Personajes ilustres de nuestra historia: Juan Fernández de Heredia

9 05 2011

Juan Fernández de Heredia nació en Munébrega, en la comarca de Calatayud (provincia de Zaragoza), en 1310, en el seno de una noble familia. Su padre, García Fernández de Heredia, caballero importante durante el reinado de Jaime II, estaba encargado en 1301 de la defensa de Ródenas. En 1316 formó parte del séquito de la infanta Leonor, y dejó tres hijos: Blasco, Juan y Gonzalo.

Juan Fernández de Heredia

Poco se sabe de la juventud y educación de Juan Fernández de Heredia. Serrano Sanz supone que debió de recibir formación privada como era común en la época. Sus biógrafos desde Funes, han llenado este vacío con una historia curiosa.

El hermano mayor, Blasco no tenía hijos. Juan, en su primer matrimonio, había tenido dos hijas, Toda y Donosa. Para asegurar descendencia masculina, Blasco le indujo a casarse por segunda vez. Del nuevo matrimonio nacieron Juan y Teresa. Pero más tarde Blasco tuvo sucesión. Así que Juan, libre de las obligaciones familiares, pudo dedicarse a realizar sus ambiciones personales.

José Vives demostró que los dos matrimonios de Juan Fernández de Heredia no pasan de ser una leyenda piadosa, ya que los cuatro hijos mencionados aparecen en un documento de legitimación como hermanos ilegítimos nacidos «ex religioso Patre et solutis tamen mulieribus». De todas formas, el interés de Heredia no estaba tanto en asegurar descendencia masculina como en seguir sus ambiciones políticas y literarias de mayor trascendencia.

Los documentos conocidos lo presentan muy pronto relacionado con los caballeros hospitalarios de la Orden de San Juan de Jerusalén, ocupada en la defensa del Asia Menor y la recuperación de los Santos Lugares. En 1328 era caballero de esta orden, en 1333 lugarteniente del comendador de Alfambra, y más tarde comendador de este lugar, Villel, Aliaga y Zaragoza (1344).

Su ascendencia en el Hospital fue rápida y segura. Su influencia en la corte aragonesa, poderosa. En 1338, Pedro IV lo nombró consejero suyo.

Pero las complicaciones no tardaron en surgir. Heredia aspiraba a la castellanía de Amposta, ocupada desde 1325 por don Sancho de Aragón, tío del monarca. Según Lutrell, en 1341, Pedro apoyó las intrigas de Heredia para ocupar dicho puesto. Don Sancho se resistió y encarceló a Heredia. El rey ordenó su libertad y los visitadores de la orden nombraron a Heredia castellán en junio, el cual fue a prestar homenaje a Pedro IV. Pero éste, dudando de la legalidad de la elección, no lo aceptó y pidió a los hospitalarios aragoneses que reconocieran a don Sancho. Más aún, en septiembre del mismo año escribió al gran maestre de Rodas quejándose de la conducta irregular de Heredia, y en noviembre a Juan Fernández de Marciella que desde Teruel se apoderase de Alfambra. Heredia se defendió y el rey lo mandó arrestar en 1342.

Esta situación duró poco. Don Sancho, viejo y enfermo, murió en enero de 1346 y Pedro IV, prefiriendo tener a Heredia de su parte, escribió al maestre de Rodas solicitando para su protegido la castellanía de Amposta, la cual fue ocupada por aquel en diciembre de 1346, después de unos meses de lugartenencia. Heredia acababa de conseguir uno de los puestos más importantes del reino.

Ocupó el cargo de castellán de Amposta desde 1346 a 1377. Durante este tiempo su actividad fue intensa y variada. Dentro del Hospital continuó su marcha ascendente, que culminará con el cargo de gran maestre: en 1354-55 realizó un viaje a Rodas para fortalecer la disciplina; en 1355 fue nombrado prior de Castilla y León; en 1356, de San Gil, Provenza; en 1369, de Cataluña.

En la corte aragonesa su intervención fue decisiva, brillante e imprescindible: militarmente ayudó a Pedro IV contra la Unión (1348), Mallorca (1349) y Castilla (1359); diplomáticamente desempeñó delicadas misiones en Castilla, Navarra, Inglaterra y Francia. En la guerra de los Cien Años fue hecho prisionero por los ingleses en Crecy (1346). Fue el embajador obligado de Pedro IV y Juan I en la corte papal de Aviñón. Inocencio VI lo nombró gobernador de esta ciudad (1356); Urbano V y Gregorio XI lo hicieron su consejero especial.

La posición de Heredia era tan preponderante que en 1371 se excusó ante Pedro IV para servir al papa y en 1376 no sólo fue el encargado de dirigir la flota que condujo a Gregorio XI de Marsella a Roma, sino el portaestandarte papal en su retorno a la Ciudad Eterna. En Roma organizó el pasaje a Oriente. Durante los preparativos, murió en Rodas, Roberto de Jully, y Heredia fue investido por el papa Gregorio XI como gran maestre el 24-IX-1377.

Heredia, junto con el papa, debió de comprender el peligro de la presión turca sobre Macedonia, y en combinación, al parecer, con los florentinos organizó una expedición a Grecia. Obtenida de la reina Juana de Nápoles, en 1377, la cesión de sus derechos sobre Morea por cinco años, Heredia se dirigió a Grecia, tocó en el Epiro (Vonitza), pasó hacia Morea (Patrás), tomó Lepanto (1378) y se dispuso a atacar al príncipe albano Juan Boua Spatas, quien, aliado con los turcos, se refugiaba en Arta.

Pero en una emboscada Heredia fue hecho prisionero. Esto desbarató los planes. Heredia fue vendido como cautivo y la orden tuvo que pagar un cuantioso rescate. Durante su cautiverio, de algo menos de un año (1378-79), se produjo el Gran Cisma de Occidente. En 1378, unos cardenales eligieron a Urbano VI; otros a Clemente VII. Heredia y la mayoría de los hospitalarios siguieron a Clemente VII.

El cisma no sólo dividió a los hospitalarios, sino que les hizo abandonar por el momento todo intento de afincarse en Morea. Heredia, recobrada la libertad, estuvo tres años en Rodas ocupado en la defensa y organización de la orden. Pero viendo que era más necesaria su presencia en Occidente, en 1382 se trasladó a Aviñón, donde residió hasta su muerte.

Aquí siguió trabajando en la administración de la orden y en la organización de un pasaje a Tierra Santa, ayudado por Clemente VII. Los nuevos intentos de asentarse en Morea (Acaya) no prosperaron. No obstante, Heredia continuó inquebrantable en su proyecto de contener el peligro turco en Oriente.

A este respecto, desde la expedición a Grecia de 1378 empezó a acumular toda la información histórica, política, militar y social pertinente. Aviñón era el centro religioso y cultural de Occidente. Allí desplegó una gran actividad cultural compilando obras de historia y traduciendo libros griegos. Pero el peligro turco aumentaba y las necesidades de los hospitalarios para la defensa de Rodas y Esmirna apremiaban. Heredia, en medio de su labor cultural, se esforzaba en obtener todo lo necesario para esa defensa y la hipotética recuperación de los Santos Lugares. Pero el gran maestre no logró ver colmadas sus esperanzas. Ni siquiera conoció la derrota que los turcos infligieron a húngaros, franceses y cruzados en Nicópolis ese mismo año, pues murió en Aviñón en marzo de 1396, tras una larga vida llena de actividad. Sus restos fueron trasladados y enterrados en el sepulcro que él mismo mandó labrar en la iglesia parroquial de Caspe.

El relato de su vida estaría incompleto si no hiciéramos mención a su ingente obra literaria. Heredia fue el primero en traducir a una lengua romance las Vidas Paralelas de Plutarco y otros libros griegos y contribuyó, sin lugar a dudas, al ambiente humanista de la corte aragonesa de Pedro IV, Juan I y Martín el Humano. Para esta labor tuvo a su servicio no uno solo sino varios traductores griegos. Desde que fijó su residencia en Aviñón, Heredia se transformó en un gran magnate rodeado de estudiosos en correspondencia con los personajes más eminentes de su época. Sus relaciones literarias incluyeron a papas, obispos, reyes, eruditos y poetas.

El conjunto creado bajo la dirección de este ilustre aragonés es amplísimo. Consta de las siguientes obras:

  • Grant Crónica de Espanya, en tres partes (se conservan dos), que es una compilación al modo alfonsí.
  • Crónica de los Conquiridores, en dos partes, serie de biografías de personajes famosos, que termina por Jaime I el Conquistador.
  • Crónica o Libro de los Emperadores, traducción parcial de la obra griega Epitome Historiarum de Juan Zonaras.
  • Crónica de Morea o Libro de los fechos et conquista del principado de Morea, parte traducción y parte elaboración original.
  • Flor de las Ystorias de Orient, traducción hecha según las versiones catalana y francesa de la obra del monje Hayton.
  • El Libro de Marco Polo, que recoge los viajes de este aventurero veneciano.
  • Libro de Actoridades o Rams de Flores, colección de historietas tomadas de la Summa Collationum de Juan de Gales, en versión catalana, y del Valerio Máximo.
  • Secreto de los Secretos, que es una guía de príncipes.
  • La Ystoria Troyana, basada en la obra de Guido de Columnis sobre la guerra de Troya.
  • traducción de las Vidas Paralelas de Plutarco.
  • Discursos de la Historia de la Guerra del Peloponeso de Tucídides, a través de una versión en griego moderno de Demetrio Talodiqui.
  • La traducción de las Ystorias de Orosio.
  • La traducción de Eutropio, hecha a base de la historia romana de Paulo Diácono.
  • El Cartulario Magno, que contiene unos tres mil documentos sobre la castellanía de Amposta, y algunas obras probablemente perdidas, aludidas en la correspondencia con los reyes aragoneses, como son unas historias de un monje negro, traducidas al catalán.
  • Y una Summa Historiarum, traducida al aragonés.
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