Personajes ilustres de nuestra historia: Al-Muqtadir, rey de Zaragoza

23 04 2011

Ahmed I al-Muqtadir, rey de la taifa de Zaragoza, nació en el año 1020 y murió en el 1082. Su reinado fue el más largo de entre los reyes de Zaragoza y su reino, el más grande de la España musulmana de su época, tuvo más de la mitad de sus fronteras lindando con los diferentes estados cristianos de la Península: León, Navarra, Aragón y los condados catalanes.

La Taifa de Zaragoza en tiempos de al-Muqtadir

Perteneciente a la familia de los Banu Hud, originaria de Arabia y cuyo primer representante en Al-Andalus fue Hud, Ahmed fue hijo de Sulayman Ibn Hud al-Mustasin, que había gobernado Zaragoza con el título de al-Hayib entre 1039 y 1046 y que había dividido sus estados entre sus cinco hijos; Ahmed recibió Zaragoza a la muerte de su padre en 1046 y tomó los títulos de al-Hayib, Imad ad-Dawla y más tarde al-Muqtadir Billah.

De los hermanos de Ahmed, Lubb, que gobernaba Huesca, era el único que se mantuvo dependiente de Zaragoza; Mundir en Tudela, Muhammad en Calatayud y Yusuf al-Muzaffar en Lérida, trataron de gobernar su herencia de manera autónoma, pero la política centralista del soberano de Zaragoza pasaba por la reunificación de los estados paternos. Ahmed, según los cronistas, se valió de engaños para arrebatar sus reinos a sus hermanos. Antes de 1051 sometió Tudela y Calatayud, pero al-Muzaffar de Lérida no estuvo conforme con entregar el poder a su hermano, lo que causó un largo enfrentamiento entre ambos.

A principios del reinado de Ahmed se produjo un hecho que ilustra los métodos que usó el rey de Zaragoza en las guerras civiles contra sus hermanos y la enemistad que existía entre éste y Yusuf al-Muzaffar: los habitantes de Tudela, que dependían del gobernador de Lérida, le pidieron ayuda debido a la gran carestía de alimentos que sufrían.

Yusuf reunió los víveres que los tudelanos reclamaban y ofreció al rey de Aragón, Ramiro I, una cantidad de dinero para que permitiese al convoy con los alimentos atravesar sus tierras de camino a Tudela. Cuando Ahmed se enteró del acuerdo ofreció al monarca aragonés el doble de dinero del que le había ofrecido su hermano para que le permitiese enfrentarse a al-Muzaffar y Ramiro aceptó. El enfrentamiento entre ambos ejércitos produjo en el centro de los territorios de Ramiro y el resultado de la escaramuza fue la victoria de Ahmed, lo que permitió a los aragoneses hacerse con el botín y tomar como prisioneros a los supervivientes.

A raíz de este enfrentamiento el prestigio de Ahmed creció enormemente. Aunque las crónicas no indican la fecha del suceso, parece que éste se produjo antes de noviembre de 1058, fecha en que los hermanos celebraron una entrevista para poner fin a las guerras entre ambos.
Ahmed Ibn Hud, para asegurar la integridad de sus territorios o para comprar la intervención cristiana en sus enfrentamientos, pagó parias a los diferentes príncipes cristianos entre los años 1048 y 1063: tributó a Ramón Berenguer I de Barcelona, a Ramiro I de Aragón, a Armengol III de Urgel y a García de Pamplona; a partir de 1061 también se convirtió en tributario de Fernando I de Castilla.

En noviembre de 1058, Ahmed y Yusuf se reunieron para negociar la paz, pero en la entrevista, realizada en los territorios de Ahmed, el rey de Lérida fue atacado por gentes de Ahmed y sólo salvó su vida gracias a la cota de malla que portaba bajo sus vestiduras. Según Ibn Hayyan, Ahmed negó cualquier implicación en el hecho y castigó a los atacantes con la muerte, lo cual evitó una guerra abierta entre los hermanos, pero la enemistad entre ambos continuó como antes de la entrevista.

Ante la imposibilidad de extender su reino a costa del feudo de Yusuf, Ahmed comenzó una política expansiva hacia Levante. Se apoderó de Tortosa tras una sublevación de su población contra el gobernante Nabil al-Fatah y el poder le fue entregado por los notables de la ciudad. La incorporación de este pequeño reino supuso para la taifa de Zaragoza la anexión de un territorio conocido por su riqueza y con un importante puerto para el comercio y la construcción y reparación de barcos. Las fuentes árabes discrepan en la fecha de esta incorporación, pero en cualquier caso, ésta debió producirse entre 1060 y 1061.

En mayo de 1063 el reino Hudí de Zaragoza fue atacado por Ramiro I de Aragón por su principal baluarte: Graus, que junto con Barbastro constituía el puesto más avanzado de Al-Andalus. Graus ya había sufrido los ataque sin éxito del monarca aragonés en la primavera de 1055 y volvió a ser sitiada por el mismo rey en primavera de 1063. Ahmed marchó a la defensa de la ciudad, contando con la ayuda del infante Sancho, hijo de Ramiro I; un joven Rodrigo Díaz de Vivar también formaba parte de las huestes del zaragozano.

En la batalla perdió la vida el rey aragonés y la victoria fue de los aliados musulmanes y castellanos. La muerte de Ramiro I causó una gran conmoción en la Europa cristiana, de modo que el papa Alejandro II predicó la cruzada contra los musulmanes de España y concedió la remisión de los pecados a aquellos que combatiesen contra ellos.

A la prédica de 1063 sucedió la movilización cristiana el año siguiente, de carácter internacional, a la que acudieron sobre todo franceses y a la que se unieron italianos y catalanes. El ejército cristiano estuvo comandado por Guillermo de Montreuil, gonfaloniero del papa; la facción catalana estaba bajo el mando de Armengol III de Urgel; los franceses fueron comandados por Guillermo VIII, conde de Poitiers y duque de Aquitania; junto a todos ellos se encontraba el aventurero Robert Crespin, barón de la Baja Normandía, capitaneando a los normandos.

Los coligados se reunieron en Graus y partieron hacia Barbastro a finales de junio de 1064. La ciudad, que se encontraba bajo la zona de influencia de Yusuf al-Muzaffar, señor de Lérida, fue abandonada a su suerte por su gobernante y terminó capitulando por falta de provisiones y agua.

La pérdida de Barbastro pasó a ser el tema más importante de las conversaciones en todo Al-Andalus y algunos escritores como Ibn Hayyan culparon a Ahmed Ibn Hud. El rey de Zaragoza, para desquitarse de estas acusaciones, preparó un ejército para reconquistar la ciudad y contó para ellos con el apoyo del poderoso rey de Sevilla,

Abbad Ibn Muhammad al-Mutadid e hizo un llamamiento a los distintos reyes taifas de Al-Andalus para comenzar la guerra santa contra los conquistadores de Barbastro. El ejército, imbuido de una gran sed de venganza por las humillaciones que habían sufrido ante los cristianos los habitantes de la ciudad, partieron de Zaragoza a primeros de abril de 1065; un mes después Barbastro había sido recuperada para el Islám y a consecuencia de ello Ahmed I Ibn Hud fue considerado en todo Al-Andalus el campeón y el salvador del Islám y el reino Hudí de Zaragoza se hizo más fuerte y poderoso. A partir de este momento Ahmed tomó el título honorífico de al-Muqtadir.

A raíz de la reconquista de Barbastro, al-Muqtadir comenzó a extender su autoridad y engrandecer su reino incorporando, poco a poco, nuevos dominios, lo que hizo de la Marca Superior un nuevo y poderoso reino.

Coincidiendo con la anarquía que se desató en Castilla tras la derrota de Barbastro, las fronteras del reino de Zaragoza quedaron cerradas contra las tentativas conquistadoras de sus enemigos, a excepción de algunos lugares que fueron atacados por los aragoneses sin resultados.

El peligro que suponía el reforzamiento del reino Hudí llevó al papa Alejandro II a predicar una nueva cruzada contra los dominios de al-Muqtadir. Tras la muerte del pontífice en 1073, la cruzada fue retomada por su sucesor, Gregorio VII. A causa de la alianza entre Zaragoza y Pamplona, Sancho Ramírez de Aragón buscó apoyos en el exterior para enfrentarse al reino Hudí y los encontró en Francia y en la Santa Sede, pero el proyecto de cruzada retomado por Gregorio VII, no obtuvo el mismo acogimiento que el anterior de 1063 y los ataques del rey aragonés contra los territorios de al-Muqtadir -probablemente sobre Huesca- fueron de poca magnitud y contando con la única ayuda extranjera que la que le proporcionó su cuñado Ebles, barón de Champañes.

En 1076 una serie de circunstancias hicieron que Ahmed al-Muqtadir se convirtiese en soberano de la taifa de Denia: el rey de Zaragoza inició expediciones contra el reino de Denia, gobernado por Alí Iqbal ad-Dawla, para conquistar ciertas fortalezas y entregarlas a su hijo al-Mundhir; cuando el príncipe deniense supo de los planes del zaragozano envió orden a los alcaides para que entregasen las plazas, pero después dio la orden contraria y pidió ayuda a sus aliados de Sevilla y Almería para resistir a Ahmed; éste marchó a Denia y se entrevistó con el príncipe Muizz ad-Dawla, interviniendo en las negociaciones un ministro deniense de Ahmed, Ibn Ar-Royolo, que según las crónicas fue quien convenció a su señor para que se apoderase de la ciudad, cosa que sucedió en marzo de 1076, cuando los altos dignatarios de Denia entregaron el poder a al-Muqtadir.

El nuevo monarca de Denia permaneció un tiempo en la ciudad para arreglar ciertos aspectos administrativos y después marchó a Zaragoza llevando consigo a Alí Iqbal ad-Dawla, a quien concedió un pequeño feudo del que éste vivió hasta su muerte en 1081.

Después de la anexión de Denia, al-Muqtadir se interesó por la incorporación a sus dominios del reino de Valencia, que a la sazón se encontraba bajo la órbita del reino de Toledo, cada día más acosado por Alfonso VI de Castilla. Según el cronista Ibn Bassam, los súbditos de al-Muqtadir le acusaban de haber conquistado Denia antes que Valencia, más importante y rica. Para no enemistarse con el rey de Castilla, el rey Hudí entregó una suma de dinero a Alfonso VI para que éste le permitiera anexionarse el reino de Valencia. El régulo de Valencia, Abu Bakr Ibn Abd al-Aziz, tuvo el acierto político de reconocer teóricamente la soberanía de al-Muqtadir sobre la ciudad (1076), lo que evitó que el ejército dispuesto para conquistarla entrase en ella.

Durante sus últimos años de vida, al-Muqtadir consiguió anexionar por fin el reino de Lérida a sus posesiones, al vencer a su hermano mayor al-Muzaffar y encarcelarlo en el castillo de Rueda. Las crónicas no han dejado datos sobre el hecho y se desconoce la fecha de la incorporación de Lérida, que debió suceder entre 1078 y 1081; por estos años al-Muqtadir se apoderó también de Molina de Aragón y Santaver.

Antes de morir, el rey de Zaragoza acogió en sus dominios a Rodrigo Díaz de Vivar que al ser expulsado de Castilla había ofrecido sus servicios a Ramón II de Barcelona y había sido rechazado, por lo que viajó a Zaragoza donde ofreció su espada a su antiguo señor en la batalla de Graus.

En 1081, al-Muqtadir enfermó gravemente y el gobierno de sus estados pasó a sus hijos: Yusuf al-Mutamin se encargó del gobierno de Zaragoza, Calatayud, Tudela y Huesca; Mundir comenzó a reinar en Denia, Tortosa, Lérida y Monzón. De esta manera se volvieron a disgregar los estados que al-Muqtadir había acumulado durante su largo reinado. Ahmed Ibn Hud al-Muqtadir Billah mantuvo el poder teórico hasta 1082, año en que aún aparece en las monedas y que probablemente fue el de su muerte.

Ahmed al-Muqtadir ha pasado a la posteridad por la construcción del palacio de la Aljafería de Zaragoza.  Este suntuoso palacio fue la sede de su Corte, creando en sus dependencias un centro de cultura donde acudieron intelectuales y artistas de todos los puntos de Al-Ándalus, buscando un refugio de tolerancia y mecenazgo en la Taifa más septentrional y más alejada del influjo almorávide por su lejanía y por ser regida por una dinastía hispanoárabe.

Patio de la Aljafería de Zaragoza

Allí se dieron cita poetas, músicos, historiadores, místicos y, sobre todo, nació la mejor escuela de filosofía del islam, con la incorporación plena de Aristóteles a la filosofía árabe, labor que, iniciada en Oriente por Ibn Sina (Avicena), fue desarrollada con un criterio independiente por Ibn Bayya, el Avempace de los cristianos. La labor de Avempace fue el punto de partida de la filosofía hispano-árabe, que fue continuada por Ibn Rushd (Averroes) y en la cultura hebrea por Maimónides.

Para más información sobre los reinos de taifas y la llegada de los almorávides a al-Andalus, podéis ver los siguientes videos:

1. Los reinos de Taifas y el Imperio Almorávide (1 de 3):

2. Los reinos de Taifas y el Imperio Almorávide (2 de 3):

3. Los reinos de Taifas y el Imperio Almorávide (3 de 3):

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