Personajes ilustres de nuestra historia: José Moscardó Ituarte

31 05 2011

José Moscardó Ituarte nació en Madrid el 26 de octubre de 1878. Inició sus estudios en la Academia de Infantería de Toledo en 1896, de la que salió al año siguiente como 2º Teniente por la necesidad de la época de cubrir las bajas de las guerras de Cuba y Filipinas. Pero no llegó a tiempo: el batallón expedicionario que debía llevarle a Filipinas fue disuelto tras la derrota española. Sí que combatió en Marruecos, donde en 1913 alcanzó el empleo de comandante por méritos de guerra, por su valor en la campaña. En 1929, ya como coronel, fue nombrado director del Colegio de Huérfanos de Infantería María Cristina de Toledo.

Sin embargo, en mayo de 1931, con la instauración de la Segunda República y como consecuencia de las reformas militares puestas en práctica por el nuevo ministro de la Guerra, Manuel Azaña, le fue anulado el ascenso y volvió al empleo de teniente coronel, ascendiendo definitivamente a coronel al año siguiente.

Entre 1934 y 1935, fue Vocal de la Junta Nacional de Educación Física del Ministerio de Instrucción Pública y, durante toda la República, dirigió la Escuela Central de Gimnasia de Toledo.

El alzamiento de 1936 le sorprendió como Director de dicha Escuela y Comandante Militar de Toledo. Además, iba a representar a España en los juegos olímpicos que debían celebrarse en Berlín en agosto.

Moscardó encabezó la sublevación en Toledo y, ante su fracaso en tomar la ciudad, se hizo fuerte en el Alcázar de Toledo el 22 de julio junto con los oficiales implicados en la sublevación, un corto número de cadetes de la Academia (estaban en periodo vacacional), la mayor parte de los guardias civiles de la provincia y algunos paisanos voluntarios militarizados, junto con sus familias y algunas monjas.

El encarnizado asedio, durante el cual se dio el célebre episodio en el que los asediantes amenazaron con matar al hijo del coronel, Luis, si el Alcázar no se rendía (sería asesinado un mes después), duró hasta el 28 de septiembre, cuando tropas nacionales al mando del general Varela ocuparon la ciudad, con el Alcázar prácticamente destruido.

El asedio se convirtió en uno de los actos de heroismo más famosos de la Guerra Civil. Al ser liberados por las fuerzas del general Varela, Moscardó pronunció la siguiente frase: “Mi general, sin novedad en el Alcázar”.

Por este hecho se le concedió a Moscardó la más alta condecoración española al valor, la Cruz Laureada de San Fernando. Además se concedieron otras dos de este tipo y la Cruz Laureada Colectiva a todos los defensores.

Tras este episodio, Moscardó fue ascendido a general de brigada, comandando desde octubre la División de Soria, que asediaba a Madrid por el norte. A su mando, tomó parte en la Batalla de la Carretera de la Coruña, a principios de enero de 1937 y posteriormente en la batalla de Guadalajara (marzo de 1937) apoyando a las tropas italianas.

En septiembre de 1937 fue nombrado jefe del Cuerpo de Ejército de Aragón, con el cual rompió las líneas republicanas en diciembre de 1938 y avanzó por Cataluña hasta alcanzar la frontera francesa. Poco antes del final de la guerra, en febrero de 1939, fue nombrado general de división.

Tras el final de la contienda bélica, ocupó diversos cargos hasta su muerte, en Madrid, en 1956: Jefe de la Casa Militar del Jefe del Estado (1939), Jefe de Milicias de Falange Española Tradicionalista y de las JONS (1941) y capitán general de la II y IV regiones militares.

Una vez retirado del Ejército por edad en 1948, fue nombrado Delegado Nacional de Deportes, cargo que ocupó hasta su muerte, así como el de Presidente del Comité Olímpico Español, este último desde 1941.

En 1948, el General Francisco Franco, en calidad de Jefe del Estado, le concedió el título nobiliario de conde del Alcázar de Toledo, con grandeza de España. Al día siguiente de su muerte, fue ascendido a capitán general del Ejército, máxima graduación militar española, y su nombre encabezó los escalafones de todos los cuerpos militares, con el simbólico cargo de “Jefe del Alcázar de Toledo”.

En 1940, se rodó una película italiana, “Sin novedad en El Alcázar”, dirigida por Augusto Genina, que narra la historia del Asedio del Alcázar de Toledo entre julio y septiembre de 1936. Por su interés histórico (fue rodada entre las ruinas de El Alcázar), ambientación e interpretación, es muy recomendable su visionado. Para verla, haced click sobre el enlace.

SIN NOVEDAD EN EL ALCÁZAR (1940)





Personajes ilustres de nuestra historia: Vicente Rojo Lluch

30 05 2011

Vicente Rojo Lluch nació el 8 de octubre de 1894 en el pequeño pueblo valenciano de Fuente de la Higuera. Su padre Isaac Rojo González había fallecido tres meses antes de su nacimiento, dejando a su mujer Dolores Lluch Doménech una pensión algo ajustada para el mantenimiento económico de la vida de la familia. Vicente era el sexto hijo de la familia. Desde joven vivió al amparo de su madre. El padre de Vicente fue un militar que sirvió en el Ejército de Ultramar en La Habana desde 1876, anteriormente había combatido como soldado de reemplazo contra los carlistas en Cataluña. En Cuba fue ascendido por antigüedad, y tras media docena de años de servicio, regresó a España muy enfermo, siendo ascendido finalmente a teniente 1º por méritos de guerra. Finalmente, Isaac se estableció en el pueblo valenciano de Fuente de la Higuera y murió a causa de sus dolencias, meses antes de conocer a su hijo Vicente.

La humildad del origen de Vicente le marcó desde la adolescencia, combinándose con una cada vez mayor relación con el mundo castrense. De los seis hermanos sólo dos fueron varones: Vicente y Fernando. Ambos hermanos crecieron en un ambiente católico y la amistad con él fue siempre estrecha y cordial.

Su madre murió cuando Vicente tenía trece años de edad, y él ingresó como interno en una institución que acogía a los Huérfanos de Infantería. Se puede decir que Rojo no eligió la carrera militar, ingresó en esta institución en calidad de huérfano de militar. Agravado por la situación económica de su familia en el año 1911, ingresó en la Academia de Infantería de Toledo.

Una enfermedad en el ojo izquierdo retrasó sus estudios, tras tres años de convalecencia aprendió a disimular el problema de su reducción de visibilidad. Vicente pudo pasar estos primeros años gracias a las aportaciones económicas solidarias de sus hermanos mayores. En esta su primera estancia en el Alcazar de Toledo estudiando hizo grandes amistades con algunos de sus compañeros. Su coronel José Villalba Riquelme lo recordaría como un alumno aplicado, que finalizó sus estudios en el año 1914 con el grado de subteniente, habiendo obtenido el número dos en una promoción de 390 cadetes alumnos de la academia. Franco había acabado años antes, en 1911, los estudios en la misma academia.

Su primer destino se realizó en Barcelona en junio de 1914, siendo asignado al Regimiento Vergara 57. Era una época complicada de conflictos sociales en las calles barcelonesas. Estuvo conviviendo en la misma casa con su hermano Fernando Rojo, tres años mayor que él. Su hermano trabajaba en la Catalana de Gas y Electricidad y logró mantener su empleo hasta después de la Guerra Civil. Al igual que Vicente se había educado en un orfanato militar de Toledo (María Cristina), sólo que al final no eligió la carrera militar.

Este período barcelonés de Vicente fortaleció el vínculo de ambos hermanos. Durante esta época tuvo que enfrentarse como represor a las huelgas catalanas, y por otra parte tenía que oír las versiones de su hermano (que se encontraba en el otro bando). Fernando durante la Guerra se afilió a la UGT, aunque esta actitud era normal durante la guerra por motivos de supervivencia. La penuria económica y el bajo sueldo de Vicente en Barcelona (que correspondía a 35 duros) le obligaron a solicitar el destino de Marruecos. El destino de Marruecos era prometedor, el rey Alfonso XIII había concedido ventajas de ascenso en el escalafón a los militares destinados allí. Es muy probable que Vicente quisiera probar suerte.

El 10 de enero de 1915 se incorpora al Regimiento de Infantería de Córdoba nº 10, este destino se encuentra en la mitad de camino entre las posiciones de Ceuta y Melilla en el denominado protectorado español de Marruecos. Este era un lugar en que los militares españoles ambiciosos lograban en un corto periodo de tiempo posiciones altas en el escalafón. Tras pasar un periodo de aclimatación en Córdoba el 18 de febrero se incorpora al Batallón de Cazadores Arapiles nº 9, situado en Tetuán.

Su bautismo de fuego lo tuvo en la ciudad de Laucién, y fue una escaramuza. El 29 de junio de 1916 tuvo lugar una importante operación en la cabila de Anyera, el Batallón de Cazadores de Arapiles tuvo una destacada participación en dicha operación. Durante este período tuvo que realizar diversas operaciones militares, alternó posiciones avanzadas con las de retaguardia, a finales de 1916 fue condecorado con Cruz Roja al Mérito Militar. En junio de 1918 ascendió a Capitán. Participó también en la misión de Alcazarseguir en el norte de Marruecos.

La aventura africana no pareció lograr en Vicente las satisfacciones deseadas, y tras solicitar cambio de destino el 12 de julio de 1919, se incorporó al Regimiento de Infantería Vergara número 57, ubicado en Barcelona. En sus períodos de permiso que disfrutó en Ceuta conoció a Teresa Fernández, ambos contraen matrimonio en Madrid el 13 de marzo de 1920. Tras casarse fue destinado al Batallón de Cazadores de Montaña Alfonso XII número 1 ubicado en Vic. En 1922 tiene su segundo hijo y logró ser destinado como profesor en la Academia de Infantería de Toledo, algo que llevaba deseando desde varios años. La Academia de Infantería era la única institución de enseñanza para los oficiales de la época.

Al conseguir el traslado, Vicente Rojo y su mujer se establecieron en la ciudad de Toledo en 1922, ya como capitán. En la Academia de Infantería ocupó diversos puestos docentes y de administración. Ocupará este puesto de profesor durante cerca de una década. Como profesor se encargaba de diversas materias dentro del currículo ofrecido por la Academia, tales como medios de transporte, táctica, logística, higiene y alimentación, topografía, armamento y material, etc. Participó igualmente en las prácticas que se realizaban en el Campamento de los Alijares.

Fue también uno de los redactores de los planes de estudio de las asignaturas de Táctica, Armamento y Tiro para la nueva etapa de la Academia de Zaragoza. Es en este período en la Academia cuando colaboró en la fundación y dirección de la Colección Bibliográfica Militar, colección sobre temas militares que alcanzó amplia difusión en España y en el extranjero, junto con el también capitán Emilio Alamán Ortega. Esta colaboración se extendió desde el año 1928 hasta 1936, y se tradujeron casi un centenar de títulos, llegando a alcanzar tiradas de cerca de doscientos mil ejemplares.

Durante su estancia en la Escuela se dio la circunstancia curiosa de que se propuso a los alumnos de su promoción que desarrollaran un supuesto táctico que consistía en el paso del río Ebro para establecerse en la ruta Reus-Granadella, operación muy similar a la que unos años después, durante la guerra civil, habría de llevar a la práctica en la célebre batalla del Ebro en el tramo comprendido entre Mequinenza y Amposta. Durante su estancia en la academia fueron ocurriendo sucesos en la vida política como el 14 de abril el advenimiento de la Segunda República.

En agosto de 1932, abandonó la Academia para ingresar en la Escuela Superior de Guerra en Madrid con el objetivo de realizar el curso de Estado Mayor, diploma que obtendría en 1936 (al poco de haber ascendido a comandante). Su mujer estaba embarazada del sexto hijo. Al poco de abandonar la Academia, su antiguo jefe en la época de Marruecos, Sanjurjo, se sublevó contra la República en la ciudad de Sevilla, en lo que se denominó La Sanjurjada. Durante una breve temporada se convirtió en jefe de Estado Mayor de la 16ª Brigada de Infantería de León. Este nuevo cargo le permitió comprobar la realidad del ejercito antes de la Guerra Civil. De la misma forma, pudo comprobar como en los ambientes militares se estaba fraguando el futuro conflicto, y de vez en cuando le convocaban a reuniones en las que se pretendía que se afiliase a una posible revuelta.

Ascendido a comandante el 25 de febrero de 1936, al estallar la guerra civil, en julio de 1936, se mantuvo leal al gobierno de la República, y fue uno de los militares profesionales que participó en la reorganización de las fuerzas republicanas durante los instantes posteriores al golpe militar del 17 y 18 de julio de 1936. Al principio, la intención del gobierno de José Giral fue desmantelar el ejército. Finalmente, en agosto de este mismo año se reactivaron los escalafones militares.

No es de suponer que se cuestionase la lealtad de Vicente Rojo ya que desde los primeros instantes fue trasladado a las oficinas del Estado Mayor del Ministerio al mando de Hernández Saravia. Debido a las operaciones de acoso a la Capital desde el norte, el 24 de julio partía a Somosierra para incoporarse a una columna que estaba bajo las órdenes de Enrique Jurado, estuvo destinado hasta el 28 de agosto en Lozoyuela, tras este primer punto de contacto regresó al Estado Mayor.

El primer contacto con los milicianos fue muy bien entendido y fue considerado a partir de ese primer destino. Durante esos meses de gran actividad tuvieron que reorganizar un nuevo ejército capaz de enfrentarse con las tropas nacionales que avanzaban por Extremadura hacia la capital, en ese intento se creó la Inspección General de Milicias con el objeto de controlar los batallones de voluntarios. El 18 de agosto llegaban las noticias de la toma de Badajoz y de las brutales represiones posteriores por parte del General Yagüe.

Una de las primeras misiones asignadas a Vicente Rojo fue la de pactar una rendición al asediado Alcázar de Toledo el 9 de septiembre de 1936. Esta misión (propuesta por Largo Caballero) fue ciertamente dura para él, ya que suponía volver a la academia en la que estuvo destinado como profesor durante casi una década. El 8 de septiembre, la Junta de Defensa de Toledo (ubicado en la casa de Correos) redactó el mensaje que debía aceptar Moscadó.

Vicente sabía de antemano que Moscardó no aceptaría las condiciones. Ese 9 de septiembre a las diez de la mañana, entró por Puerta de los Carros con los ojos vendados a entrevistarse con Moscardó. Muchos de sus viejos camaradas se encontraban en su interior (entre ellos su antiguo colaborador Emilio Alamán Ortega). La recepción en el Alcázar por el General Moscardó fue fría y protocolaria, escuchó las condiciones y posteriormente permitió que Vicente saludara a sus antiguos colegas. Solicitó la entrada al recinto de un sacerdote para que pudiera hacer sus servicios religiosos en el Interior del Alcázar. Regresó a Madrid e informó en persona a Largo Caballero de lo sucedido.

En octubre de 1936 fue ascendido a teniente coronel siendo designado jefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa, mandadas por el general Miaja, jefe de la Junta de Defensa de Madrid, creada para defender la capital a toda costa después del traslado del gobierno de la República a Valencia. En este puesto preparó un eficacísimo plan de protección de la ciudad, que evitó su caída. A partir de entonces, su fama como organizador no hizo sino aumentar. Jefe del Estado Mayor del Ejército del Centro, tuvo una destacada actuación en la planificación de las principales operaciones desarrolladas por el citado Ejército, en el Jarama, Guadalajara, Brunete y Belchite.

Con un prestigio acrecentado, en marzo de 1937 fue nombrado coronel y en mayo, tras la formación del gobierno Negrín, Jefe del Estado Mayor Central de las Fuerzas Armadas y jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra. Desde este nuevo empleo se encargó de dirigir la expansión del Ejército Popular, y creó el denominado Ejército de Maniobra, que debía servir de avanzadilla ofensiva del Ejército Republicano. A lo largo de 1937 proyectó las ofensivas de Huesca, Brunete, Belchite, Zaragoza y Teruel.

Ascendido a general en octubre de 1937 es ya uno de los militares más prestigiosos de la República. La operación más ambiciosa que llevó a cabo a lo largo de 1938 fue la ofensiva del Ebro, antes citada al hablar del supuesto táctico desarrollado en la Escuela Superior de Guerra, que dio lugar a la larga batalla del Ebro desarrollada desde el 25 de julio al 16 de noviembre de 1938, y en la cual la República se jugaba su prestigio internacional, su capacidad de resistencia y la posibilidad de poder dar un giro favorable al curso de la guerra.

Tras la caída de Cataluña, en febrero de 1939, pasó a Francia y después de una breve estancia en este país el Servicio de Emigración de los Republicanos Españoles (SERE) le abonó el pasaje para trasladarse a Buenos Aires (Argentina). Poco tiempo después el gobierno de Bolivia le ofreció la posibilidad de que organizara y dirigiera la cátedra de Historia Militar y Arte de la Guerra en su Escuela de Estado Mayor, tarea esta que desarrolló entre 1943 y 1945, siéndole reconocido su empleo de general del Ejército español y condecorado con el máximo galardón.

En febrero de 1957 regresó a España, gracias a las gestiones de un jesuita que conoció durante su estancia en Bolivia y avalado también por el obispo de Cochabamba, antiguo capellán castrense a las órdenes de Rojo. Aunque al principio no fue molestado por las autoridades franquistas, el 16 de julio de 1957 el Juzgado Especial para los Delitos de Espionaje y Comunismo le comunicó que era procesado por el delito de rebelión militar, en su calidad de ex-comandante del Ejército, paradójicamente por el hecho de no haberse rebelado contra el gobierno legítimo de la República. Al parecer su vuelta no había gustado a ciertos sectores militares, por lo que Franco tuvo que resolver la situación de una manera salomónica: Rojo sería condenado y después indultado.

Escribió varios libros, donde se recogen sus experiencias militares en la guerra civil, así publicó ¡Alerta los pueblos! (1939), ¡España heroica! (1961) y Así fue la defensa de Madrid (1967). En el 2010 se ha publicado su Historia de la guerra civil española, con un estudio introductorio y edición de Jorge Martínez Reverte.

Vicente Rojo falleció en Madrid el 15 de junio de 1966. Las agencias de prensa dieron de forma muy escueta la noticia, los diarios ABC y Ya recordaron su grado de general y únicamente el diario El Alcázar, órgano de los ex-combatientes franquistas, destacó el prestigio de que gozaba entre los militares por su capacidad profesional.





Personajes ilustres de nuestra historia: Vicente Blasco Ibáñez

29 05 2011

Vicente Blasco Ibañez nació en Valencia, el 29 de enero de 1867. Sus padres, Gaspar Blanco y Ramona Ibáñez, de origen aragonés, poseían un pequeño comercio de ultramarinos en las proximidades del Mercado Central. Vicente cursó los estudios de derecho, en la Universidad de Valencia, años en los que perteneció a la Tuna, licenciándose en 1888, a pesar de que prácticamente no ejerció dicha carrera. Blasco Ibáñez dividió su vida entre la política, el periodismo, la literatura y el amor a las mujeres, de las que era un admirador profundo, tanto de la belleza física como de las características psicológicas de éstas. Él se definía como un hombre de acción, antes que como un literato. Escribía con inusitada rapidez. Era un entusiasta de Miguel de Cervantes y de la historia y la literatura españolas.

Ingresó con 20 años en la masonería el 6 de febrero de 1887 adoptando el nombre simbólico de Danton. Formó parte de la Logia Unión nº 14 de Valencia y posteriormente de la logia Acacia nº 25.

En 1887 se fundó el periódico federal La Revolución, cuya dirección fue encomendada a Blasco Ibáñez. Ese mismo año publicó su primer libro, Fantasías. Al año siguiente obtuvo un premio en los Juegos Florales por su Biografía de don Hugo de Moncada, y fue nombrado vocal de la Junta Directiva de Lo Rat Penat.

En 1889 fundó el semanario La Bandera Federal, órgano de expresión del republicanismo federal.

En 1890 tuvo que huir a París a consecuencia de la manifestación que promovió contra Cánovas del Castillo, conociendo a los principales impulsores del naturalismo en la literatura francesa. Tras regresar a Valencia en 1891 participó como Mantenedor  en los Juegos Florales, y fue designado Presidente del Consejo en la Asamblea Regional del partido Federal. Ese mismo año contrajo matrimonio con Dª María Blasco del Cacho.

En 1892 publicó su novela La araña negra, desarrollando una frenética actividad política. Al año siguiente publicó su obra París, donde reunió los artículos escritos durante su exilio. Ese año nació su primer hijo varón, Mario, y se publicó su novela Viva la República.

En 1894 participó en los disturbios con motivo de la partida desde Valencia de una peregrinación a Roma. Blasco marchó a Barcelona y a su regreso fue encarcelado. Se publicó su Historia de la Revolución Española, y se estrenó su obra teatral El Juez. Esa misma noche falleció su madre.

El 12 de noviembre de 1894 se publicó el primer número del diario El Pueblo, fundado y dirigido  por Blasco Ibáñez. En ese primer número se adjuntaba como folletín la novela Arroz y Tartana. El Pueblo fue denunciado en numerosas ocasiones por el contenido de los artículos que publicaba.

En 1895 nació su hija Libertad y en mayo viajó a Argel. En septiembre, Blasco ingresó en la cárcel de San Gregorio por su artículo En pleno absolutismo. En noviembre empezó a editarse su novela Flor de Mayo.

En 1896, tras ser elegido Presidente del Consejo Federal, tomó parte en Madrid en la Asamblea del Partido Federal. En marzo se celebró en Valencia un mitin para protestar por la Guerra de Cuba, hubo altercados y se proclamó el estado de sitio. Blasco debió huir a Italia. Nació su segundo hijo varón, Julio César.

En agosto de 1896, El Pueblo publicó el primer artículo de una violenta campaña contra la guerra de Cuba: Que vayan todos: pobres y ricos. Blasco fue detenido y condenado a dos años de prisión. Se publicó también su obra Cuentos valencianos. En marzo de 1897 se le conmutó la pena de prisión por la de destierro, por lo que marchó a Madrid, desde donde continuó escribiendo para El Pueblo. En Madrid entró en contacto con Rodrigo Soriano, quien publicó en El Imparcial un artículo elogioso para Blasco Ibáñez. En septiembre regresó a Valencia, amnistiado.

Su figura política se consolidó, siendo elegido por primera vez Diputado a Cortes por Valencia por el Partido Republicano. Poco después, el 25 de abril, los Estados Unidos declaraban la guerra a España, con la excusa de la voladura del Maine en el puerto de La Habana, y se elevaba el primer suplicatorio para procesar a Blasco Ibáñez por su artículo “La paz deshonrosa”.

El 3 de julio la escuadra del Almirante Cervera era aniquilada en aguas de Cuba. Ese mismo año Blasco Ibáñez marcó un nuevo hito en su obra literaria con la publicación de su novela La Barraca. El año finalizó con la firma del tratado de paz de París por el que España perdió sus colonias de ultramar, lo que provocó una gran conmoción nacional. Estos hechos, y la sensación de decepción  y fracaso que impregnó a la sociedad española, marcarían la obra de los principales literatos, que compondrían lo que más tarde se dio en llamar la “Generación del 98”.

Esta etapa de su vida, entre 1894-1898, y centrada en Valencia, fue una de las más fértiles, tanto por la profusión y calidad de su obra literaria: novelas, cuentos y artículos periodísticos, como por su comprometida actividad política. En este sentido toda su energía, que era mucha, se orientaba a difundir su ideario político: el republicanismo federal. Llegó a crear su propio partido, el Partido de Unión Republicana Autonomista (PURA), que perduraría hasta la guerra civil, y alrededor suyo se creó una corriente denominada “Blasquismo“, cuya impronta quedó marcada en la realidad política y social de la Valencia de la época.

En 1899 salió elegido Diputado por segunda vez, y la candidatura de Fusión Republicana triunfó en las elecciones municipales. El año 1900 empezó con la visita a Valencia de Dª Emilia Pardo Bazán, a la que acompañó el propio Blasco Ibáñez. Durante este año publicó un libro de cuentos titulado La Condenada, y su novela Entre naranjos con gran éxito, por lo que recibió un homenaje al que asistió Benito Pérez Galdós.

En febrero de 1901, El Pueblo fue suspendido por orden gubernativa durante un mes. Blasco Ibáñez fue reelegido por tercera vez Diputado, acompañado por primera vez por Rodrigo Soriano. Blasco Ibáñez fue elevado a la jefatura absoluta del partido Fusión Republicana. Ese año apareció su novela Sonnica la cortesana, y publicó en El Pueblo su artículo La revolución en Valencia, un ambicioso programa de reformas urbanas que marcarán el futuro de la ciudad.

En abril de 1902, Blasco Ibáñez visitó a Emilio Zola en París, poco antes de su muerte. Nació su tercer hijo varón, Sigfrido, e inauguró su chalet en la Malvarrosa. En diciembre se publicó otra de sus novelas más representativas: Cañas y barro.

El año 1903 comenzó con la publicación de su artículo La Universidad Popular, institución que se puso en marcha escasamente un mes más tarde. En febrero se publica en El Pueblo el artículo de Rodrigo Soriano Revolucionarios de entretiempo, criticando a Blasco Ibáñez, lo que supuso la ruptura entre ambos y el principio de un prolongado enfrentamiento. Rodrigo Soriano publicó un nuevo periódico El Radical.

En las siguientes elecciones Rodrigo Soriano volvió a salir Diputado, al igual que Blasco Ibáñez y Menéndez Pallarés. El enfrentamiento con Rodrigo Soriano se agravó con el lance habido entre ambos en Madrid, poco después de que Blasco Ibáñez publicara en El Pueblo otro de sus  artículos más conocidos: Al pasar. Blasco Ibáñez se batió en duelo con el teniente Alestuei, experto tirador, quien defendía el honor de las fuerzas de seguridad. Blasco resultó herido y salvó la vida milagrosamente.

En junio publicó El Intruso, con la que se inició su ciclo de novelas sociales de ámbito nacional, a la que seguieron La Bodega y La Horda. En septiembre Blasco obtuvo su quinta nominación como Diputado. El mismo día, en Valencia, la comitiva que le acompañaba era tiroteada, registrándose varios heridos. Este hecho marcó el fin de una etapa en la actividad política de Blasco Ibáñez, que en marzo de 1906 renunció a su acta de diputado y por extensión a su actividad en la política activa. A mediados de ese año publicó su novela La maja desnuda. En diciembre fue nombrado Comendador de la Legión de Honor de Francia, junto a su gran amigo Joaquín Sorolla, y recibió un homenaje en Valencia, nombrándole hijo adoptivo de la ciudad.

Al igual que 1906 marcó una inflexión en la vida pública de Blasco Ibáñez, el año 1907 marcó una inflexión en su vida personal, lo que se trasluce en una de sus obras, La voluntad de vivir, que apenas un mes más tarde ordenó destruir.  Blasco se trasladó a Valencia, donde formó parte de una candidatura junto a Gil y Morte, y participó en numerosos mítines, resultando elegida, al igual que la de Rodrigo Soriano. En abril Blasco partía hacia Alicante, ordenó la destrucción de toda la tirada de La voluntad de vivir, y poco después partía de viaje.

En 1908 se publicó su novela Sangre y Arena. Su actividad política se centró en apoyar la candidatura de Azzati, quien resultó elegido Diputado. A principios de 1909 apareció su libro Los muertos mandan, y en mayo inició su primer viaje a la Argentina, embarcando en Lisboa en el vapor alemán “Cap Vilano” rumbo a Buenos Aires, donde fue recibido con un apoteósico recibimiento.

En enero de 1910 regresó a España, donde escribió Argentina y sus grandezas. En agosto emprendió su segundo viaje a la Argentina, y en diciembre formalizó la adquisición de una gran hacienda en Corrientes. A principios de 1911 Blasco se encontraba nuevamente en Madrid, donde asistió a la boda de su hija Dª Libertad con el periodista D. Fernando Llorca.  En junio emprendió su tercer viaje a la Argentina, y en el mes de diciembre le siguió su hijo mayor, Mario.

En abril de 1912 Blasco viajó a París, regresando más tarde a España. En mayo volvió a embarcar rumbo a la Argentina en el que será su cuarto y último viaje. Durante 1913 estuvo volcado en la colonización de sus posesiones argentinas, abandonando su actividad creativa. La conjunción de diversas circunstancias provocaron el fracaso del proyecto, quedando prácticamente arruinado.

A principios de 1914, Blasco Ibáñez abandonó la colonización de “Cervantes” y “Nueva Valencia” y regresó a París. En julio publicó su novela Los Argonautas, y a comienzos de agosto estalló la Guerra Europea. De inmediato, Blasco Ibáñez se puso al servicio del gobierno de Francia, escribiendo una serie de crónicas de la guerra que dieron lugar a la Historia de la guerra europea. Al año siguiente escribió su novela Los cuatro jinetes del Apocalipsis, que se publicó en marzo de 1916.

En 1917 Blasco Ibáñez emprendió una nueva aventura, la cinematográfica, y estrenó en París la versión cinematográfica de Sangre y Arena, constituyendo un gran éxito. En agosto visitó Valencia para ambientar su próxima película Flor de Mayo. Escribió Mare nostrum, que se publicó en 1918, el año en que finalizbaa la Guerra Europea con la rendición, en el mes de noviembre, de Alemania. La guerra había durado cuatro años y supuso una enorme sangría de recursos económicos y, sobre todo humanos.

En 1919 escribió su novela Los enemigos de la mujer. En octubre embarcbaa rumbo a Nueva York, iniciando así su viaje a los Estados Unidos, donde acudió para dar una serie de conferencias. Su estancia se prolongó hasta julio de 1920.  Poco después, falleció en Valencia su hijo Julio César. En 1920 fue nombrado doctor honoris causa por la Universidad de Washington. En abril se desplazó a Méjico y más tarde a Cuba.

A principios de 1921 se proyectó la versión cinematográfica de Los cuatro jinetes del Apocalipsis. Blasco regresó a España, y en Valencia se le rindió una semana de homenaje.

A pesar de que gozaba de una posición económica envidiable, de que residía habitualmente fuera de España, en su finca de Menton (Francia), y de que ponía en peligro su candidatura para optar al Premio Nobel de Literatura, Blasco Ibáñez no pudo permanecer impasible ante la situación por la que atravesaba España tras la proclamación en 1923 de la dictadura militar de Primo de Rivera, y se unió a los intelectuales españoles exiliados en París para denunciar la situación política de nuestro país. Así, además de participar en una publicación periódica titulada España con Honra, junto a Unamuno, publicó su manifiesto Una nación secuestrada. Como consecuencia, el Ayuntamiento de Valencia retiró la placa de la plaza que le había sido dedicada y persiguió a su familia en Valencia.

El 28 de enero de 1928, un día antes de cumplir 61 años, falleció en su villa de Fontana Rosa a consecuencia de una neumonía, agravada por la diabetes que arrastraba desde hacía años. En 1929 se publicaron póstumamente sus dos últimas novelas, El caballero de la Virgen y En busca del Gran Kan.

El 29 de octubre de 1933, dos años después de la proclamación de la II República española, sus restos regresaron a Valencia desde Menton, como había sido su deseo, a bordo del acorazado Jaime I, buque insignia de la armada española, siendo recibidos en un acto multitudinario presidido por el Presidente del Gobierno, el Alcalde de Valencia y multitud de personalidades, trasladándose a hombros por grupos de voluntarios desde el puerto hasta la Lonja, donde se instaló la capilla ardiente. El Ayuntamiento de Valencia diseñó un grandioso mausoleo, rematado por un grupo escultórico realizado por su gran amigo, Mariano Benlliure, para dar cabida a los restos de Blasco Ibáñez.

Sin embargo, el estallido de la Guerra Civil en 1936 frustró el proyecto. Su memoria fue borrada, sus libros prohibidos, su familia perseguida y sus bienes incautados. Las obras realizadas hasta ese momento en el mausoleo fueron destruidas y el solar donde se asentaba, en un lugar privilegiado del Cementerio municipal, fue utilizado años más tarde para construir el crematorio. A pesar de todo ello, sus restos se conservaron, y reposan en la actualidad en un nicho ordinario, casi anónimo, en el cementerio civil de Valencia.

Para más información sobre Vicente Blasco Ibáñez y su obra, podéis ver este documental de TVE, emitido el 17 de noviembre de 1986. Para acceder a la página, haced click sobre el enlace.

LA FIGURA DE BLASCO IBÁÑEZ





Personajes ilustres de nuestra historia: Ramón J. Sender

29 05 2011

Ramón J. Sender Garcés nació en Chalamera (Huesca) el 3 de Febrero de 1901. Su padre era secretario del ayuntamiento, y su madre, maestra de esta aldea. Un año después regresaron a Alcolea de Cinca, pueblo del que procedían sus padres. Luego, se trasladaron a Tauste, cerca de Zaragoza. Como los padres de Sender, además de su profesión, pertenecían a familias de labradores acomodados, propietarios de tierras, en su casa no tenían problemas económicos. Por tanto, Ramón no tuvo de niño las dificultades que tuvieron otros niños de principio de siglo y que vivieran también en un ambiente rural.

A los diez años (1911), Ramón comenzó el Bachillerato como alumno libre. Mosén Joaquín, capellán del convento de Santa Clara, de Tauste, dirigía sus estudios, teniendo luego que examinarse en el Instituto Goya de Zaragoza.

Marchó después a Reus, en donde continuó estos estudios, en el colegio de los frailes de San Pedro Apóstol. Más tarde, la familia se estableció en Zaragoza. Aquí estudió los cursos de 5º y 6º de Bachiller. Durante el año que cursaba 6º de Bachillerato hubo grandes desórdenes estudiantiles y le hicieron a él responsable, suspendiéndole todas las asignaturas, por lo que tuvo que ir a terminar el Bachiller a Alcañíz (Teruel), en donde trabajó como empleado de farmacia, porque se había peleado con su padre. Después, en este deambular familiar, lo veremos también en Caspe.

A los 17 años (1918), ya terminado el Bachiller, Ramón J. Sender se escapó de casa y se fue a Madrid. Solo y sin dinero pasó los mayores apuros de su vida hasta el punto de verse obligado a dormir en un banco del Retiro durante tres meses. Se lavaba en una fuente del parque y en las duchas del Ateneo, a donde iba diariamente a leer y escribir.

Su carrera literaria comenzó en el Madrid de aquella difícil época. Escribió artículos y cuentos que logró publicar en varios periódicos, como El Imparcial, El País, España Nueva y La Tribuna, en donde apareció su primer trabajo: un cuento titulado “Las brujas del compromiso”. Desconfiando del valor de estos primeros intentos literarios firmaba con seudónimo. Le pagaban unas 25 ptas por trabajo, cantidad importante en aquellos tiempos, sobre todo para un muchacho de su edad.

Sin embargo, el dinero que ganaba apenas le alcanzaba para comer. Así que para dormir bajo techo tuvo que trabajar de dependiente en una farmacia, como antes lo había hecho en Alcañíz y Zaragoza.

En la Universidad de Madrid se matriculó en la facultad de Filosofía y Letras: el ambiente académico -textos, clases, exámenes- le decepcionó pronto y decidió formarse por su cuenta leyendo vorazmente en las Bibliotecas y comprando libros cuando podía, pero lo que a Ramón J. Sender le atraía verdaderamente eran su vocación de escritor y las actividades revolucionarias con grupos de obreros anarquistas, no importándole meterse en conflictos políticos por graves que parecieran.

Su padre, D. José Sender, fue a Madrid y obligó a su hijo a volver a casa, dado que este era menor de edad. Entonces, en Huesca, dedicó todas sus energías a la publicación de un periódico, La Tierra, diario que formaba parte de la Asociación de Labradores y Ganaderos del Alto Aragón. Como por su edad, 18 años, no podía ser oficialmente director, en este puesto figuraba el nombre de un abogado amigo suyo, aunque era el joven Ramón J. quien lo dirigía y lo llevaba a cabo con gran esfuerzo y entusiasmo.

Al cumplir los 21 años (1922), tuvo que ingresar en el ejército. Intervino -como soldado, cabo, sargento, suboficial y alférez de complemento- en la Guerra de Marruecos, durante los años 1922-24.

Al regresar de Marruecos, ya libre del servicio militar, ingresó en la redacción de El Sol, el periódico quizá más prestigioso de España en aquellos tiempos. Escribía toda clase de artículos y corregía manuscritos y pruebas.

En estas actividades periodísticas, de gran valor para su formación de escritor, trabajó desde 1924 a 1930. Por estas fechas, era un periodista altamente cotizado y sus novelas -especialmente Imán, basada en la guerra de Marruecos, y que se tradujo a varias lenguas- se publicaban en grandes ediciones.

Siguió colaborando con otros periódicos, tales como Solidaridad Obrera (de la C.N.T.) y La Libertad. Además continuaba participando activamente en las revueltas anarquistas. En 1927 (Ramón J. Sender tenía entonces 26 años) estuvo en la cárcel Modelo de Madrid a consecuencia de sus actividades revolucionarias contra el régimen del General Primo de Rivera.

A fines de 1933 y principios de 1934, estuvo algunos meses en Rusia. En este período y hasta la Guerra Civil Española (1936) se mostraba decepcionado por la falta de sentido de organización de los anarquistas y se aproximó, atraído primero y decepcionado después, a los comunistas, aunque nunca perteneció al partido.

En 1933 se produjo un suceso que le causó un malestar inconcebible: la represión sangrienta de Casas Viejas, aldea de la provincia de Cádiz, donde unos pobres campesinos se habían sublevado. Arriesgando la vida, Ramón J. Sender fue a Casas Viejas pocos días después, se informó detalladamente de los hechos, como buen periodista, y los denunció duramente, con la crudeza de la verdad, en una serie de artículos que se publicaron en La Libertad y luego en el libro Viaje a la Aldea del Crimen (1934).

La denuncia tuvo serias repercusiones y el Gobierno de Azaña tuvo que dimitir. En 1935 obtuvo el Premio Nacional de Literatura por su novela Mister Witt en el Cantón.

Al estallar la Guerra Civil (1936), se encontraba con su mujer, Amparo Barayón, y sus dos hijos (un niño de dos años y medio y una niña de seis meses) veraneando en San Rafael, un pueblo de la sierra del Guadarrama, al norte de Madrid.

Las tropas de Franco ocuparon esta zona y Ramón J. Sender decidió que su mujer e hijos se fueran a Zamora, con la familia de ella. Él pasó de noche las líneas del frente en medio de constantes peligros y se incorporó como soldado a una columna republicana que llegaba de Madrid.

En el mes de octubre mataron a su mujer en Zamora. Al quedar sus hijos desamparados en la zona de Franco, ya en 1937, pasó a Francia y pudo sacarlos por medio de la Cruz Roja Internacional, reuniéndose con ellos en Bayona, dejándolos en Pau al cuidado de dos muchachas aragonesas.

Volvió a Barcelona y pidió que le enviaran al frente de Aragón, al Segre, con las tropas de la C.N.T., pero los comunistas, por conflictos entre ellos y los sindicalistas, y desconfiando de Sender, no se lo permitieron.

Consiguió, por esta época, viajar a Francia y estar dos meses con sus hijos. El gobierno republicano lo envió entonces a Estados Unidos a dar una serie de conferencias en Universidades y otros centros para presentar la causa de la República.

Luego, se le encargó la fundación en París de una revista de propaganda de guerra titulada La Voz de Madrid. Las dificultades en España continuaban, y los conflictos violentos dentro las facciones que se disputaban el poder llegaron a decepcionarle tanto que decidió salir de España.

A fines de 1938, pasó otra vez a Francia y ya no regresó. Estuvo viviendo en Orsay, cerca de París, de los derechos de autor que tenía depositados en el extranjero. Ofreció varias veces sus servicios a los comunistas, pero éstos lo rechazaron. Sólo cuando Barcelona cayó en poder de Franco le invitaron a regresar, pero viendo que España no tenía ya solución decidió marcharse con sus hijos a México

Tras pasar por un campo de concentración, en marzo de 1939 (la guerra acabaría en abril) se embarcó como tantos exiliados hacia México, donde vivió hasta 1942, año en que se trasladó a Estados Unidos, donde fue profesor de literatura en varias universidades. Entre 1950 y 1954 tuvo lugar la Caza de brujas con la que el senador ultraderechista McCarthy quiso “limpiar de rojos” los EEUU. Ramón J. Sender se vio forzado a firmar un furibundo manifiesto anticomunista para no perder su empleo en la Universidad de San Diego.

En esta época se volvió a casar y tuvo otros dos hijos, pero las constantes infidelidades por su parte motivaron la disolución de su familia. Sobre esta última época de su vida es reveladora la activa correspondencia que intercambió con la escritora Carmen Laforet, a quien conoció cuando ella viajó a los Estados Unidos en 1965; ahí se testimonia la grandeza y generosidad de Sender, y su difícil o imposible acomodamiento a la realidad de la vejez.

En esta etapa su producción literaria aumentó considerablemente. En 1960 publicó Requiem por un campesino espanol, ambientada en la Guerra Civil española. Sender regresó a España cuando le concedieron el Premio Planeta por En la vida de Ignacio Morell (1969) y pasó allí largas temporadas a partir de 1976, declarando su intención de volver de nuevo para fijar ya su residencia en su país natal. En 1980 solicitó desde San Diego (California) recuperar la nacionalidad española y renunciar a su nacionalidad estadounidense. Murió dos años después en Estados Unidos, el 16 de enero de 1982.

Para conocer más sobre Ramón J. Sender y su obra, podéis ver una de las últimas entrevistas que se le hicieron, de la mano del periodista Joaquín Soler Serrano para su mítico programa “A fondo”, a finales de los años setenta.

Some content on this page was disabled on April 6, 2016 as a result of a DMCA takedown notice from Libros del Asteroide, SL. You can learn more about the DMCA here:

https://en.support.wordpress.com/copyright-and-the-dmca/





Personajes ilustres de nuestra historia: Arturo Barea

29 05 2011

Arturo Barea Ogazón nació en Badajoz el 20 de septiembre 1897 en el seno de una humilde familia. Su madre era una lavandera y asistenta que quedó viuda al poco de nacer él. Su madre y hermanos se trasladaron entonces a Madrid. Barea fue educado al poco tiempo al principio por unos tíos acomodados (su madre y hermanos siguieron con su vida humilde), pero al morirse también el tío, dejó los estudios a los trece años.

Trabajó entonces de aprendiz en un comercio, y luego en un banco hasta 1914. Le llamaron a filas en 1920; y tuvo que ir a Marruecos, donde vivió la derrota de Annual en 1921.

Autodidacta, desde muy joven sintió una clara conciencia social, lo que le llevo a tener una marcada ideología de izquierdas, sin llegar a militar en ningún partido político.

Se casó en 1924, y tuvo cuatro hijos, pero el matrimonio no fue afortunado. Con la II República se incorpora a la vida sindical en UGT. Durante la Guerra Civil española apoyó al bando republicano como censor de los corresponsales extranjeros en Madrid y realizando diversas misiones de carácter cultural y propagandístico.

En plena guerra publicó un libro de cuentos donde narraba los bombardeos que sufría Madrid y el terror de la población ante ellos, que tenía por título Valor y miedo. Como simple curiosidad, podemos comentar que en uno de ellos narró los bombardeos que sufrió Vallecas en los primeros meses del cerco de Madrid por las tropas franquistas.

Tras la Guerra Civil y después de casarse con la periodista austriaca Ilse Kulcsar, marchó a Londres en un largo exilio del que jamas retornó.

En Londres trabajó como periodista y crítico literario para la radio, la BBC, en sus programas especiales en castellano radiados para América Latina.

Arturo Barea solicitó y obtuvo la nacionalidad inglesa, para tener una mejor forma de sobrevivir en el duro exilio.

Entre 1941 y 1946 apareció la versión inglesa de la trilogía de carácter autobiográfico La Forja de un Rebelde, compuesta por tres libros: La Forja, La Ruta y La Llama.

Aunque La Forja de un Rebelde fue publicada en español en 1951, en Argentina, no se publicó en España hasta 1978, ya en plena Democracia, por la Editorial Turner.

En 1990, Televisión Española emitió una serie basada en La forja de un rebelde, con adaptación televisiva de Juan Antonio Porto y dirección de Mario Camus. Es la serie más cara rodada por TVE y en ella destacaba el concienzudo recreamiento histórico de los escenarios.

Esta trilogía es una autobiografía en la que Barea describe la España de las cuatro primeras décadas del siglo veinte o, mejor, la vida de un modesto personaje madrileño y sus afanes y dificultades frente a la dura supervivencia. En ella se retrata tanto lo colectivo como lo individual, con un estilo pleno de fuerza, que le da la riqueza experimental de narrar lo vivido anteriormente. Sin duda nos encontramos ante una de las mejores novelas que han retratado Madrid desde el principio del siglo veinte hasta el asedio vivido por la capital durante la Guerra Civil, sin olvidar la descripción de la terrible Guerra de Marruecos, poco tratada en la narrativa española.

En 1952 apareció en inglés y luego, en 1955, en español la novela La raíz rota, que trata sobre el regreso de un exiliado y las dificultades de la readaptación a su país de origen.

Escribió también algunos ensayos como Lorca, el poeta y su pueblo (1944) o Unamuno (1952).

Arturo Barea Ogazón murió en Londres en 1957, después de casi 20 años de exilio, del que nunca volvió pues descansa en una tumba en Oxfordshire (Reino Unido).

Tras su muerte se publicó, en 1960, El centro de la pista, libro que reúne una serie de relatos dispersos, de carácter menor, ya publicados anteriormente.

Posteriormente, en el año 2000, el ensayista inglés Nigel Townson y la Editorial Debate publicaron dos volúmenes que recogen una edición corregida, y con anotaciones, de La forja de un rebelde, y otro, Palabras recobradas, que reúne diverso material: ensayos, charlas en la BBC, cartas personales y artículos para La Nación de Buenos Aires.

La serie que TVE hizo sobre la trilogía de La forja de un rebelde está disponible en el archivo de la cadena de televisión. Para acceder a ella, haced click sobre el enlace.

LA FORJA DE UN REBELDE





Personajes ilustres de nuestra historia: Clara Campoamor

28 05 2011

Clara Campoamor Rodríguez nació el 12 de febrero de 1888 en el seno de una familia madrileña. Su padre, Manuel Campoamor Martínez, fue contable en un periódico de Madrid, y su madre, Pilar Rodríguez Martínez, era costurera. Después de desempeñarse en varios oficios, entre ellos el de telefonista, sacó plaza de funcionaria en Correos. Entró a trabajar en el periódico maurista La Tribuna como secretaria del director, un puesto que le permitió conocer gente y donde comenzó a interesarse por la política. En 1920 se matriculó como estudiante en la escuela secundaria (que termina en dos años) y luego en la Facultad de Derecho, donde obtuvo un título en sólo dos años.

A los 36 años se convirtió en una de las pocas abogadas españolas y de inmediato comienza a ejercer su profesión. Sus ideas sobre la igualdad de las mujeres la acercaron al PSOE y escribió el prólogo del libro Feminismo Socialista de María Cambrils, dedicado a Pablo Iglesias. Pero nunca se incorporó al partido ni aceptó la colaboración de este con la dictadura de Miguel Primo de Rivera.

En 1929 perteneció al comité organizador de la Agrupación Liberal Socialista, que desapareció poco tiempos después. Campoamor y Matilde Huici, republicanas y enemigas del régimen de Primo de Rivera, quisieron sin éxito que la Agrupación se desmarcara de la Dictadura, motivo por el que la abandonaron poco después de ingresar.

Mantuvo una gran actividad como conferenciante en la Asociación Femenina Universitaria y en la Academia de Jurisprudencia, defendiendo siempre la igualdad de derechos de la mujer y la libertad política.

Trabajó con Martí Jara, amigo de Manuel Azaña en el embrión de Acción Republicana, en cuyo Consejo Nacional figuró al principio. Pero, nunca logró su ideal estratégico: la unión de todos los republicanos y republicanas en un gran partido de centro con Azaña como delfín natural de Alejandro Lerroux.

Después de la rebelión de Ángel García Hernández y Fermín Galán en Jaca, y el proceso contra el Comité Revolucionario, Clara asumió la defensa de algunos de los implicados, entre ellos su hermano Ignacio.

Al proclamarse la Segunda República, Clara Campoamor fue elegida diputada -en 1931 las mujeres podían ser elegidas, pero no ser electoras- integrando las listas del Partido Radical, al que se había afiliado por proclamarse este “republicano, liberal, laico y democrático”: su propio ideario político.

Formó parte de la Comisión Constitucional integrada por 21 diputados, y allí luchó eficazmente para establecer la no discriminación por razón de sexo, la igualdad jurídica de los hijos e hijas habidos dentro y fuera del matrimonio, el divorcio y el sufragio universal, a menudo llamado “voto femenino”. Consiguió todo, excepto lo relativo al voto, que tuvo que debatirse en el Parlamento.

La izquierda, con la excepción de un grupo de socialistas y algunos republicanos, no querían que la mujer votase porque se suponía que esta estaba muy influenciada por la Iglesia y estaría a favor de la derecha. Por ello, el Partido Radical Socialista puso frente a Clara a otra reconocida diputada, Victoria Kent, contraria al voto de las mujeres.

El debate fue extraordinario y Campoamor fue superior. Finalmente, la aprobación del sufragio femenino se logró con el apoyo de la minoría de derechas, gran parte de los diputados del PSOE -excepto el sector encabezado por Indalecio Prieto- y algunos republicanos.

En 1933 no renovó su escaño, y en 1934 abandonó el Partido Radical por su subordinación a la CEDA y los excesos en la represión de la insurrección revolucionaria en Asturias. Pero cuando ese mismo año, intentó (con la mediación de Santiago Casares Quiroga) unirse a Izquierda Republicana (fusión de radicalsocialistas, azañistas y galleguistas), su admisión fue denegada.

Entonces escribió y publicó, en mayo de 1935, Mi pecado mortal. El voto femenino y yo, un testimonio de sus luchas parlamentarias.

Al estallar la guerra civil se exilió y, en 1937, publicó en París La revolución española vista por una republicana. Vivió una década en Buenos Aires y se ganó la vida traduciendo, dando conferencias y escribiendo biografías (Concepción Arenal, Sor Juana Inés de la Cruz, Quevedo). Intentó regresar a España a fines de la década de 1940, pero se encontró con que estaba procesada por su pertenencia a una logia masónica.

En 1955 se instaló en Lausana (Suiza), y trabajó en un bufete hasta que perdió la vista. Murió de cáncer en abril de 1972. Sus restos mortales fueron traslados algunos años después de su muerte al cementerio de Polloe en San Sebastián (Guipúzcoa), permanece en el panteón de la familia Monsó Riu por ser madrina de la familia.

Tras la Transición se llevaron a cabo homenajes y reconocimientos que son valorados como escasos por organizaciones pro igualdad de la mujer. Institutos, colegios, centros culturales,asociaciones de mujeres, parques y calles recibieron su nombre. La Secretaría de Igualdad del PSOE instituyó los Premios Clara Campoamor que reconocen anualmente a aquellas personalidades o colectivos que se hayan significado en la defensa de la igualdad de la mujer.

En 2006, en el 75º aniversario de la aprobación del sufragio universal en España, diversos colectivos comenzaron una campaña para pedir el reconocimiento por parte del Congreso de los Diputados de sus aportaciones con la colocación de un busto en sus instalaciones.

En noviembre de ese mismo año, el PSOE editó una proposición no de ley solicitando al Gobierno del mismo partido que las políticas de igualdad tuvieran también su reflejo en la acuñación del euro. La figura femenina elegida para que apareciera en las futuras monedas de euro fue la de Clara Campoamor, por ser la principal defensora del voto femenino en la Segunda República, proposición que finalmente fue aprobada el martes 12 de junio de 2007, por el Pleno del Congreso, con el apoyo de todos los grupos parlamentarios salvo el PP, que se abstuvo.

A partir de la transición política innumerables ayuntamientos españoles le han dedicado calles y avenidas en sus localidades.

En 2007, el Ministerio de Fomento botó el Buque Polivalente B-32 Clara Campoamor, bautizado en su honor, operado por la Sociedad de Salvamento y Seguridad Marítima.

En 2011 la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre acuñó una moneda conmemorativa en plata con valor facial de 20 euros, con motivo centenario del Día Internacional de la Mujer que muestra la efigie de Clara Campoamor.

Para más información sobre la vida y obra de Clara Campoamor, podéis escuchar el programa que le dedicó Juan Antonio Cebrián al debate que sostuvo Clara Campoamor con Victoria Kent en las Cortes.

En el mes de marzo de este año, RTVE ha emitido una dramatización del debate en el que intervino Clara Campoamor en las Cortes republicanas. Para acceder al programa completo, haced click sobre el siguiente enlace.

CLARA CAMPOAMOR. LA MUJER OLVIDADA

 





Personajes ilustres de nuestra historia: Federica Montseny

28 05 2011

Federica Montseny nació en Madrid el 12 de febrero de 1905. Era hija de Juan Montseny y Teresa Mañé (Federico Urales y Soledad Gustavo, según los seudónimos con los que se les conoció en su febril actividad social y propagandística), ambos militantes en las ideas libertarias. En la concepción revolucionaria de Federico Urales, la necesidad de extender la educación a todos los grupos sociales constituía un eje fundamental: la liberación de hombres y mujeres sólo podría alcanzarse por medio de la adquisición de conocimientos. Y así, Federica Montseny obtuvo desde el principio todos las energías y capacidades de sus padres para formarse.

Un fuerte sentido de la libertad determinaría, además, todo su proceso de aprendizaje. Libertad personal, poder de decisión, elección de su forma de vida, fueron los cimientos de la idea de mujer que, por otra parte, Teresa Mañé transmitió a su hija. El teatro, para el que su padre escribió innumerables obras, formó también buena parte de la educación de Federica que, asistiendo también a los cursos libres de la Universidad de Barcelona, completó así una instrucción que la haría desmarcarse ampliamente de las mujeres de su tiempo.

Mítines y manifestaciones formaron también parte de la vida adolescente de Federica. Con apenas doce años ya acompañaba a sus padres en la actividad militante que no abandonó a ninguno en sus agitadas vidas. En el Café Español conoció Federica a Salvador Seguí, el Noi del Sucre, líder sindicalista del momento, y a Luis Companys, más tarde presidente de la Generalitat catalana. En un mitin por esos días oyó por primera vez a Ángel Pestaña. Todos ellos, cruciales personajes de la historia social y política de España, más tarde compartieron con Federica las convulsas luchas obreras y la trágica Guerra Civil.

A finales de 1920, con quince años, Federica Montseny escribió su primera novela, Peregrina de amor, que quemó poco después. Al poco tiempo comenzó la redacción de una obra sobre la Barcelona obrera: La tragedia del pueblo, cuyo destino fue también el fuego. A los diecisiete años comenzaron sus colaboraciones en la prensa anarquista, utilizando (para no aprovechar la fama de su apellido) un seudónimo: Blanca Montsan.

En 1923, con dieciocho años, ingresó en la C.N.T. (Confederación Nacional del Trabajo), la gran central sindical anarquista de la época, afiliándose en el sindicato de Oficios Varios de Sardañola. Fue en aquel tiempo cuando recibió la oferta de Ángel Pestaña, a la sazón director del periódico, de colaborar en Solidaridad Obrera, órgano decano de la prensa confederal. Federica tendría desde entonces a su cargo la sección de “Relieves sociales”.

Federica se incorporó asimismo al equipo director de la Revista Blanca, órgano teórico del anarquismo español que se publicó bimensualmente entre junio de 1923 y 1936 y en cuya primera época (1898-1905) habían colaborado con asiduidad Unamuno, Clarín, Baroja, Pérez Galdós o Pablo Iglesias. Allí se dio a conocer a través de sus muchos escritos y de los que publicó en otra cabecera anarquista -en este caso semanal-: El luchador. Periódico de sátira, crítica, doctrina y combate. Ambas publicaciones fueron las fuentes más importantes de divulgación de su pensamiento, vertido en unos seiscientos artículos.

Desde 1932 Federica Montseny comenzó a intervenir en diversas giras que, muy usuales en aquellos años, recorrían distintas zonas del país divulgando las ideas sindicalistas y revolucionarias. Participó en múltiples mítines, y sus discursos comenzaron pronto a recogerse en panfletos. En 1933 Federica dio a luz a su primera hija (a la que llamó Vida), fruto de la que sería una larga relación con el también militante anarquista Germinal Esgleas. Ello no supuso sin embargo su alejamiento del trabajo organizativo ni literario.

En este último campo, Federica Montseny escribió alrededor de cincuenta relatos para la Revista Blanca en dos series llamadas La Novela Ideal y La Novela Libre. Dos de estos relatos, La victoria y El hijo de Clara, abordaron el problema de la libertad femenina, asunto del que Federica Montseny se ocupó durante toda su vida. A estas obras siguió una tercera, La indomable, novela en buena medida autobiográfica, en la que, como en las anteriores, la autonomía de las mujeres y su derecho al libre albedrío configuraban las bases de la trama.

Miembro destacado de la F.A.I. (Federación Anarquista Ibérica), el ala más radical de la C.N.T., Federica Montseny mantuvo implacablemente un enfrentamiento dialéctico con sus compañeros del sector más moderado, conocido como “Treintistas” -por haber firmado el “Manifiesto de los Treinta”-, lo que la acercó a las posiciones de hombres como García Oliver, Ascaso, Durruti y otros, y la situó frente a dirigentes como Ángel Pestaña o Joan Peiró.

La crucial cuestión ética que tuvo que enfrentar la C.N.T. a los pocos meses de comenzar la Guerra Civil, durante el gobierno de Largo Caballero, que opuso sus principios anarquistas a la colaboración gubernamental a la que se vio abocada la organización, afectó profundamente a Federica Montseny. En efecto, de los cuatro ministros confederales que fueron nombrados como representantes de la C.N.T. en el gobierno y que ocuparon las carteras de Justicia, Comercio, Sanidad e Industria, uno fue Federica Montseny.

Sus escrúpulos ideológicos y la presión a la que fue sometida por parte del sector más purista para que se negase a aceptar el cargo fueron difíciles de superar. A pesar de ello y de las serias divisiones que la decisión ocasionó en las filas libertarias, Federica -y los otros tres compañeros- aceptaron, considerando su intervención en el gobierno imprescindible para vertebrar la defensa frente al ejército rebelde.

Federica Montseny se convirtió así en la primera mujer en la historia de España en ocupar un cargo de esas características. Ostentó el puesto de ministra de Sanidad y Asistencia Social desde el 5 de noviembre de 1936 hasta el 17 de marzo de 1937. Si bien pocas reformas podían acometerse en el contexto turbulento de la guerra y en medio de las inacabables querellas interpartidistas dentro del gobierno, Federica promulgó desde su ministerio un decreto legalizando el aborto. Incorporó también a sus competencias la labor de atención a los refugiados.

Las charlas y las conferencias no dejaron de formar parte de su actividad. Algunas de éstas se publicaron posteriormente, entre ellas El anarquismo militante y la realidad española o La Comuna de París y la Revolución Española. Entre los ensayos escritos durante el período de la Guerra Civil cabe resaltar Los precursores: Anselmo Lorenzo, el hombre y la obra, de 1938 (año en el que dio a luz a su segundo hijo, Germinal).

El 26 de enero de 1939 toda la familia Montseny partió al exilio francés, huyendo del avance del ejército franquista. En junio de 1940 sufrirían un segundo éxodo: esta vez huían, junto a miles de franceses, de las tropas nazis. El exilio no supuso, no obstante, el fin de la militancia política de Federica Montseny, que se integró en el S.E.R.E. (Servicio de Evacuación de los Refugiados Españoles) y colaboró en el embarque de los refugiados en mayor peligro, con destino a América.

Durante los posteriores años de la ocupación nazi, un alias, Fanny Germain, sirvió a Federica de protección frente a la persecución de los alemanes, que no obstante la persiguieron hasta la “Francia Libre”. Detenida finalmente, el hecho de estar nuevamente esperando un hijo la libró de ser enviada a España, aunque pasó un tiempo en las cárceles francesas. En 1942 nació su tercera hija, Blanca. Tras la liberación de Francia por las tropas aliadas, en noviembre de 1944 los Montseny se instalaron en Toulouse, donde Federica pudo reanudar su trabajo de cara a reorganizar el movimiento libertario de oposición al franquismo.

No fue sino con la restauración de la democracia en España en 1977, que Federica Montseny pudo regresar a su país. Durante su largo exilio viajó a Suecia, México, Canadá, Inglaterra e Italia, si bien fijó su residencia en Francia, prosiguiendo su actividad militante con múltiples conferencias. Durante este largo período no dejó de publicar diversos títulos, entre los que destacan Mujeres en la cárcel (1949), Cien días de la vida de una mujer (1949), Heroínas (1964). El éxodo. Pasión y muerte de los españoles en el exilio (1969) y su libro de memorias Mis primeros cuarenta años, aparecido en 1987, cuando contaba ochenta años. Fundó asimismo, junto a su compañero Germinal Esgleas, el semanario L’Espoir. Falleció el 14 de enero de 1994, a los ochenta y ocho años de edad.

Para más información sobre Federica Montseny, podéis ver el documental de Pedro Gil Paradela que forma parte de la serie Mujeres, dirigida por Silvia Arlet y producida por TVE.

1. Federica Montseny (1 de 6):

2. Federica Montseny (2 de 6):

3. Federica Montseny (3 de 6):

4. Federica Montseny (4 de 6):

5. Federica Montseny (5 de 6):

6. Federica Montseny (6 de 6):