaria. Salvados los problemas entre Sagasta y los disidentes, el líder liberal encargó a Gamazo y a su cuñado dos carteras ministeriales. A Maura le correspondió la de Ultramar (1892).

La cuestión más delicada era, naturalmente, Cuba, para la que Maura dispuso una amplia autonomía, presentada en forma de proyecto de ley. No obstante, las críticas violentas no se hicieron esperar y el proyecto no llegó a aprobarse. Maura dimitió, y su cuñado, Gamazo, abandonó también el Ministerio de Hacienda.

Cuando se produjo la insurrección definitiva en Cuba, los políticos españoles que residían en Cuba, creyeron que el regreso de Maura contribuiría a calmar los ánimos, tal vez proponiendo nuevas leyes que aplacaran las violencias independentistas. El abogado mallorquín acepto la cartera de Gracia y Justicia (1895), pero el gobierno de Sagasta cayó en marzo y no pudo concluirse nada.

Desde la oposición, durante el último Gobierno conservador de Cánovas, Maura siguió manteniendo su opinión de reformar el modo de hacer la política. También se mantenía la disidencia respecto a Sagasta, y la tremenda crisis del 98 aumentó el abismo ya existente entre el viejo hacendista revolucionario y sus compañeros liberales.

Maura encabezaba la facción llamada Gamacista, tras la muerte de su cuñado, en 1901 y fue entonces cuando pronunció el famoso discurso de la revolución desde arriba. El partido conservador lo lideraba por entonces Francisco Silvela, que se había hecho con el grupo tras el asesinato de Cánovas. Fue él quien organizó el Gabinente de Regeneración Nacional, imprescindible tras los sucesos del 98 y ante el deplorable estado democrático nacido de la Restauración.

Maura concebía el mismo objetivo que Silvela y no dejó de mostrar su acuerdo con el presidente, en todo lo referente a la necesidad de levantar el país de su postración. En 1902 Maura llega a un acuerdo con Silvela y los antiguos liberales Gamacistas se pasan en bloque al partido conservador.

El siglo XX ya tenía dos años, pero las prácticas políticas eran perfectamente decimonónicas. Maura se hizo cargo de la cartera de Gobernación, desde donde creó el Instituto de Reformas Sociales y el Instituto Nacional de Previsión. Además, desde ese puesto controló las elecciones en 1903, de las que todos parecen estar de acuerdo en afirmar que habían sido, seguramente, los comicios más limpios de la Historia de España. Los gabinentes tampoco duraban mucho más, y Silvela se retiró en octubre de aquel año, asumiendo la Presidencia el conservador Raimundo Fernández Villaverde, cuya confianza en España era sustancialmente menor que la que mantenía Maura. Cuando Fernández Villaverde cayó en diciembre de aquel mismo año, todos dieron por sentado que el nuevo líder conservador era Antonio Maura.

El gobierno de Antonio Maura duró un año (1904). El gabinete estaba compuesto por políticos de confianza y amigos personales y por especialistas en distintas áreas. El objetivo primordial era la erradicación del caciquismo, perseguido con una serie de reformas de la administración local y provincial, sin olvidar los logros internacionales que consiguió su gobierno, como el reconocimiento de los derechos españoles sobre Marruecos por parte de Francia y el Reino Unido y el primer atentado contra su persona, que sufrió en Barcelona.

No obstante, el primer gobierno de Maura cayó en diciembre de 1904 como consecuencia de la negativa de Alfonso XIII a firmar el nombramiento del general Loño para el cargo de Jefe del Estado Mayor Central del Ejército, ya que el rey prefería al general Polavieja, apodado “El Cristiano”, entonces Jefe del Cuarto Militar del rey, muy allegado a la madre de este y protegido por ella. Tras semanas de tensión por este asunto, Maura dimitió en solidaridad con su ministro de la Guerra Arsenio Linares, que había propuesto al General Loño. Maura fue sustituido por el general Azcárraga, un antiguo político de la época canovista.

Tras una etapa de oposición, a principio de 1907 forma de nuevo un gabinete que merecerá el título de Gobierno Largo -dos escasos años- y que será muy fecundo en programas legislativos. Vuelve al Congreso con su ley de reforma local, y añade leyes electorales, de comunicaciones, de huelga, de repoblación, de tribunales, de policía, sanidad, beneficiencia, etcétera.

No obstante, el asunto más peliagudo que tenía que tratar era la persistencia del conflicto bélico en el norte de Marruecos, que tras el Desastre del Barranco del Lobo y la obligación de la incorporación a filas de los reservistas, provocaron los disturbios anticlericales que estallaron en Barcelona durante la Semana Trágica (España), y que provocaron que Maura se tuviese que responsabilizar de la violentísima represión para controlarlos.

Ello trajo como consecuencia una amplia repulsa hacia Maura en toda España y en Europa, por lo que el rey lo destituyó, tras ello José Canalejas, el nuevo líder liberal, y Segismundo Moret formaron una alianza para gobernar. Este hecho fue determinante y Maura, que en 1910 sufre un segundo atentado en Barcelona, ya no volverá al Gobierno sino como símbolo del conservadurismo democrático, en gobiernos de unidad nacional.

En 1912 Maura renunció a su acta de diputado y anunció que se retiraba de la política activa. Sus seguidores intentaron recuperarlo, pero Alfonso XIII, en el turno conservador, nombró a Eduardo Dato, y Maura prefirió abandonar Madrid para no estorbar la acción moderada.

Sin embargo, aún tuvo tiempo para implicarse en la discusión política sobre la guerra del 14, abogando por la neutralidad, y se le reclamó para los gobiernos de concentración nacional (1918 y 1919) y el desastre de Annual (1921), pero la energía del regeneracionismo maurista ya se había agotado.

Finalmente, protestó ante Alfonso XIII por la implantación de la Dictadura del general Primo de Rivera, abandonando definitivamente la política activa. Sin embargo, su hijo Miguel escribió en su libro Así cayó Alfonso XIII (1962), que el pensamiento político que él siguió durante la Dictadura y tras ésta -fue uno de los más destacados miembros del republicanismo conservador durante la Segunda República- fue el que su padre hubiera seguido, si hubiera sobrevivido al régimen primorriverista, según afirmaba todos sus hijos, los que, salvo Miguel, eran monárquicos.

Desde entonces se dedicó en sus últimos años de vida a redactar sus memorias y al placer de la pintura, muriendo en Torrelodones el 13 de diciembre de 1925.

Para más información sobre la Semana Trágica de 1909, que provocó la caída de Antonio Maura, podéis ver este video:


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