Personajes ilustres de nuestra historia: Juan de Austria

23 04 2011

Juan de Austria, hijo natural de Carlos V, sirvió la mayor parte de su vida como militar al mando de su hermanastro Felipe II de España.

Nació en Ratisbona (Alemania) en 1545. Fue bautizado en realidad como Jerónimo (Jeromín), criado en Castilla y no conoció a su padre hasta que éste le mandó llamar en su retiro de Yuste (Extremadura) en 1556. Fue Felipe II quien, siguiendo la indicación testamentaria de su padre, le reconoció como miembro de la familia real y le puso el nombre de Juan de Austria, otorgándole honores y rentas dignas de un infante (1559).

Juan de Austria completó su educación en la Universidad de Alcalá de Henares, pero rehusó dedicarse a la carrera eclesiástica. Su decidida vocación militar hizo que el rey le pusiera al mando de una escuadra para combatir a los piratas berberiscos en el Mediterráneo (1568); luego demostró sus dotes militares dirigiendo la represión de la sublevación de los moriscos del reino de Granada (1569).

Aquel éxito le permitió culminar su carrera militar, al obtener el mando supremo de la flota de la Liga Santa que formaron España, Venecia y el Papado contra los turcos (1570); frente a la estrategia defensiva que preconizaban sus consejeros más prudentes, don Juan de Austria impuso su criterio de buscar a la flota turca y hundirla, lo que consiguió en la batalla de Lepanto (1571).

El resonante éxito de Lepanto, que puso fin al poderío turco en el Mediterráneo, avivó las ambiciones de Juan de Austria: Felipe II hubo de descartar prudentemente sus planes de aprovechar la situación para una gran expansión territorial por el Mediterráneo; también rechazó sus demandas de ser reconocido oficialmente como infante con tratamiento de alteza.

Quizá para poner fin a sus ambiciones, el rey le envió como gobernador a los Países Bajos (1576), puesto enormemente difícil en el que ya habían fracasado el duque de Alba y Luis de Requeséns, incapaces de poner fin a la rebelión protestante; para convencerle le insinuó la posibilidad de lanzar más adelante una invasión de Inglaterra y colocarle como rey de aquel país junto a María Estuardo.

Pronto comprendió don Juan lo inviable de aquel proyecto, mientras fracasaba día a día en su intento de contener la rebelión de los Países Bajos. Poco consiguió con su compromiso de retirar los Tercios y de respetar las libertades flamencas a cambio de que los rebeldes reconocieran la fe católica y la soberanía española (Edicto Perpetuo de 1577). Las intrigas que organizaba Antonio Pérez en la corte le pusieron en peor situación con el rey y los recursos que necesitaba (de hombres y de dinero) llegaban con parsimonia. Murió en 1575 en Namur (Holanda) del tifus contraído durante una campaña militar.

Para más información sobre el reinado de Felipe II, podéis ver el siguiente capítulo de la serie “Memorias de España”:

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