Personajes ilustres de nuestra historia: Casto Méndez Núñez

20 04 2011

Casto Méndez Núñez nació en la ciudad de Vigo, el 1 de julio de 1824, y murió en Pontevedra, el 21 de agosto de 1869. Fue un marino y militar español, contraalmirante de la Real Armada Española y héroe de la llamada “Guerra del Pacífico” (1866-1871).


Sus restos mortales fueron sepultados en Pontevedra. Cinco años después de su muerte se trasladaron al panteón de la familia en la capilla de El Real, en Moaña, provincia de Pontevedra, ría de Vigo, donde fueron visitadas el 2 de agosto de 1877, por el rey Alfonso XII, decretándose que fueran trasladados al Panteón de Marinos Ilustres de San Fernando (Cádiz), lo que se realizó el 9 de junio de 1883, conduciendo los restos la fragata Lealtad, uniéndose a los honores la Escuadra británica al mando del almirante Dowell, que se hallaba fondeada en el puerto de Vigo.

En 1850 Méndez Núñez fue ascendido a teniente de navío y se le otorgó el mando de la goleta Cruz, del porte de siete cañones. Con este buque realizó, por la urgencia de trasladar unos pliegos a La Habana, un viaje de difucltad extrema, pues la goleta estaba a punto de entrar en carena, pero la premura y la escasez de buques le obligó a llevarlo a cabo. En tan malas condiciones iba el buque y los tiempos fueron tan malos, que durante el viaje no pudieron encender el fuego ni un solo día, y sólo la pericia de Méndez Núñez la hizo recalar en aquel puerto sin sufrir graves averías, habiéndose convertido en un viaje muy arriesgado y agotador, tanto para el mando como para la dotación. Posteriormente, fue trasbordando de un buque a otro, todos bajo su mando, entre ellos: el vapor de ruedas Narváez, la fragata de hélice Berenguela y la urca Niña.

Méndez Núñez en el año de 1855, al terminar esta progresión de mandos y por sus dotes ya demostradas, fue llamado al Ministerio de Marina. Como su carácter era inquieto, en este puesto poco podía hacer, por lo que se dedicó a aprender procedimientos técnicos, por medio de la lectura y su estudio, llevándole a traducir del inglés un Tratado de Artillería Naval, que fue presentado a la Reina, recibiendo por ello las Gracias por Real Orden.

Este mismo año Méndez Núñez recibió la orden de presentarse en las islas Filipinas, por lo que embarcó en el vapor de ruedas Narváez y se dirigió a su nuevo destino. A su llegada se le otorgo el mando del vapor de ruedas Jorge Juan, que pertenecía a las fuerzas navales del Apostadero de Manila. En una de las derrotas, que eran rutina, en estado de vigilancia y protección de la navegación, frente a la costa de Basilán, se enfrentó a tres “barotos”, un tipo de embarcación casi insumergible, más dos “bancas” piratas joloanas, que llevaban derrota a las islas Bisayas y al mando del príncipe indígena Datto, Pau-Li-Ma. En el enfrentamiento todos los buques piratas fueron echados a pique a pesar de que el Jorge Juan sólo contaba con treinta hombres y un único cañón en colisa, por lo que era muy inferior en número y armamento a sus enemigos.

En el año de 1861, Méndez Núñez fue ascendido a capitán de fragata y se le otorgó el mando de la goleta Constancia y con ella anexas todas las fuerzas sutiles del Sur del archipiélago de las Filipinas. Se le informó que el rajá de Buayán (en Mindanao), se había hecho fuerte en la cota de Pagalungán, a orillas del Gran Río, en una fortaleza que se suponía inexpugnable; estaba rodeada de una muralla de siete metros de altura y seis de espesor, la circundaba y protegía un foso de quince metros de anchura y estaba artillada con cañones de corto alcance, a más de muy bien guarnecida y pertrechada. A pesar de todo ello decidió atacar, mandando a quel lugar a toda su división, formada por las goletas Constancia y Valiente y las cañoneras Arayat, Pampanga, Luzón y Toal, más. Ordenó el desembarco de las dos compañías del ejército que transportaban, las cuales intentaron avanzar protegidas por el fuego de las goletas, pero el terreno cenagoso impedía un avance rápido, viendo que así lo único que se conseguía era tener bajas innecesarias, ordenó la retirada.

Después de una noche de recuperación de fuerzas, al amanecer se volvió a atacar, siendo los jefes el teniente de navío Malcampo y el alférez de navío don Pascual Cervera, que iba como segundo de la fuerza. En el desembarco fueron apoyados por los cañoneros Arayat y Pampanga, y con su apoyo artillero lograron alcanzar un terreno mucho mejor, pero a una distancia mayor de la fortaleza; asimismo aunque con dificultad lograron posicionar varias piezas de artillería de desembarco; aun así la tenaz resistencia de los joloanos no permitía el acercarse más a la Cota; fue cuando Méndez Núñez, decidió dar el golpe final. Ordenó sondar algunas zonas con botes y bajo el fuego enemigo, y al comunicársele la profundidad decidió tomar al abordaje la Fortaleza como si de un buque se tratara. Elegido el lugar lanzó a su goleta contra la fortaleza, maniobrando con maestría, logró que sus hombres asaltaran la pertinaz Cota, al mismo tiempo que las fuerzas desembarcadas se lanzaban sobre la muralla, aunque en el ataque cayó herido Malcampo, con un balazo que le atravesó el pecho, saliéndole la bala por la espalda, la Cota cayó en manos de los españoles, gracias a la decidida y arriesgada decisión de su comandante en jefe.

En el mes de enero del año de 1862 se le ascendió a capitán de navío, lo que le obligo a dejar las islas Filipinas y regresar a España. Al poco de su llegada se le otorgó el mando del vapor de ruedas Isabel II, con éste buque participó en diversas comisiones, que una vez más pondrían su nombre como el de los de más méritos; cuando estalló la guerra en Venezuela, se dirigió allí y negándose a reconocer el bloqueo que practicaban los insurgentes, con arreglo al derecho internacional, penetró en Puerto Cabello y protegió los bienes y vidas de los extranjeros.

Estaba carboneando su buque en el apostadero de Santiago de Cuba, cuando le llegaron noticias del levantamiento en Puerto Plata, en la isla de Santo Domingo; apresuró la labor que se efectuaba en el buque y ordenó el embarque de seiscientos cincuenta hombres del ejército con una batería de artillería de montaña, y se hizo a la mar. Aprovechando que era una noche sin luna, penetró en el puerto sorteando los bajíos que en él se hallan, y logró desembarcar a sus fuerzas tan sigilosamente que éstas lograron llegar al único fuerte que aún quedaba en manos de los españoles, sin que los rebeldes lograran apercibirse del refuerzo llegado.

A su regreso a la península, se le otorgó el mando de la fragata Princesa de Asturias, con la que participó en el bloqueo de Manzanillo y de Monte Cristi, aunque no por mucho tiempo, pues siendo bien conocido de sus superiores, se le asignó el mando en el Ministerio de Marina, como jefe de personal.

En el año 1864, siendo ya capitán, le fue encomendada la misión suicida de socorrer a los buques de guerra españoles que se hallaban empantanados en las costas del pacífico sudamericano, durante la Guerra del Pacífico. Desde el principio, nada más obtenido el mando, Méndez Núñez comenzó a lograr sus primeras victorias en diversas maniobras por el litoral, y pronto alcanzó fama de invencible, especialmente cuando derrotó el 7 de febrero de 1866 a la flota combinada chilena y peruana en el canal de Abato, obligándola a retirarse hacia aguas poco profundas para evitar su total destrucción. Sin enemigos en el mar, Méndez Núñez se dirigió a Valparaíso, comunicando al cuerpo diplomático enemigo, y a las fuerzas neutrales presentes en la zona, que bombardearía la ciudad en el plazo de cuatro días si no se firmaba un acuerdo de paz.

El contralmirante inglés y el comodoro norteamericano intentaron disuadirlo de sus intenciones amenazándolo con la participación de sus poderosos barcos en la defensa de Valparaíso, a lo que Méndez Núñez replicó que si intervenían serían considerados enemigos y atacados también, momento en el que dijo la célebre frase de “España prefiere honra sin barcos que barcos sin honra”. Las unidades navales estadounidenses e inglesas se retiraron sin intervenir. Una vez se cumplió el plazo, los barcos españoles bombardearon la ciudad de Valparaíso.

Acusado de atacar una ciudad sin apenas defensas, el jefe de la flota española se dirigió entonces a El Callao, la plaza costera más fortificada de América del sur, y el dos de mayo de 1866 Méndez Núñez se preparó para atacar. La escuadra española del Pacífico estaba compuesta, el día del combate, por una fragata blindada (la Numancia), cinco fragatas de hélice (Blanca, Resolución, Berenguela, Villa de Madrid y Almansa), una corbeta de hélice (la Vencedora) y siete buques auxiliares (los vapores de transporte Marqués de la Victoria, Paquete del Maule, Uncle Sam y Matías Cousiño y los transportes a vela Mataura, María y Lotta and Mary). La Escuadra contaba en total con 272 cañones: 270 montados en los buques de guerra y en sus embarcaciones menores y 2 en el Marqués de la Victoria.

Sus enemigos pensaron que el almirante español sufriría una terrible derrota. En El Callao se encontraban 96 cañones, ocho de estas piezas de artillería eran de 500 libras y seis de 300. Los barcos atacantes disponían de 245, siendo el calibre más grande de 68 libras, pero únicamente podían ser usados la mitad debido a que estaban montados a los costados de las naves.

El combate comenzó a las 11 de la mañana. Tras seis horas de duelo artillero la flota española consiguió una victoria completa. El Callao se defendió con fiereza hasta que las baterías de tierra fueron destruidas. En ese momento Don Casto ordenó finalizar el ataque, con dos de sus cinco buques averiados y herido en su camarote. También dio orden de suba la gente a las jarcias y se den los tres vivas de ordenanza antes de retirarnos, al entender que había cumplido su propósito. Como consecuencia de los combates, murieron unos trescientos hombres del lado peruano, incluido el ministro de guerra peruano. En el bando español sufrieron daños las naves “Berenguela”, “Villa de Madrid” y “Almansa”. Murieron 43 marinos y 157 resultaron heridos, entre ellos el propio Méndez Núñez.

La fragata “Numancia” arrasó cualquier objetivo de los que se le fijaron. En su afán por acortar distancias llegó a encallar sin dejar de abrir fuego, recibiendo más de 50 impactos que no consiguieron traspasar su blindaje. La nave más poderosa del mundo resultó invulnerable. Tras este combate, la Numancia se dirigió junto con otras unidades hacia Filipinas y no hubo más combates. La fragata acorazada Numancia acabaría hundiéndose, años después de haber sido retirada del servicio, frente a las costas de Portugal el 17 de diciembre de 1916 cuando era remolcada a Vizcaya para ser desguazada.

El contraalmirante Méndez Núñez, uno de los marinos españoles más aptos y competentes de la época, murió en Pontevedra el 21 de agosto del año 1869. Fue ascendido a teniente general en 1867, ascenso al que rehusó.

Una de las modernas fragatas F-100, de la clase «Álvaro de Bazán», lleva el nombre del ilustre almirante español. Estas fragatas son los primeros buques de guerra europeos que cuentan con el sistema de combate Aegis, de origen estadounidense, y un radar capaz de detectar movimientos de aeronaves en un radio de 600 kilómetros, que les permite actuar en igualdad de condiciones con las más modernas unidades de la Marina de Estados Unidos y participar en el desarrollo del escudo antimisiles.


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