Personajes ilustres de nuestra historia: Basilio Paraíso Lasús

30 04 2011

Basilio Paraíso Lasús nació en Laluenga (Huesca) el 14 de junio de 1849. Hijo de un maestro de primeras letras, siguió enseñanzas en el Instituto de Huesca, trasladándose posteriormente a Zaragoza con la intención de proseguir en ella sus estudios.

Basilio Paraíso

Sin embargo, tuvo que abandonarlos por necesidades económicas. Comenzó así a trabajar en distintos oficios hasta colocarse como escribano de actuaciones en el Juzgado del Pilar de la capital zaragozana.

Aprovechando la libertad de enseñanza reconocida por la Revolución de 1868, Basilio Paraíso obtuvo la licenciatura en Medicina por la Universidad zaragozana.

Pero no era aquélla su vocación. Interesado por el mundo de los negocios, estableció el año 1876, asociándose a Tomás Colandrea, un taller de fabricación de espejos y una tienda para la venta de los mismos. Esta sociedad, conocida como “La Veneciana”, adquirió en los últimos años del siglo XIX una notable proyección nacional que obligó a la apertura de nuevos establecimientos en las ciudades de Madrid y Sevilla.

Defensor del ideario republicano desde su juventud, Paraíso perteneció al partido de Ruiz Zorrilla. Pero a la muerte de éste, el año 1895, se desvinculó de la política activa, sin renunciar por ello, como nunca lo hizo, ni aún en las épocas de más estrecha colaboración con la Monarquía, a sus convicciones ideológicas.

Dedicado enteramente desde los comienzos de la Restauración a la gestión empresarial, fue adquiriendo, por su capacidad organizadora y el dominio demostrado en la actividad comercial e industrial, un creciente prestigio en el ámbito zaragozano. Ello le permitió acceder a los puestos directivos de las más relevantes instituciones económicas locales: el Centro Mercantil y la Cámara Oficial de Comercio y la Industria de Zaragoza.

Basilio Paraíso llegó a la presidencia de esta sociedad en 1893, cargo que desempeñó hasta 1919, año en que presentó su dimisión, tanto por problemas de salud como por el hecho de haber fijado definitivamente su residencia en Madrid, continuando hasta el año 1930 como presidente honorario. Al frente de ella, desarrolló una eficaz labor de organización y promoción de la economía local, apoyada en su notable actividad como publicista.

Dos años más tarde, en 1895, intervino, como accionista fundador, en la creación de la sociedad editorial Heraldo de Aragón, a cuyo consejo de administración perteneció como vocal.

En la perspectiva regeneracionista ha de situarse la celebración de la Asamblea de las Cámaras de Comercio, en Zaragoza, a finales de noviembre de 1898, bajo la presidencia de Basilio Paraíso, coincidiendo de hecho con el Mensaje-Programa elaborado ese mismo mes en Barbastro (Huesca) por la Cámara Agrícola del Alto Aragón, de la que era presidente Joaquín Costa.

La convocatoria de una nueva asamblea por parte de la Cámara Agrícola del Alto Aragón en febrero de 1899, invitando a participar en ella, además de las corporaciones afines, a todas aquéllas relacionadas con el mundo del trabajo y la producción, anunció el encuentro de las llamadas “fuerzas vivas” de la nación en un intento por coordinar y hacer más efectiva la acción regeneradora.

Surgió así la Liga Nacional de Productores que, al año siguiente, en Valladolid, se integró con las Cámaras de Comercio, formando la Unión Nacional, cuyo directorio compartieron Basilio Paraíso, Joaquín Costa y Santiago Alba.

En 1901, en las primeras elecciones a las que se presentó la Unión Nacional, Basilio Paraíso obtuvo un escaño por Zaragoza en el Congreso de los Diputados. Sin embargo, los resultados generales alcanzados por la Unión Nacional en España no fueron especialmente significativos.

Las disputas internas en el seno del Directorio, los intereses contrapuestos de los distintos sectores que apoyaban a aquélla, y una cierta indiferencia de la masa electoral —para la cual los representantes de la Unión, mezclados en el juego parlamentario, no se diferenciaban básicamente de los llamados políticos de oficio— determinaron su rápida disgregación, no presentándose ya a las urnas, como tal fuerza política, en las elecciones de 1903.

En esta etapa inicial del reinado de Alfonso XIII se organizó en Zaragoza, el año 1908, la Exposición Internacional Hispano-Francesa conmemorativa del I Centenario de los Sitios. La destacada participación de Paraíso en la organización de este certamen fue premiada por la corporación municipal con su nombramiento como hijo adoptivo de la ciudad, siendo designado paralelamente por el gobierno de la nación como senador vitalicio.

Deseoso de incrementar por otra parte el significado del comercio exterior español, estimulando a tal fin la propia producción industrial, Paraíso llevó a cabo un viaje a Marruecos en 1910, que le permitió conocer especialmente las posibilidades de penetración mercantil que ofrecían Tanger y Tetuán, los dos mercados más importantes del territorio africano.

En un contexto de obligada proyección internacional, resultaba indispensable, en su opinión, la intervención del Estado regulando las tarifas de los ferrocarriles; en caso de no contar con un medio barato de transporte, Aragón se vería incapacitado para dar salida a sus productos, no pudiendo así asumir la parte activa que debía corresponderle en el desenvolvimiento de los intereses españoles en dicho territorio.

En la época de la primera guerra mundial Basilio Paraíso fue designado por el conde de Romanones (diciembre de 1916) presidente del comité ejecutivo de la Junta Central de Subsistencias, encargada de regular la producción, los niveles de precios, y el comercio en general del país. Equiparable de hecho tal presidencia a una cartera ministerial, renunció a ella en el mes de marzo de 1917, a causa de las divergencias existentes en el propio gobierno, como pórtico de la crisis total que en el mes de abril llevó a García Prieto a la presidencia del Consejo de Ministros.

En la década de 1920, a pesar de su avanzada edad, continuó desarrollando una notable labor, principalmente en la dirección del Consejo Superior de Cámaras de Comercio, industria y Navegación, y como vocal del Consejo Superior Ferroviario, sumada a continuos artículos y colaboraciones en la prensa madrileña.

Enemigo de homenajes y condecoraciones, fue un ardiente defensor de todo lo aragonés, cuyo pasado definía como una permanente «lección», no considerando admisible el descuido que en las escuelas se tenía sobre la lectura y explicación de la historia aragonesa. Basilio Paraíso murió en Madrid el 29 de abril de 1930.

Para más información sobre la vida de Basilio Paraíso, podéis ver este video:


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