Personajes ilustres de nuestra historia: Fernando Álvarez de Toledo, III duque de Alba

12 05 2011

Fernando Álvarez de Toledo nació en Piedrahita, provincia de Ávila, el 29 de octubre de 1507. Era hijo de García Álvarez de Toledo y Zúñiga, heredero de Fadrique Álvarez de Toledo, II duque de Alba, y de Beatriz Pimentel, hija de Rodrigo Alfonso Pimentel y María Pacheco, Condes de Benavente.

Duque de Alba

Siguiendo la línea dinástica le hubiera correspondido a García ser el tercer duque, pero éste murió en una campaña en África en 1510, por lo que al fallecer Fadrique en 1531 el título ducal pasó directamente a su nieto Fernando como varón primogénito de García.

Fernando estuvo siempre al servicio de los monarcas españoles, bien fuese de Carlos I en principio o bien de Felipe II después. Su dedicación a las armas fue constante desde muy joven, hasta el punto de que con tan sólo 6 años acompañó a su abuelo a Navarra con el ejército que la tomó. En 1524, cuando contaba 17 años, se unió sin el permiso familiar a las tropas del Condestable de Castilla Íñigo de Velasco que sitiaron y rindieron la plaza de Fuenterrabía, ocupada por franceses y navarros; por su intervención en la exitosa contienda fue nombrado gobernador de Fuenterrabía.

El Duque se casó en 1527 con su prima María Enríquez de Toledo y Guzmán (?-1583), hija de Diego Enríquez de Guzmán, III conde de Alba de Liste, con la que tuvo cuatro hijos y una hija.

Siendo ya duque de Alba acudió en 1532 a la llamada del emperador Carlos V y marchó a Viena, acompañado de su amigo Garcilaso de la Vega, para defenderla del asedio otomano. No fue preciso entrar en combate, pues visto el formidable ejército imperial de más de 200.000 hombres, los turcos levantaron el asedio. Donde sí tuvo ocasión de luchar fue en Túnez: a primeros de junio de 1535 embarcó en Cagliari con el contingente militar que mandaba el marqués del Vasto; el 14 de julio cayó la fortaleza de La Goleta y una semana después la propia ciudad de Túnez defendida por Barbarroja.

En 1547 el emperador tuvo que enfrentarse a las fuerzas protestantes de la Liga de Esmalcalda; el duque de Alba estaba al mando de los tercios españoles que intervinieron en la batalla de Mühlberg, a orillas del río Elba, con victoria de las armas imperiales. La participación del Duque, al mando de los Tercios fue fundamental y terminó por decidir la batalla.

El primer servicio personal que prestó a Felipe II fue acompañarlo a Inglaterra con motivo de su matrimonio con María Tudor; fue uno de los 15 grandes de España que asistió a la ceremonia en la abadía de Winchester el día 25 de julio de 1554.

Al año siguiente se avivó en Italia el conflicto entre Francia y España; el duque de Alba fue enviado allí como capitán general, gobernador de Milán (1555) y virrey de Nápoles (1556). El recién nombrado papa Pablo IV, enemigo visceral de los Habsburgo, incitó a Enrique II de Francia a expulsar a los españoles de Italia, para lo cual unió sus propias tropas a las del francés mientras que en julio de 1556 declaró a Felipe II desposeído de su título de rey de Nápoles.

El duque no esperó más y se dirigió a Roma al frente de 12.000 soldados; ante tal amenaza el papa pidió una tregua parlamentada, tiempo que aprovechó para que un ejército francés mandado por Francisco de Guisa entrase por el norte de Italia y marchase hacia Nápoles. Pronto fue llamado el duque de Guisa de retorno a Francia pues se acababa de producir el descalabro de San Quintín y se le necesitaba allí. Las tropas papales fueron arrolladas por las españolas y el duque de Alba entró victorioso en Roma en septiembre de 1557. El papa solicitó la paz y la obtuvo.

En 1566 hubo revueltas y desórdenes en los Países Bajos causadas por los calvinistas. Para atajarlas envió Felipe II al duque de Alba al mando de un poderoso ejército que llegó a Bruselas el 22 de agosto de 1567. Pocos días después, el 5 de septiembre, establecía el «Tribunal de los Tumultos» (popularmente conocido como «Tribunal de la sangre») para juzgar a los responsables de los disturbios del año anterior. El Tribunal actuó con extraordinario rigor y fueron muchos los ajusticiados entre los que se contó el propio conde de Egmont, general católico al servicio de Felipe II que estuvo al frente de la caballería que venció a los franceses en la batalla de San Quintín.

Por otro lado, el mantenimiento de las tropas llevadas a Flandes acarreaba cuantiosos gastos económicos que forzaron al duque a imponer nuevos tributos a la población. Algunas ciudades, entre ellas Utrecht, se negaron al pago del «diezmo» y se declararon en rebeldía. Este estado de cosas propició la intervención desde el exterior del insumiso Guillermo Nassau, príncipe de Orange, que contó con la ayuda de los hugonotes franceses. Las acciones militares fueron constantes y la situación política no mejoró en modo alguno. Ante este fracaso, Felipe II le relevó de su misión y dispuso su retorno a España en 1573.

Su hijo y heredero Fadrique había dado promesas de matrimonio a Magdalena de Guzmán, dama de la reina doña Ana, pero no las cumplió, lo que le costó el arresto y encarcelamiento en el Castillo de La Mota, en Medina, en 1566.

Al año siguiente fue puesto en libertad para que pudiera marchar con su padre a Flandes prestando servicio en el ejército. En 1578 Felipe II ordenó reabrir el proceso contra don Fadrique, en el transcurso del cual se descubrió que a fin de evitar su boda con la reclamante, Fadrique se había casado en secreto por poderes con María de Toledo (hija de García Álvarez de Toledo y Osorio), valiéndose de una autorización emitida para tal fin por su padre el duque de Alba, contraviniendo las disposiciones del rey. Fadrique quedó confinado en su prisión, y el duque fue desterrado de la corte, de donde partió al exilio a Uceda con la prohibición de salir de la villa. Sus secretarios Fernando de Albornoz y Esteban de Ibarra fueron igualmente encarcelados.

Fue rehabilitado en 1580 cuando Felipe II, que optaba al trono de Portugal vacante tras la muerte del rey Don Sebastián, sobrino suyo, precisó otra vez de los servicios del duque para neutralizar militarmente las pretensiones monárquicas del prior de Crato, Don Antonio. Al frente de un ejército reunido a tal efecto en Badajoz, del que fue nombrado capitán general, en junio de ese mismo año cruzó la frontera hispano-portuguesa y avanzó hacia Lisboa, donde a finales de agosto venció al ejército portugués del general Diego de Meneses en la batalla de Alcántara y entró triunfante en la ciudad, despejando el camino para la llegada de Felipe II. Obtuvo en recompensa el título de Condestable de Portugal.

Murió en Lisboa el 11 de diciembre de 1582. Sus restos fueron trasladados a Alba de Tormes donde fue enterrado en el convento de San Leonardo. En 1619 sus restos fueron trasladados al convento de San Esteban de Salamanca, y posteriormente al Monasterio de El Escorial donde reposan actualmente bajo lápida de marmol blanco con su efigie grabada. El temor que infundía era tal en los Países Bajos que, aun hoy, a los niños en Holanda se les amenaza con su presencia en caso de no acabar sus deberes o no comer. El Duque de Alba está considerado por los historiadores como el mejor general de su época y uno de los mejores de la historia.

Para ambientar la guerra de Flandes, en la que estuvo implicada España durante 80 años, vamos a ver una pequeña secuencia de la película del director belga Jacques Feyder, “La kermesse heroica”, realizada en el año 1935. “La kermesse heroica” es una comedia ambientada en el Flandes del siglo XVII, convertida en una sátira sobre la guerra, el valor y el honor. Boom, un pequeño y tranquilo pueblo flamenco, va a ser visitado por los tercios españoles durante los años de la hegemonía hispánica. Mientras los hombres del pueblo se muestran cobardes, las mujeres deciden salir amistosamente al encuentro de los ejércitos católicos y de su jefe.

Si os quedáis con ganas de ver entera esta pequeña joya del cine de todos los tiempos, podéis descargaros la película en esta página. Haced click sobre el enlace:

La kermesse heroica


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