Personajes ilustres de nuestra historia: Blas de Lezo

15 04 2011

El Almirante Blas de Lezo y Olavarrieta, apodado “mediohombre” o “patapalo”, nació en Pasajes (Guipúzcoa), en 1689. A lo largo de su vida participó en 22 batallas y fue el protagonista de uno de los hechos militares más heroicos en una historia militar cuajada de ellos como la española, la defensa de la ciudad de Cartagena de Indias frente a la armada inglesa del almirante Vernon.

Blas de Lezo y Olavarrieta

En 1701 ingresó como guardamarina y tres años después entró en combate en el seno de la escuadra francesa contra la fuerza combinada anglo-holandesa en la batalla de Vélez-Málaga, en el marco de la Guerra de Sucesión Española. Allí perdió una pierna por impacto de una bala de cañón, siendo ascendido a alférez de navío, y después a teniente de navío, por su valor y la serenidad demostrada en tal crítica circunstancia.

En la posterior defensa del castillo de Santa Catalina, de Tolón, perdió el ojo izquierdo. Ostentó el mando de varios convoyes de apoyo a las tropas de Felipe V en Barcelona, burlando el bloqueo británico. En uno de ellos se libró del cerco en el que estaba incendiando alguno de sus buques.

En 1713 fue ascendido a capitán de navío, y al año siguiente pierde el brazo derecho en el segundo sitio de Barcelona. Al mando de una fragata apresó once barcos británicos superiores en armamento. Al término de la Guerra de Sucesión se le otorgó el mando del buque insignia “Lanfranco” y el mando de la Escuadra de los Mares del Sur, capturando numerosos navíos holandeses y británicos y limpiando de piratas las costas del Océano Pacífico.

En 1725 se casó en Perú y en 1730 regresó a España, siendo ascendido a comandante de la Escuadra Naval del Mediterráneo. Es entonces cuando, en la República de Génova, va a cobrar los 200.000 pesos adeudados a la Corona española y retenidos en el Banco de San Jorge, y exige un saludo de desagravio a la bandera española o bombardeará la ciudad. El Senado genovés cedió inmediatamente.

En 1732 comandó una expedición a Orán de 54 buques y 30.000 hombres, que conquista la ciudad. Retomada por los piratas argelinos, Lezo logró su fuga con 6 navíos y 3.000 hombres, persiguiendo a su nave capitana de 60 cañones, que se refugió en la bahía de Mostagán defendida por dos castillos y 4.000 combatientes. Lezo entró en la bahía bajo un intenso fuego artillero e incendió la nave enemiga, derruyendo en parte los castillos. Luego patrullaría aquellas aguas obstaculizando los refuerzos turcos hasta que una epidemia le obliga a regresar.

En 1734 fue ascendido a General de la Armada. En 1734 regresó a América y fue nombrado comandante general de Cartagena de Indias, ciudad considerada la “llave de América” debido a su enorme valor geoestratégico. En esa ciudad va a protagonizar un hecho heroico hoy injustamente olvidado: la derrota de la Armada inglesa del almirante Vernon.

Fuerte de San Felipe (Cartagena de Indias)

En octubre de 1739 estalló la “guerra de la oreja de Jenkins” con Gran Bretaña. El motivo inicial fue el incidente protagonizado por el capitán de un guardacostas español, Juan León Fandiño, que capturó el navío británico “Rebbeca” y le cortó una oreja a su capitán, Robert Jenkins con la advertencia de hacer lo mismo a su Rey si continúa el tráfico ilegal en aguas españolas. La causa real fue la ambición de los comerciantes británicos y su deseo de expandir sus mercados.

Los ingleses planearon para ello la conquista de Cartagena de Indias, principal centro comercial de América Central. El almirante Edward Vernon, apoyado por el Comodoro Anson y el General Woork, fue el encargado de hacerlo. Años antes había tanteado la plaza dos veces, siendo puesto en fuga por Lezo con diversas exitosas estrategias. Vernon venía precedido por el éxito de una acción de rapiña en la mal defendida Portobelo y llegaba con la mayor flota de combate conocida hasta el desembarco de Normandía: 186 barcos con 2.000 cañones y 23.600 hombres frente a 3.000 españoles con 6 navíos, pero comandados por el Virrey Sebastián de Eslava, Teniente General, Blas de Lezo, General de la Armada, el Mariscal de Campo Melchor de Navarrete, gobernador, y el ingeniero militar Carlos des Naux, castellano del castillo de San Luis de Bocachica, todos ellos decididos a no ceder.

Los cuatro jefes superaron sus diferencias de criterio y defendieron la plaza en una batalla que pasó a la Historia como el mayor desastre de la Armada inglesa de toda su historia. Vernon llegó el 13 de marzo de 1741 y escribió cartas desafiantes a Lezo, que respondió tachándole de cobarde. El cañoneo al castillo de Bocachica duró 16 días y noches, 62 disparos de grueso calibre por hora sobre los 500 hombres que lo defendían, previo silenciamiento de las baterías de los buques cercanos. Después, vino el desembarco de infantería y artillería en superioridad abrumadora, que logró rebasar una defensa a ultranza con Lezo y des Naux en primera línea.

Lezo pretendía hundir tres buques para sellar parcialmente el canal navegable del castillo, pero la nave capitana “Galicia” fue capturada. Las tropas se replegaron entonces a la fortaleza de San Felipe de Barajas, ahora con 600 defensores, sin intentar defender el castillo de Bocagrande, contra el criterio de Lezo. Al final, pudo hundir los otros dos buques para cegar el canal, retrasando el avance británico pero no deteniéndolo. Estos dejaron el castillo de Manzanillo a un lado.

Vernon entró triunfante en la bahía con las banderas desplegadas y envió la noticia de su triunfo a Londres, donde sus amigos hicieron acuñar medallas conmemorativas en las que se ve a un arrodillado Lezo y a seis navíos en el reverso. Estas medallas, aún existentes, serán motivo de burla durante mucho tiempo. La noche del 19 de abril, una vez convenientemente cañoneada la fortaleza, Vernon atacó con la infantería el castillo de San Felipe, pero no logró doblegar la defensa, sufriendo numerosas bajas. Al alba, los españoles salieron del castillo a la bayoneta calada y masacraron a los supervivientes que no lograron huir, capturando todos los pertrechos y a pesar del cansancio del combate de toda la noche.

Durante 30 días los británicos bombardearon por pura venganza, incluyendo el capturado buque “Galicia”, pero el cólera que habían traído en sus naves y el escorbuto y la malaria generados por la falta de víveres frescos ante la presencia de guerrillas en su retaguardia provocó una hecatombe en sus filas. Las mismas guerrillas abastecieron la ciudad a través de los canales y las ciénagas.

Además, el cañoneo desde la ciudad provocó el incendio del “Galicia” y la extensión de este a otras naves, que estallan. El cañoneo y asalto al castillo de Manzanillo fracasó en medio de grandes pérdidas ante la defensa de los criollos allí atrincherados en sus ruinas, provocando un amotinamiento en las filas británicas que se saldará con el fusilamiento de 50 soldados.

Los ataques guerrilleros arreciaron entonces y los defensores de los castillos tuvieron que ser contenidos para evitar que salieran a rematar la faena, y evitar el contagio de las enfermedades de los británicos.

Los barcos del almirante Vernon se retiraron lentamente sin dejar de disparar, acabando la batalla el 20 de mayo. Seis de ellos tuvieron que ser incendiados por falta de tripulación, y el resto iba cargado de heridos.

Un mes y medio después falleció Blas de Lezo, agotado y malherido en un hospital. Se ignora donde está enterrado, ya que fue sepultado en una fosa común.

Su rival, Vernon, retornó en 1742 con 56 navíos al enterarse de su muerte, pero desistió ante las defensas. Murió en 1757, repudiado y olvidado. El rey Jorge II prohibió la publicación de cualquier noticia sobre la batalla en Inglaterra. Tras esta batalla, el Imperio español duraría medio siglo más, gracias a hombres, anónimos, de la talla de Blas de Lezo.

En la actualidad, uno de los barcos más poderosos de la Armada española lleva su nombre, la F-103, la “Blas de Lezo”. La fragata participó en el desfile naval organizado por la Armada británica en el año 2005 para conmemorar el aniversario de la batalla de Trafalgar, y a la que fueron invitadas España y Francia. No debió de sentar muy bien en Inglaterra que España enviara en representación de su Armada al barco que llevaba el nombre de su más insigne marino, que consiguió infringir a la Armada británica la derrota más humillante de toda su historia.

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