Personajes ilustres de nuestra historia: Francisco Pi y Margall

21 04 2011

Hijo de un obrero textil, Francisco Pi y Margall nació en Barcelona el 29 de abril de 1824. Ingresó en 1831 en el seminario, donde adquirió su afición por las humanidades y, de modo especial, por las lenguas clásicas, abandonándolo en 1837 para matricularse en la Facultad de Derecho.

Francisco Pi y Margall

Diez años más tarde trasladó su residencia a Madrid, doctorándose en leyes. En esta etapa comenzó a colaborar en la prensa escribiendo para la revista El Renacimiento, y la crítica teatral en el diario El Correo, periódico que sufrío el cierre coincidiendo con la inserción del primer artículo político de Pi. Esta circunstancia le obligó a buscar una nueva fuente de ingresos, entrando a trabajar en una sucursal de la banca catalana Martí.

Entre tanto (1848), ultimaba la inconclusa obra de Piferrer Recuerdos y bellezas de España, en la que finalizó el volumen dedicado a Cataluña, realizó la parte de Granada y algunos apartados sobre la de Sevilla.

Recién llegado a Madrid se adhirió al Partido Demócrata, destacando durante los hechos revolucionarios de julio de 1854. Ese mismo año publicó La reacción y la revolución, obra en la que exponía su pensamiento político, y donde se aprecian ya elementos de Herder, Proudhon y Hegel, entre otros.

En 1856 fundó la revista La Razón que, al triunfar el golpe moderado de O’Donnell (julio), fue clausurada, marchando a Vergara (Guipúzcoa) hasta mediados de 1857, en que, a instancias de Nicolás María Rivero, regresó a Madrid para entrar en la redacción del periódico demócrata La Discusión, del que, con un intervalo para colaborar en el bufete de Estanislao Figueras, llegó en 1864 a ser su director.

Tras los sucesos del cuartel de San Gil (1866), se refugió en París, donde siguió algunos cursos en la universidad de la Sorbona, y tradujo las obras básicas de Proudhon al castellano. En París desarrolló su creencia en la revolución forzosa, ineludible y permanente, movimiento que, inspirado en el principio federalista, se asentaría sobre la libertad de los pactos como sustitutos del concepto de autoridad.

En septiembre de 1868, triunfante la “Gloriosa”, volvió de su exilio parisino a España. Fue elegido diputado por Barcelona, y formó parte de las Cortes que redactaron la Constitución de 1869. Paulatinamente se perfiló como el líder del Partido Republicano Federalista, del que alcanzó la jefatura en marzo de 1870, dirección que perdió por disensiones internas acerca de la Comuna de París, por su política conciliadora con la oposición, y por los descalabros electorales sufridos.

Desde su escaño destacó por la defensa a ultranza de los derechos individuales, que, según entendía, no podían constituir materia legislable; por el derrocamiento de la monarquía, por medios políticos, y por el establecimiento en su lugar de una república federal.

Cuando, en febrero de 1873, se constituye el primer gobierno de la 1ª República, su presidente, Estanislao Figueras, lo llamó para que se encargara de la cartera de Gobernación, ministerio desde el que tuvo que contener el movimiento cantonalista. Tras la dimisión de Figueras, accedió, el 11 de junio, a la presidencia de la República, con un amplio plan de reformas que contemplaba, entre otros proyectos, la redacción de una nueva Constitución, formalizar la separación entre la Iglesia y el Estado, reorganizar el ejército, reducir la jornada laboral a nueve horas, regular el trabajo de los menores, fijar un salario mínimo, potenciar los circuitos de entendimiento y negociación entre obreros y patronos, ordenar las autonomías, asegurar una enseñanza obligatoria y gratuita, etc. Sus medidas de gobierno ni siquiera llegaron a esbozarse, pues el 18 de julio dimitía, no sólo desbordado por los acontecimientos que el país vivía sino también fustigado por el ala más intransigente de su partido (abandono de los escaños parlamentarios de los federalistas más radicales, el 1 de julio; insurrección en Alcoy y Cartagena, 7 al 12 de julio).

Tras el golpe de Pavía en enero de 1874, se retiró de la vida política, a la que no regresó hasta diez años después, en que obtuvo un acta de diputado por Figueras, escaño que renovó en 1886, 1891 y 1893. En esa década, además de ofrecer al lector La República de l873 (1874) y Las Nacionalidades (1876), su obra más renombrada, escribió Joyas literarias (1876), el primer volumen de una Historia General de América (1878), La Federación (1880), Las luchas de nuestros días (1884), y Observaciones sobre el carácter de don Juan Tenorio (1884)

Asistió también a la fragmentación del partido republicano federal en varias tendencias (las de Figueras, Ruiz Zorrilla, Castelar, Almirall), cuyos restos a duras penas consiguió mantener fiel a su pensamiento federalista, ideario que se renovó en el proyecto de constitución federal aprobado en el Congreso de Zaragoza de 1883 y, más explícitamente, en 1894 con la publicación del Programa del Partido Federal.

Toda su vida, hasta su muerte, acaecida en Madrid el 29 de noviembre de 1901, se desenvolvió entre la política más transparente, sin hacer dejación, bajo ninguna circunstancia, de su ideario federal, y el difícil arte de escribir, en el que sufrió repetidas veces los efectos de la censura gubernativa y el exilio.

Para obtener más información sobre la 1ª República, podéis ver el siguiente video:


Acciones

Information

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




A %d blogueros les gusta esto: