Personajes ilustres de nuestra historia: Jerónimo Zurita

25 04 2011

Jerónimo Zurita nació en Zaragoza en 1512 en el seno de una ilustre familia. Su padre, Miguel de Zurita, fue médico de Fernando el Católico y de Carlos I. Estudió en Alcalá de Henares retórica, latín y griego con el conocido helenista Hernán Núñez. No dejó de aprender además varias lenguas modernas, como el francés, el italiano, el portugués, y el catalán.

Jerónimo Zurita

En 1530 consiguió el puesto de magistrado de la ciudad de Barbastro y continuo de la Casa Real, para, poco más tarde, ser nombrado baile de Huesca.

En 1537 fue nombrado asistente-secretario de la Inquisición al servicio del cardenal Juan Tavera, que desempeñaba los cargos de miembro del Consejo de Estado, inquisidor general y arzobispo de Toledo.

En 1548 fue nombrado cronista del Reino de Aragón y en 1566 Felipe II lo nombró secretario para el concilio de la Inquisición, y secretario de su Consejo y Cámara, delegando en él todos los asuntos de suficiente importancia como para requerir la firma del rey.

Zurita obtuvo una sinecura en Zaragoza y renunció a sus anteriores cargos el 21 de enero de 1571 para dedicarse por completo a la composición de sus Anales de la Corona de Aragón, cuyo primer tomo apareció en 1562. Vivió para ver el último volumen publicado en Zaragoza el 22 de abril de 1580. Murió el 3 de noviembre de ese mismo año.

Aunque el estilo de su prosa es mediocre, Zurita inició con esta obra una aproximación científica a la historia de España, viajando para examinar documentos y sopesando opiniones. Fue la primera historia española que no empezó por Noé. Está escrita a la vista de abundantísimos documentos originales y, en este sentido, Zurita es el primer historiador español que hace verdadera historia. Sus juicios son íntegros y honrados; es concienzudo e imparcial, aun cuando su estilo resulte redundamente árido y monótono.

Entre sus obras hay que destacar su obra monumental, los Anales de la Corona de Aragón, cuyo último volumen se editó el mismo año del fallecimiento de su autor. Los Anales de la Corona de Aragón se inician con un breve prólogo en el que se limita a advertir de las dificultades de conocer los orígenes de los pueblos. Su relato comienza desde la invasión musulmana de la península ibérica llegando hasta la vida y obra de Fernando II el Católico inclusive, a quien va a dedicar otra obra que completa la de los Anales, y que tituló Historia del rey don Fernando el Católico. De las empresas y ligas de Italia.

Enlace de la obra

El propósito de Zurita en esta obra será historiar con la máxima honradez, desechando las consejas; para ello desprecia lo ya escrito y vuelve a considerar las fuentes o documentos, que extracta con todo detalle, incluso copiando las mismas palabras textuales. Para la exposición del relato adopta el método cronológico, siguiendo la sucesión correlativa de los años y trata de todo: la política, las instituciones, la vida religiosa, etc.

Zurita utilizó numerosas lecturas que había llevado a cabo en riquísimas bibliotecas; parte de los libros que utilizó para escribir sus Anales se encuentran en la actual Biblioteca de El Escorial.

Su obra es muchas veces una auténtica Historia nacional e incluso peninsular, pues le preocupa Portugal. Así que los Anales, sobre todo, son un verdadero arsenal de datos, y sólo se resiente su constante objetividad cuando a veces acepta relatos sacados de fuentes literarias.

Escribió también unos Indices rerum ab Aragoniae regibus gestarum (editados en Zaragoza en 1578), en donde añadió Zurita las historias de Sicilia escritas por fray Gualberto de Malaterra, fray Alejandro abad de San Salvador de Colesina y el Abolorio de Roberto Guiscardo y sus sucesores. Los Indices comprenden la Historia de Aragón hasta la muerte del rey Martín I.

Otra importante obra crítica fueron sus Enmiendas y advertencias a las crónicas de don Pedro, don Enrique el segundo, don Juan el primero y don Enrique el tercero que escribió don Pedro López de Ayala, que editaría más tarde Diego José Dormer en 1683; de signo parecido son sus comentarios a los Claros Varones de Pulgar y a las obras de otros historiadores.

Una obra modelo por su crítica es su Antonini Augusti itinerarium, que editaría Schott en Colonia en 1600; y no menos interesantes fueron sus trabajos genealógicos (en parte inéditos) y numerosas cartas cruzadas con eruditos de su tiempo.


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