Personajes ilustres de nuestra historia: Manuel Azaña

15 05 2011

Manuel Azaña nació el 10 de enero de 1880 en el seno de una familia de sólida posición económica y con presencia en la política local y la vida intelectual de Alcalá. Su padre era Esteban Azaña, propietario, y su madre Josefina Díaz-Gallo, ama de casa.

Manuel Azaña

El padre, de familia de notarios y secretarios de ayuntamiento, se dedicaba también a la política y llegó a ser alcalde del pueblo; escribió y publicó en 1882 y 1883 una Historia de Alcalá de Henares en dos volúmenes. En cuanto a la familia de su madre, se dedicaba al comercio; procedía del pueblo de Escalada (Burgos). Su nombre, Manuel, era el de su abuelo materno Manuel Díaz-Gallo.

Manuel fue el segundo de cuatro hermanos (Gregorio, Josefa y Carlos, eran los otros). Además de sus padres, y sobre todo tras la prematura muerte de estos, desempeñaron un papel importante de protectores durante su infancia su tío materno Félix Díaz-Gallo, con cierta influencia sobre Manuel en lo intelectual, y su abuela paterna.

Estudió en el Colegio Complutense de San Justo y Pastor hasta el bachillerato, que comenzaría en el curso 1888-1889, haciendo los exámenes en el Instituto Cardenal Cisneros, de Madrid. Era un alumno de notas excelentes, predominando entre sus calificaciones el sobresaliente, aunque finalmente culminaría sus estudios de bachiller con la calificación de aprobado.

El 24 de julio de 1889 falleció su madre; unos meses después, el 10 de enero de 1890, su padre. Manuel y sus hermanos se fueron a vivir a casa de su abuela paterna, doña Concepción. Allí, con una constante sensación de soledad, realizaría sus primeras lecturas, gracias a los distintos libros acumulados por su abuelo Gregorio.

Siempre, cada vez que evoque su infancia, la misma metáfora: Manuel Azaña se recuerda en los días de su niñez y adolescencia, sobre todo, como un devorador de libros.

Por decisión de su abuela, Manuel realizó sus estudios superiores de Derecho interno en el recién creado Real Colegio de Estudios Superiores María Cristina de El Escorial. Dado que el colegio carecía de la facultad de expedir títulos de licenciatura, los alumnos debían examinarse por libre en la Universidad de Zaragoza.

Tras tres cursos (el preparatorio y los dos primeros de Derecho), durante el curso 1896-1897 sufrió una crisis religiosa que lo llevó a abandonar el colegio, continuando sus estudios en casa.

El 3 de julio de 1898, en la Universidad de Zaragoza, pasó el examen de grado de Licenciatura en Derecho con la calificación de sobresaliente.

En octubre de 1898 se trasladó a Madrid para preparar el curso de doctorado en la Universidad Central. Al tiempo, y gracias a las gestiones de su tío, entró a trabajar como pasante en el bufete del abogado Luis Díaz Cobeña, donde coincidió con Niceto Alcalá Zamora.

En febrero de 1900 solicitó su admisión en los ejercicios de grado y presentó su tesis, titulada La responsabilidad de las multitudes, el 3 de abril, obteniendo el título de Doctor en Derecho con la calificación de sobresaliente.

Desde octubre de 1899 formaba parte como socio de la Academia de Jurisprudencia, donde participaba activamente en diversos debates. En enero de 1902 leyó su memoria sobre La libertad de asociación, en la que abordaba la necesidad de que las órdenes y congregaciones religiosas se regulasen por el Estado, y apelaba al respeto a la libertad de enseñanza para las asociaciones de católicos formadas para ese fin.

En otras intervenciones, a propósito de memorias expuestas por distintos socios, Azaña expresó ideas como que lo decisivo para elegir un sistema de gobierno era el grado de aceptación de este, fuese monarquía o república, y la existencia de principios como el respeto a la igualdad entre los ciudadanos, el sufragio universal, la soberanía nacional y las instituciones representativas. En otro caso, apeló a la necesidad de que la ley estableciese una reforma que introdujese una verdadera libertad de mercado, con el reconocimiento de la libertad de asociación del proletariado.

Hacia finales de 1900, Azaña ingresó también en el Ateneo de Madrid, donde expresó frecuentemente su actitud crítica tanto hacia la generación del 98 como hacia el regeneracionismo.

Por otro lado, desde febrero de 1901 empezó a colaborar, con textos literarios y de crítica teatral, en la revista Gente Vieja, firmando con el seudónimo de Salvador Rodrigo, que ya había utilizado en su adolescencia.

Sin embargo, de imprevisto, en 1903 regresó a Alcalá para hacerse cargo con su hermano Gregorio de los negocios familiares: una finca, una fábrica de ladrillos y tejas, y la Central Eléctrica Complutense. Simultáneamente, retomó su actividad literaria concentrándose en la redacción de una novela autobiográfica, La vocación de Jerónimo Garcés. También, volvió a su labor periodística a través de una revista local, La Avispa, fundada por su hermano Gregorio y unos amigos.

Pero el fracaso de los negocios familiares lo llevó a regresar a Madrid y solicitar tomar parte en 1909 en los ejercicios de la oposición a Auxiliares terceros de la Dirección General de los Registros y del Notariado. En junio de 1910 apareció como número uno en la lista de resultados, siendo propuesto para la plaza correspondiente. Tras diversos ascensos naturales dentro del escalafón, en 1929 llegó a ser nombrado Oficial jefe de Sección de segunda clase del Cuerpo Técnico de Letrados del Ministerio de Gracia y Justicia, con un sueldo anual de 11000 pesetas.

Manuel Azaña completó su formación con una beca de la Junta para Ampliación de Estudios en París en 1911-12. Su actividad intelectual le llevó a la secretaría del Ateneo de Madrid, puesto que ocupó entre 1913 y 1920; su interés por los asuntos militares se inició al ser comisionado por el Ateneo para visitar los frentes de la Primera Guerra Mundial en Francia e Italia (1916).

En 1913 ingresó en el Partido Reformista de Melquiades Álvarez y participó con Ortega y Gasset en la fundación de la Liga de Educación Política; en 1918 fundó la Unión Democrática Española; pero fracasó en sucesivos intentos de ser elegido diputado en las Cortes de la Restauración (1918 y 1923). Se apartó temporalmente de la política para dedicarse al periodismo, primero como corresponsal en París (1919-20), luego al frente de La Pluma (1920-23) y finalmente como director de la revista España.

Bajo la dictadura Primo de Rivera abandonó el Partido Reformista y se declaró partidario de la República, fundando Acción Republicana (1925); al mismo tiempo, crecía su prestigio intelectual, con la publicación de obras como El Jardín de Los Frailes o Ensayos sobre Valera. En 1930 accedió a la presidencia del Ateneo y, ya como figura de alcance nacional, participó en el Pacto de San Sebastián para derrocar a la monarquía. En cuanto a su vida personal, el 27 de febrero de 1929 se casó con Dolores, la hermana de su más íntimo amigo, Cipriano Rivas Cherif, 22 años más joven que él, en la iglesia de los Jerónimos de Madrid.

Al proclamarse la República española (14 de abril de 1931), Azaña se integró en el gobierno provisional como ministro de la Guerra. Participó activamente en las Cortes constituyentes. Y asumió la Presidencia del Consejo de Ministros cuando las discrepancias sobre las relaciones Iglesia-Estado llevaron a Alcalá Zamora a abandonar el gabinete.

Como jefe de un gobierno formado por socialistas y republicanos de izquierdas (1931-33), Azaña impulsó un amplio programa de reformas: secularizó la vida pública (legalizando el matrimonio civil y el divorcio), reformó el ejército, puso en marcha una reforma agraria y concedió la autonomía a Cataluña. Todo ello le enfrentó con las fuerzas conservadoras, pero no fue suficiente para asegurarle el apoyo del movimiento obrero, en un momento en que la depresión económica mundial agudizaba las dificultades; desprestigiado por la represión armada de un levantamiento campesino en Casas Viejas (Cádiz), hubo de dimitir y perdió las elecciones de 1933, que dieron el gobierno a la derecha.

En 1934 fusionó su partido con los radicales de Marcelino Domingo, formando Izquierda Republicana (1934), partido con el cual realizó una efectiva campaña de oposición al gobierno. La ascensión de Gil Robles al poder, interpretada como el triunfo del fascismo en España, le llevó a participar primero en la fracasada Revolución de Octubre de 1934 (por lo que pasó algún tiempo en prisión) y a integrarse después en un Frente Popular con todas las fuerzas de izquierdas.

El triunfo de dicha formación en las elecciones de febrero de 1936 devolvió a Azaña a la jefatura del gobierno y le promovió después a la Presidencia de la República (mayo). Enseguida retomó el programa reformista del primer bienio republicano, pero apenas tuvo tiempo de desarrollarlo, por el golpe de Estado que, a partir de julio, dio paso a la Guerra Civil (1936-39).

Azaña se fue quedando progresivamente aislado, sin capacidad para mantener la unidad y el orden en el bando republicano, ante el radicalismo y los conflictos internos de las organizaciones obreras. Refugiado en su papel de intelectual, se permitió reflexionar sobre la guerra en La velada en Benicarló (1937); y defendió la conveniencia de acelerar un final negociado de la contienda, ante la perspectiva inexorable de la derrota (lo cual le enfrentó con Negrín). Perdida la guerra se exilió en Francia y renunció a la Presidencia (1939).

Aislado, pues, de lo político, Azaña intentó centrarse en su labor intelectual y decidió publicar una versión retocada de los diarios de 1937 con el título de Memorias políticas y de guerra. Los cuadernos de La Pobleta y su obra dialogada La velada en Benicarló. Solo esta segunda llegó a publicarse en agosto de 1939 en Buenos Aires.

También empezó una serie de artículos sobre la guerra en la revista The World Review, pero que no tendría continuidad porque el inicio de la Segunda Guerra Mundial desplazó el interés periodístico hacia ésta. En su primer artículo, Azaña insistió en dos de sus ideas más frecuentes en lo relativo a la guerra: en responsabilizar a la política franco-británica del descalabro de la República, responsables también, por omisión, de la intromisión de la Unión Soviética en España; y en la necesidad que había de resistir no para vencer, como quería Negrín, sino para obligar al enemigo a terminar negociando. Esta serie de 11 artículos fue publicada por la Editorial Crítica por primera vez en España en una edición aparecida en el año 1986, con prólogo de Gabriel Jackson: Causas de la guerra de España.

Entre abril y diciembre de 1939, la presión del nuevo embajador de España en Francia, José Félix de Lequerica, terminó por causar sus efectos, pero más en España que en Francia. Allí se decidió aplicar a Azaña la ley de 9 de febrero de responsabilidades políticas, para lo cual el juez instructor hubo de recabar diversos informes de varias partes. Es en estos informes donde se expone por primera vez de una forma nítida la visión que de Manuel Azaña quiso popularizar el nuevo régimen: enemigo del ejército, la religión y la patria, pervertido sexual, masón y marxista. La consecuencia del auto fue el embargo de todos sus bienes (incautados por Falange Española, previamente) y una multa de cien millones de pesetas.

En julio de 1940 Azaña sufrió un amago de ataque al corazón del que se recuperó poco después. El día 16 de septiembre sufrió de nuevo un grave infarto cerebral que le afectó al habla y le provocó parálisis facial. Un mes después, parecía sin embargo estar bastante recuperado. A finales de octubre sufrió una nueva recaída de la que ya no se podría recuperar. El 3 de noviembre por la noche falleció Azaña en presencia de su esposa, Dolores Rivas de Cherif, del general Hernández Saravia, del obispo Pierre-Marie Théas y de la monja Ignace.

El entierro tuvo lugar el día 5. Sus restos fueron depositados en el cementerio de Montauban. El mariscal Pétain prohibió que se le enterrara con honores de Jefe de Estado: sólo accedió a que fuera cubierto su féretro con la bandera española, a condición de que ésta fuera la bicolor rojigualda tradicional y de ninguna manera la bandera republicana tricolor. El embajador de México decidió entonces que fuera enterrado cubierto con la bandera mexicana.

Para más información sobre la vida y obra de Manuel Azaña, podéis ver este documental en el que Dolores Rivas Cherif, esposa de Azaña, nos cuenta sus recuerdos sobre su marido. Haced click sobre el enlace:

Documental sobre Manuel Azaña

Un análisis mucho más crítico de la figura de Manuel Azaña es el realizado por el barcelonés Juan Carlos Girauta, autor de un libro sobre Azaña.


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