Personajes ilustres de nuestra historia: Eduardo del Pueyo

30 04 2011

Eduardo del Pueyo nació en Zaragoza un 29 de agosto de 1905, en un día en que hubo un eclipse de sol. Su padre, Francisco del Pueyo, natural de Sos del Rey Católico, era propietario de una fábrica de muebles en la calle de San Miguel, y su madre, Benita Begué, descendía de una familia de agricultores y ganaderos de Luesia.

Su padre fue un personaje muy determinante en la vida de un joven que se aficionó muy pronto a la música y que inició sus estudios “con Babil Belsué, con la señorita Salvador y con el director del Orfeón de Zaragoza”.

Eduardo del Pueyo ingresó en la Escuela Municipal de Música y se vio que asimilaba las enseñanzas muy deprisa. La consecuencia natural de su evolución fue que se trasladase a Madrid con apenas doce años, donde asistió al Conservatorio de Madrid por libre. Allí tuvo como profesor, entre otros, a José Balsa, y de inmediato cosechó un primer premio de interpretación, que le otorgó un jurado presidido por Tomás Bretón. Éste se hizo “amigo y protector del joven, le proporcionó un concierto en el Círculo de Bellas Artes, y fue el impulsor de su viaje a París”, donde se afincó hacia 1920, el mismo año en que falleció su progenitor.

Llegó a orillas del Sena con quince años, y tuvo su primer gran éxito en 1927 al interpretar el “Tercer Concierto” de Beethoven, en el primer centenario de su muerte. La crítica de “Monde musical” dijo: “Del Pueyo se ha cubierto de gloria”. Además de tocar con muchos conciertos y de afirmar su dominio de la obra de Beethoven y de Schumann, “que eran sus compositores favoritos”, amplió sus estudios con las citadas Jeanne Bosch y Marie W. Troost. Tras estudiar con ambas el método de Marie Jaëll, cambió por completo su forma de actuar y “volvió a empezar de cero”.

Dejó de dar conciertos durante varios años y desarrolló, recuerda Maynar, “el estudio del movimiento consciente. Rehizo la pedagogía del piano desde sus propias carnes con esfuerzo. La gente le decía que le olvidarían, y había profesores que se mofaban de él, hasta el punto de que le llamaban ‘el clown del circo en el piano”.

Prácticamente no volvió a tocar hasta 1935 cuando volvió a interpretar el Tercer Concierto de Beethoven en la Sociedad Filarmónica de Bruselas, donde fijó su residencia. Obtuvo un enorme éxito. Alternó durante algunos años su residencia en la capital belga con conciertos y clases en París. Por entonces, se casó con la intérprete de laúd Adriana Mary. La reina Elizabeth de Bélgica se convirtió en amiga suya y tocó en varias ocasiones música de cámara con él y con Pablo Casals.

En 1948, accedió al puesto de catedrático del Real Conservatorio de Bruselas y algo más tarde fue nombrado profesor extraordinario en la Capilla de la Reina Elizabeth. Desplegó una intensa actividad pedagógica, que poco a poco le llevó a reducir su faceta de concertista, aunque en 1963 regresó a Zaragoza para tocar en el Principal, y al año siguiente tuvo un gesto que probaba su amor hacia Aragón y hacia la obra de Goya: ofreció ocho conciertos en la Aljafería de la “Integral” de sonatas de Beethoven, y entregó su caché para pagar el importe del cuadro de “San José” de Goya que compró el Museo de Zaragoza.

Del Pueyo volvería años después al Seminario de San Carlos, donde repitió el mismo programa durante quince días en 1970. A la vez tocaba música española. Para entonces ya vivía con la pintora belga Josette Smith, “que se parecía un poco a Ingrid Bergman”, dice Manuel Maynar.

Impartió clases a más de 300 alumnos, algunos tan famosos como el estadounidense Jo Alfidi, y los belgas Eveline Brancart, André de Groote y Jean Claude van den Eynden. O los zaragozanos Miguel Baselga o Teresa Escudero Bravo. Del Pueyo falleció en noviembre de 1986 a los 81 años. Adoraba la pintura, leía a Machado, Santa Teresa de Jesús o San Juan de la Cruz, “era un tímido cuya timidez intimidaba”, y jamás pudo olvidarse de Aragón. Señala Maynar que en sus estancias en Aragüés del Puerto, le preguntó un campesino: “¿Le gusta volver a Aragón?”. Y el maestro, mudo de emoción, rompió a llorar.

1. Eduardo del Pueyo interpreta la Sonata Opus 53 “Waldstein” de Ludwig van Beethoven (1 de 2):


2. Eduardo del Pueyo interpreta la Sonata Opus 53 “Waldstein” de Ludwig van Beethoven (2 de 2):





Personajes ilustres de nuestra historia: Luis Galve

30 04 2011

El pianista aragonés Luis Galve nació en la calle Cádiz de Zaragoza el 10 de marzo 1908 y murió en su ciudad natal el 4 de febrero de 1995 a los 87 años de edad. Sus restos mortales descansan en el pabellón de Hijos Ilustres del Cementerio Católico de Torrero de la capital aragonesa.

Luis Galve fue un niño prodigio del piano. Luis Galve inició en su infancia los estudios musicales con la profesora Guadalupe Martínez. Con tan sólo 5 años ya dio muestras de sus excepcionales dotes al interpretar, durante una fiesta familiar, la Marcha Triunfal de la ópera Aída de Verdi que había oído en el Teatro Principal junto a su padre, algunos años atrás. Sólo un año más tarde actuó en ese mismo teatro para asombro de la sociedad de su tiempo, y poco después, ante el Rey Alfonso XIII en el Palacio Real de Madrid.

Por consejo de Arthur Rubinstein se trasladó a la Residencia de Estudiantes de Madrid, ciudad en cuyo Conservatorio perfeccionó estudios, tutelado por José Balsa, hasta los doce años, trasladándose a continuación a París. Allí siguió las enseñanzas del profesor Isidor Philipp, que en 1929 lo presentó en un concierto en la Sala Erard, que lo consagró como un gran pianista.

Su colaboración en las actuaciones de la genial Antonia Mercé, «La Argentina», en gira de cinco años por el mundo entero, le dieron la oportunidad de conocer a fondo la música de danza española, y que los nombres de Falla, Albéniz y Granados tengan en su expresividad el más auténtico sentido.

Después de la guerra civil española, su carrera de éxitos como concertista siguió su trayectoria ascendente, que ya había conocido momentos estelares con sus primeros conciertos de solista con la Orquesta Sinfónica de Madrid, con Enrique Fernández Arbós.

Actuó con las principales orquestas de Europa y América, a las órdenes de los más prestigiosos directores. Su sensibilidad y elegancia interpretativa tuvo una especial significación en autores como Scarlatti, Haydn y Mozart, o en los clavecinistas franceses. Por eso se recuerdan sus magistrales creaciones junto a la Orquesta de Cámara de Berlín que dirigía Hans von Benda. No es muy extensa su discografía, pero cuenta con magistrales grabaciones de sonatas de Mozart, Haydn, Scarlatti y otras de autores del barroco español.

A lo largo de su trayectoria musical ha recibido las siguientes distinciones: 1945- Premio Nacional de Piano y Condecoración de Alfonso X El Sabio; 1964- El Ayuntamiento de Zaragoza le dedica una calle; 1990- Homenaje de la Sociedad Filarmónica de Zaragoza en el Teatro Principal y Premio Aragón de las Artes; 1993- Premio Nacional de Música del Ministerio; 1994- Paloma O’Shea le entregó en su domicilio de Zaragoza la Medalla de Oro de la Fundación Isaac Albéniz; y 1995- Homenaje de la ciudad de Zaragoza con una placa en la casa donde nació en la calle Cádiz. Asimismo, es Hijo Predilecto de Zaragoza, Académico de Número de San Luis y Medalla de Oro de Zaragoza, mientras que la sala de conciertos de cámara del nuevo Auditorio-Palacio de Congresos de Zaragoza lleva su nombre.

En 1950 conoció a la argentina Georgina Jelicié, que será su esposa y compañera el resto de su vida.

Luis Galve fue un hombre que dió a conocer la música española por el mundo y que jamás olvidó a su ciudad natal, de ahí que en 1988 regresara a Zaragoza. El 8 de octubre de 1998 su viuda donó al consistorio de Zaragoza el busto realizado por el escultor José Antonio Márquez.

Para más información sobre la vida de Luis Galve, podéis ver el siguiente video:

Luis Galve, a continuación, interpreta al piano “El amor brujo” de Manuel de Falla:





Personajes ilustres de nuestra historia: Pilar Bayona

30 04 2011

Pilar Bayona López de Ansó nació en Zaragoza el 16 de Septiembre de 1897. Era hija de Julio y Sara, el primero también zaragozano y profesor de Ciencias Exactas, y la segunda nacida en Cariñena, con casa familiar en Cosuenda.

Pilar Bayona

Pilar Bayona demostró desde muy pequeña una predisposición para la música por encima de lo normal, y comenzó a recibir clases de piano y música de los hermanos José y Ángeles Sirvent, catalanes alumnos de Malats, afincados en Zaragoza.

Su primera actuación en público fue a la edad de cinco años en un festival benéfico patrocinado por S.M. el Rey Alfonso XIII. Tras alguna intervención más en actos similares, hizo su presentación a la edad de diez años en la Sociedad Filarmónica de Zaragoza, compartiendo programa con el cuarteto Ballo.

A partir de 1912 comenzó ya su carrera como concertista, con el progresivo reconocimiento del público de todo el ámbito nacional.

Entre este año y 1920, sus actuaciones, tanto en recital como con orquesta, le hicieron entrar en contacto y amistad con compositores y directores de aquella época, como Villa, Bretón, Usandizaga, Fernández Arbós, Joaquín Turina, Adolfo Salazar, Oscar Esplá, Jesús Guridi, López Chavarri, y con otros intérpretes, como el violinista Juan Manén -con quien realizó una gira por varias ciudades españolas-, el pianista Arturo Rubinstein, etc.

De estos años data también su amistad con Luis Buñuel  (alumno de matemáticas de D. Julio Bayona), y con José Camón Aznar.

Demostrando desde el primer momento un interés especial por la música contemporánea, Pilar Bayona incluyó en sus programas obras de Falla, Albéniz, Usandizaga, Esplá, Ravel, Debussy, etc.

También comenzó su amistad con Eduardo del Pueyo y Luis Galve, que hicieron su primera aparición en Zaragoza como pianistas en estos años; esta amistad y relación se mantuvieron siempre.

En la década siguiente inició sus salidas al extranjero, viajando en 1924 a Alemania, con una actuación en Stuttgart y dos en Berlín, en donde los programas ya eran una representación completa de la música española más interesante y reciente: no solo Albéniz, Granados y Falla, sino también Usandizaga, P.J.Antonio de San Sebartián, Halffter, Mompou y Esplá.

Este interés en dar a conocer nuevas músicas no se limitó a composiciones españolas, pues en sus programas encontramos primeras audiciones de Tchaikowsky, Brahms, Balakireff, Moussorgsky, Ravel, Debussy, Martinu y Tansman.

Surgieron nuevas amistades, y así conoció a Joaquín Rodrigo, Ernesto Halffter, Fernando Remacha y Gaspar Cassadó, que le dedicaron partituras de sus obras. Igualmente conoció a Maurice Ravel, cuando éste visitó Zaragoza con motivo de una gira.

Durante los años treinta siguió su actividad concertística, destacando una actuación en Madrid, con el cuarteto de Rafael Martínez, donde estrenaron el cuarteto nº 2 para piano y cuerda de Turina, y la participación en un festival benéfico, junto a Miguel Fleta y otros.

En 1936 pasó una temporada en Madrid, y fue a estudiar piano a la Residencia de Estudiantes, encontrando allí amigos como Luis Buñuel, Sánchez Ventura, Adolfo Salazar, Pepín Bello, Honorio García Condoy, Federico García Lorca, Juan Vicens, Cotapos, etc., que se reuníann para oírle tocar. Asistió también a la cena en homenaje a Hernando Viñes. García Lorca le autografió un ejemplar de la primera edición del “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías“.

En 1937, la familia Bayona se trasladó desde la calle San Miguel nº 12 al nº 8 del Paseo de la Independencia; esta vivienda se convirtió en el centro de reunión de amigos intelectuales y de todos los músicos que pasaban por Zaragoza.

En 1938 participó en la inauguración de Radio Zaragoza, y a partir de ese momento, se inició una colaboración -que duró hasta su muerte-, con conciertos periódicos de música de cámara (junto a Joaquin Roig, José Calavia, Agustín Serrano y Gálvez Bellido) y piano solo, que recorrieron una amplísima muestra de la música de todos los tiempos.

En la década de los cuarenta, además de los habituales conciertos en ciudades Españolas, tocó en Francia, Portugal y Marruecos. En sus interpretaciones con orquesta colaboró con los directores Fernández Arbós, Arámbarri, Toldrá, Surinach, Candael y Granero.

En Zaragoza se relacionó con el grupo intelectual de aquella época; Alfonso Buñuel, Luis García Abrines, Juan Pérez Páramo, Federico Torralba, Julián Gállego, Eduardo Fauquié, etc., la visitaron asiduamente, y acudieron a escucharla en Radio Zaragoza.

Uno de estos amigos, José Mª García Gil, se casó con María de Avila -la bailarina y luego excelente profesora de ballet-, y propició una gran amistad entre ella y Pilar Bayona.

A partir del año 1945, Pilar Bayona intervino todos los años en Jaca, en los Cursos Internacionales de Verano de la Universidad de Zaragoza, con una Semana Musical que incluía varios conciertos/conferencia, en colaboración con Federico Sopeña o Dolores Palá. Esta participación en los cursos de Jaca continuó hasta su muerte.

La década de los años cincuenta marcó la cima de su carrera pianística, con una gran actividad concertística: desde el año 1950 hasta el final del 57 se cuentan más de ciento cuarenta y nueve conciertos (sólo en Zaragoza tocó en 1951 siete conciertos distintos). También es ya patente el reconocimiento a su actividad divulgativa como intérprete de música contemporánea, pues más de treinta y ocho compositores -con un total de unas ochenta partituras distintas- le enviarán y dedicarán ejemplares de sus composiciones.

En el año cincuenta se creó en Zaragoza la sociedad musical “Sansueña”, y además del concierto inaugural, dedicado a Falla, actuó repetidas veces con programas monográficos dedicados a Bach, Ravel, Albéniz y Oscar Esplá, estrenando la “Sonata Española” y “La Sierra“, de este último.

En 1955 se le entregó el título de Hija Predilecta de Zaragoza.

En estos años tocó la integral de “Iberia” de Albéniz en cuatro ocasiones. En 1955, por indicación de Alexis Weissenberg, que conocía esta interpretación, fue requerida por una firma discográfica francesa para grabar la suite, aunque no llegan a editarse más que siete de las doce piezas.

En Septiembre de 1957 se fundó el Conservatorio Pablo Sarasate en Pamplona, e intervino en los actos inaugurales con un ciclo de cinco conferencias/concierto, junto a otros actos a cargo de Fernando Remacha, P. Samuel Rubio y Ricardo Urgoiti. Remacha la solicitó también como profesora, y a partir de esa fecha impartió clases en ese centro.

En esos años Pilar Bayona se trasladó a vivir a un piso en el Paseo de las Damas, junto a su hermana Carmen.

En 1964, el Ayuntamiento de Zaragoza dió el nombre de Pilar Bayona a una calle de la ciudad; en este año fue nombrada también profesora de virtuosismo del Conservatorio de Zaragoza, puesto que ejerció hasta su fallecimiento.

En Mayo del 69 ingresó en la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis.

En la última década de su vida, los años setenta, prosiguió su actividad como pianista, con giras que la llevaron a más de veinte ciudades españolas.

En Zaragoza comenzó su participación anual en las Jornadas Culturales del Ayuntamiento, con ciclos de conciertos que alcanzaron una gran popularidad y asistencia de público.

En 1972 se celebró en Zaragoza la Semana Musical Española, y dentro de los actos figuraba un concurso de piano Pilar Bayona, y un concierto homenaje a Falla en su centenario, con Rafael Frübeck dirigiendo la orquesta.

En 1975 fue nombrada Hija Adoptiva de Cosuenda (localidad natal de la familia de su madre), y se puso su nombre a la calle donde está la casa familiar.

En 1979 tocó en Zaragoza en Enero para la Caja de Ahorros de la Inmaculada, y en Junio en Calibo y en el Colegio de Arquitectos.

En Noviembre empezó a preparar con ilusión un curso de 20 conciertos para estudiantes de BUP y COU, patrocinado por la Fundación Juan March, y ofreció otro recital en la Caja de la Inmaculada, que resultaría ser su último concierto. Poco más de un mes después, el 13 de Diciembre, moría como consecuencia de un atropello de automóvil.

Para más información sobre la vida de Pilar Bayona, podéis ver el siguiente video realizado para Antena Aragón:





Personajes ilustres de nuestra historia: María Moliner Ruiz

30 04 2011

María Moliner Ruiz nació en Paniza (Zaragoza) el 30 de marzo de 1900, en el seno del matrimonio formado por Enrique Moliner Sanz, médico rural, y Matilde Ruiz Lanaja: Un ambiente familiar acomodado (el abuelo paterno había ejercido también la medicina rural y los abuelos maternos poseían, al parecer, tierras), en el que los tres hijos que superaron los entonces tan frágiles años de la infancia —Enrique, María y Matilde— cursaron estudios superiores.

En 1902, según testimonio de la propia María Moliner, padres e hijos se trasladaron a Almazán (Soria) y, casi inmediatamente, a Madrid. En la capital, siempre según cita de D.ª María, los pequeños Moliner estudiaron en la Institución Libre de Enseñanza, donde fue, al parecer, don Américo Castro quien suscitó el interés por la expresión lingüística y por la gramática en la pequeña María.

Los primeros exámenes del bachillerato los hizo María Moliner, como alumna libre, en el Instituto General y Técnico Cardenal Cisneros de Madrid (entre 1910 y 1915), pasando en julio de 1915 al Instituto General y Técnico de Zaragoza, del que fue alumna oficial a partir de 1917 y donde concluyó el bachillerato en 1918.

Entre 1918 y 1921, María Moliner cursó la Licenciatura de Filosofía y Letras en la universidad cesaraugustana (sección de Historia),  que culminó con sobresaliente y Premio Extraordinario.

Y en 1922 ingresó, por oposición, en el Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos, y obtuvo como primer destino el Archivo de Simancas.

Tras una breve estancia en Simancas, María Moliner pasa al Archivo de la Delegación de Hacienda de Murcia. Será en esa ciudad donde conocerá al que será su marido, D. Fernando Ramón y Ferrando, catedrático de Física.

La pareja contrajo matrimonio en la Parroquial de Sagunto, el 5 de agosto de 1925, e inicia una vida conyugal armónica y compenetrada, la de dos intelectuales comprometidos con su vocación y con la sociedad en la que viven, a la que tratarán de dar lo mejor de sí mismos.

En Murcia nacerán sus dos hijos mayores (Enrique, médico, fallecido en octubre de 1999, y Fernando, arquitecto).

A principios de los años treinta, la familia se traslada a Valencia (D. Fernando, a la Facultad de Ciencias; D.ª María, al Archivo de la Delegación de Hacienda de esa ciudad).

La etapa valenciana cubre el período de mayor plenitud vital de María Moliner: el nacimiento y la crianza de sus dos hijos pequeños (Carmen, filóloga, y Pedro, catedrático y director de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de Barcelona, fallecido en 1986); la atención de la casa (aun con la asistencia adecuada); la vida profesional, y, sobre todo, la participación, con la fe y la esperanza de una institucionista convencida, en las empresas culturales que nacen con el espíritu de la II República.

En primer lugar, debe destacarse la colaboración de D.ª María en la Escuela Cossío, inspirada claramente en la Institución Libre de Enseñanza, escuela de la que fue alma D. José Navarro Alcácer (y su mujer, D.ª María Alvargonzález), que compartieron sus objetivos con otros matrimonios amigos. María Moliner enseñó en ella Literatura y Gramática, y, además, formó parte de su Consejo Director, como vocal, y de la Asociación de Amigos para su apoyo, como secretaria.

D.ª María prestó, asimismo, su colaboración entusiasta a las Misiones Pedagógicas de la República, cuya delegación valenciana presidía el Sr. Navarro Alcácer con la ayuda fundamental de D.ª Angelina Carnicer. María Moliner se cuidó especialmente de la organización de las bibliotecas rurales. De hecho, escribió unas Instrucciones para el servicio de pequeñas bibliotecas (que se publicaron sin nombre de autor en Valencia, en 1937), que fueron muy apreciadas, tanto en España como en el extranjero, y cuya presentación preliminar —«A los bibliotecarios rurales»— constituye una pieza conmovedora y un testimonio fehaciente de la fe de la autora en la cultura como vehículo para la regeneración de la sociedad.

En esta etapa de su vida D.ª María ocupó puestos importantes de responsabilidad en el terreno de la organización de las bibliotecas populares. Ya en 1935, en el II Congreso Internacional de Bibliotecas y Bibliografía —el que inauguró Ortega—, ella había presentado una comunicación con el título «Bibliotecas rurales y redes de bibliotecas en España».

En septiembre de 1936 fue llamada por el rector de la Universidad de Valencia, el Dr. Puche, para dirigir la Biblioteca universitaria, pero, ya en plena guerra civil, a finales de 1937, hubo de abandonar el puesto para entregarse de lleno a la dirección de la Oficina de Adquisición y Cambio Internacional de Publicaciones y para trabajar como vocal de la Sección de Bibliotecas del Consejo Central de Archivos, Bibliotecas y Tesoro Artístico.

La lucidez y capacidad organizativa de María Moliner van a quedar plasmadas en las directrices que redacta como Proyecto de Plan de Bibliotecas del Estado, las cuales se publicarán a principios de 1939 —Pilar Faus (La lectura pública en España y el Plan de Bibliotecas de María Moliner, Madrid, Anabad, 1990.) considera dicho proyecto «el mejor plan bibliotecario de España».

Al término de la guerra civil, el conjunto de amigos de los Ramón Moliner, y ellos mismos, sufren represalias políticas. Bastantes de ellos se exilian. D. Fernando Ramón y Ferrando es suspendido de empleo y sueldo, trasladado después a Murcia (1944-1946) y rehabilitado en Salamanca a partir de 1946 (donde permanecerá hasta su jubilación en 1962).

Por su parte, María Moliner es depurada y sufre la pérdida de 18 puestos en el escalafón del Cuerpo Facultativo de Archiveros y Bibliotecarios (que recuperará en 1958). En 1946 pasará a dirigir la biblioteca de la E. T. Superior de Ingenieros Industriales de Madrid hasta su jubilación, en 1970.

En esta nueva etapa de su vida, particularmente cuando se instale en Madrid, criados ya sus hijos y separada físicamente de su marido una buena parte de la semana, María Moliner encontrará el tiempo para dedicarse a su interés intelectual más profundo: la pasión por las palabras.

Será entonces cuando comience (hacia 1950) el Diccionario de uso del español, que publicará la Editorial Gredos entre los años 1966 y 1967 (en 2 volúmenes), una obra que ha conocido, en esa primera edición, veinte reimpresiones, que ha sido editada en CD-ROM en el año 1995 y que ha sido reeditada en una segunda edición, revisada y aumentada en 1998.

María Moliner representa, sin duda, todo un estilo de ser mujer en el siglo XX: pertenece al grupo de las pioneras universitarias que ejercen, además, una profesión. Refleja, igualmente, una manera profundamente moral de realizarse como persona: claramente inteligente, y, al mismo tiempo, vigorosamente responsable y generosa para con los demás (a los que, como divisa, hay que entregar la obra perfecta en la medida de las posibilidades de cada uno). Sencilla, espontánea en sus reacciones y elegante al no ser elegida académica en 1972, María Moliner recibió su jubilación tan discretamente como había vivido, gozando con los pequeños detalles cotidianos (sus macetas, por ejemplo) y presumiendo con orgullo de sus nietos.

Las notas tristes de sus últimos años fueron la muerte de su marido y su propia, terrible, enfermedad: la arteriosclerosis cerebral que la privó de su lucidez desde 1975 aproximadamente, hasta su fallecimiento, el 22 de enero de 1981.

Para más información sobre María Moliner, podéis ver los siguientes videos:

1. Una breve introducción a su vida y obra:

2. Un capítulo de la serie documental de RTVE “Mujeres en la historia”:

Enlace al video “María Moliner: los libros”





Personajes ilustres de nuestra historia: Basilio Paraíso Lasús

30 04 2011

Basilio Paraíso Lasús nació en Laluenga (Huesca) el 14 de junio de 1849. Hijo de un maestro de primeras letras, siguió enseñanzas en el Instituto de Huesca, trasladándose posteriormente a Zaragoza con la intención de proseguir en ella sus estudios.

Basilio Paraíso

Sin embargo, tuvo que abandonarlos por necesidades económicas. Comenzó así a trabajar en distintos oficios hasta colocarse como escribano de actuaciones en el Juzgado del Pilar de la capital zaragozana.

Aprovechando la libertad de enseñanza reconocida por la Revolución de 1868, Basilio Paraíso obtuvo la licenciatura en Medicina por la Universidad zaragozana.

Pero no era aquélla su vocación. Interesado por el mundo de los negocios, estableció el año 1876, asociándose a Tomás Colandrea, un taller de fabricación de espejos y una tienda para la venta de los mismos. Esta sociedad, conocida como “La Veneciana”, adquirió en los últimos años del siglo XIX una notable proyección nacional que obligó a la apertura de nuevos establecimientos en las ciudades de Madrid y Sevilla.

Defensor del ideario republicano desde su juventud, Paraíso perteneció al partido de Ruiz Zorrilla. Pero a la muerte de éste, el año 1895, se desvinculó de la política activa, sin renunciar por ello, como nunca lo hizo, ni aún en las épocas de más estrecha colaboración con la Monarquía, a sus convicciones ideológicas.

Dedicado enteramente desde los comienzos de la Restauración a la gestión empresarial, fue adquiriendo, por su capacidad organizadora y el dominio demostrado en la actividad comercial e industrial, un creciente prestigio en el ámbito zaragozano. Ello le permitió acceder a los puestos directivos de las más relevantes instituciones económicas locales: el Centro Mercantil y la Cámara Oficial de Comercio y la Industria de Zaragoza.

Basilio Paraíso llegó a la presidencia de esta sociedad en 1893, cargo que desempeñó hasta 1919, año en que presentó su dimisión, tanto por problemas de salud como por el hecho de haber fijado definitivamente su residencia en Madrid, continuando hasta el año 1930 como presidente honorario. Al frente de ella, desarrolló una eficaz labor de organización y promoción de la economía local, apoyada en su notable actividad como publicista.

Dos años más tarde, en 1895, intervino, como accionista fundador, en la creación de la sociedad editorial Heraldo de Aragón, a cuyo consejo de administración perteneció como vocal.

En la perspectiva regeneracionista ha de situarse la celebración de la Asamblea de las Cámaras de Comercio, en Zaragoza, a finales de noviembre de 1898, bajo la presidencia de Basilio Paraíso, coincidiendo de hecho con el Mensaje-Programa elaborado ese mismo mes en Barbastro (Huesca) por la Cámara Agrícola del Alto Aragón, de la que era presidente Joaquín Costa.

La convocatoria de una nueva asamblea por parte de la Cámara Agrícola del Alto Aragón en febrero de 1899, invitando a participar en ella, además de las corporaciones afines, a todas aquéllas relacionadas con el mundo del trabajo y la producción, anunció el encuentro de las llamadas “fuerzas vivas” de la nación en un intento por coordinar y hacer más efectiva la acción regeneradora.

Surgió así la Liga Nacional de Productores que, al año siguiente, en Valladolid, se integró con las Cámaras de Comercio, formando la Unión Nacional, cuyo directorio compartieron Basilio Paraíso, Joaquín Costa y Santiago Alba.

En 1901, en las primeras elecciones a las que se presentó la Unión Nacional, Basilio Paraíso obtuvo un escaño por Zaragoza en el Congreso de los Diputados. Sin embargo, los resultados generales alcanzados por la Unión Nacional en España no fueron especialmente significativos.

Las disputas internas en el seno del Directorio, los intereses contrapuestos de los distintos sectores que apoyaban a aquélla, y una cierta indiferencia de la masa electoral —para la cual los representantes de la Unión, mezclados en el juego parlamentario, no se diferenciaban básicamente de los llamados políticos de oficio— determinaron su rápida disgregación, no presentándose ya a las urnas, como tal fuerza política, en las elecciones de 1903.

En esta etapa inicial del reinado de Alfonso XIII se organizó en Zaragoza, el año 1908, la Exposición Internacional Hispano-Francesa conmemorativa del I Centenario de los Sitios. La destacada participación de Paraíso en la organización de este certamen fue premiada por la corporación municipal con su nombramiento como hijo adoptivo de la ciudad, siendo designado paralelamente por el gobierno de la nación como senador vitalicio.

Deseoso de incrementar por otra parte el significado del comercio exterior español, estimulando a tal fin la propia producción industrial, Paraíso llevó a cabo un viaje a Marruecos en 1910, que le permitió conocer especialmente las posibilidades de penetración mercantil que ofrecían Tanger y Tetuán, los dos mercados más importantes del territorio africano.

En un contexto de obligada proyección internacional, resultaba indispensable, en su opinión, la intervención del Estado regulando las tarifas de los ferrocarriles; en caso de no contar con un medio barato de transporte, Aragón se vería incapacitado para dar salida a sus productos, no pudiendo así asumir la parte activa que debía corresponderle en el desenvolvimiento de los intereses españoles en dicho territorio.

En la época de la primera guerra mundial Basilio Paraíso fue designado por el conde de Romanones (diciembre de 1916) presidente del comité ejecutivo de la Junta Central de Subsistencias, encargada de regular la producción, los niveles de precios, y el comercio en general del país. Equiparable de hecho tal presidencia a una cartera ministerial, renunció a ella en el mes de marzo de 1917, a causa de las divergencias existentes en el propio gobierno, como pórtico de la crisis total que en el mes de abril llevó a García Prieto a la presidencia del Consejo de Ministros.

En la década de 1920, a pesar de su avanzada edad, continuó desarrollando una notable labor, principalmente en la dirección del Consejo Superior de Cámaras de Comercio, industria y Navegación, y como vocal del Consejo Superior Ferroviario, sumada a continuos artículos y colaboraciones en la prensa madrileña.

Enemigo de homenajes y condecoraciones, fue un ardiente defensor de todo lo aragonés, cuyo pasado definía como una permanente «lección», no considerando admisible el descuido que en las escuelas se tenía sobre la lectura y explicación de la historia aragonesa. Basilio Paraíso murió en Madrid el 29 de abril de 1930.

Para más información sobre la vida de Basilio Paraíso, podéis ver este video:





Personajes ilustres de nuestra historia: Juan Bruil y Ollarburu

29 04 2011

Descendiente de una familia originaria del Bearn (Francia), Juan Bruil y Ollarburu nació en Zaragoza en 1810. Bruil comenzó sus actividades mercantiles en una tienda que sus padres poseían en la calle Espoz y Mina, para pasar a ser posteriormente comisionado en Zaragoza por el Banco de San Fernando, antecedente del que luego sería el Banco de España.

Juan Bruil

Participó en 1845 en la creación de la primera sociedad anónima dedicada en Aragón a operaciones de crédito, la Caja de Descuentos Zaragozana, de la que fue director hasta su conversión en 1856 en el Banco de Zaragoza.

Juan Bruil, posiblemente el representante más importante de la burguesía aragonesa del siglo XIX, fue también un político progresista que jugó un activo papel en la revolución de 1854 que llevó al poder al general Espartero, de quien era su más ferviente partidario en Zaragoza.

Ministro de Hacienda desde el 6-VI-1855, en que sustituyó a Pascual Madoz, al 7-II-1856, Bruil fue un destacado artífice de la legislación aprobada durante el bienio progresista, la cual permitió remover una buena parte de los obstáculos que habían impedido que se asentaran las bases del crecimiento capitalista ya producido antes en otros países europeos.

Una muestra de esta legislación fue la Ley de Sociedades Anónimas de Crédito de 28-I-1856: ésta permitió la constitución en España de las tres grandes sociedades que facilitaron la entrada de capital extranjero -francés fundamentalmente-, y que fue un hecho básico a la hora de explicar el crecimiento económico de los años siguientes, ya que la escasez del ahorro interior aconsejaba acudir a los recursos procedentes del exterior.

El propio Bruil tuvo buen cuidado de ponerse al abrigo de la posible competencia en Zaragoza del Crédito Mobiliario de los hermanos Pereire, convirtiendo la Caja de Descuentos zaragozana en el Banco de Zaragoza, entidad que hasta 1874 pudo emitir billetes de banco. En 1947, el Banco de Crédito de Zaragoza fue absorbido por el Banco Central.

Billete del Banco de Zaragoza (1857)

A lo largo de su corta pero fértil presencia en el Ministerio, Bruil presentó otros dos proyectos legislativos más, encaminados a modificar el arancel de aduanas en un sentido librecambista, y a realizar una reforma fiscal.

Pero Bruil no sólo fue popular en la Zaragoza de su tiempo por ser un rico banquero y un político que, ademas de ministro fue diputado y senador, sino también por ser el propietario de una extensa y lujosa torre que ocupaba en dicha ciudad, los terrenos del parque que actualmente lleva su nombre, junto al río Huerva.

En esta finca, perteneciente anteriormente a un convento vendido durante la desamortización de Mendizábal, Bruil realizó cuantiosos gastos para convertirla en una lujosa residencia cuyo parque podía ser visitado por los zaragozanos en los días festivos; según un cronista local, la casa estaba «rodeada de espesas alamedas, laberintos formados por los árboles, montaña rusa, estanques, jardines con caprichosa variedad de flores y extensos invernaderos», cuidados por jardineros franceses que se ocupaban también de la abundante fauna que habitaba la finca y que iba desde los faisanes hasta los ciervos, pasando por una serie de estanques convertidos en acuarios.

En otra extensa propiedad suya situada en la localidad del Burgo de Ebro, Bruil introdujo también modernas técnicas agrícolas y, como muestra de su generosidad, regaló a la ciudad de Zaragoza la Puerta de la Victoria que, en honor del general Espartero, se construyó en lo que hoy es la plaza de San Miguel, y que terminó desapareciendo en 1919.

Juan Bruil, que murió sin descendencia en 1878, presentó ya en 1853 el proyecto de construcción del ferrocarril a Francia por Canfranc, y realizó un minucioso estudio para hacer navegable el Ebro desde Tudela hasta el Puerto de los Alfaques, con el objeto de poder disponer de un fácil acceso al mercado catalán para los productos aragoneses.





Personajes ilustres de nuestra historia: Ramón de Pignatelli

29 04 2011

Ramón de Pignatelli de Aragón y Moncayo nació el 18 de abril de 1734. Su padre fue Antonio Pignatelli de Aragón Carrafa y Cortés, conde de Fuentes ; su madre era María Francisca Moncayo Fernández de Heredia Blanes y Calatayud, marquesa de Mora y Coscojuela.

Ramón de Pignatelli

Fue el tercer hijo (segundo varón) de ocho hermanos; el segundo (primer varón) heredó la casa de Fuentes y los demás abrazaron el estado eclesiástico. A través de su hermano el conde, Pignatelli estuvo emparentado con las casas de Aranda y Villahermosa; en conjunto, tres de los más importantes patrimonios nobiliarios de Aragón.

Recibió las primeras enseñanzas en Zaragoza. En 1740 se trasladó con su familia a Nápoles; muerta su madre (1742), de los 12 a los 19 años estuvo estudiando con los jesuitas en el Colegio Clementino de Roma, de donde volvió a Zaragoza para estudiar en su Universidad (1753-1755); en ella se doctoró en Cánones.

Segundón de casa noble, el ser clérigo no le impidió tener una intensa y variada actividad y ocupar los cargos más diversos. Fue canónigo y prior de la colegiata de Mora de Rubielos (T.), cargos a los que renunció años más tarde. Canónigo del cabildo catedralicio de Zaragoza hasta su muerte (1753-1793), fue en éste miembro de su Junta de Hacienda (1764-1770) y visitador (1777) del arciprestazgo de Belchite (Z.).

También fue regidor (1764-1788 al menos) de la Sitiada, junta encargada del gobierno y administración de la Real Casa de la Misericordia. Siendo conde de Fuentes su hermano Joaquín, intervino en la gestión y administración de los bienes de la casa familiar (1772), y tuvo relaciones también con el patrimonio del ducado de Villahermosa. En la Real Sociedad Económica fue censor primero (1776-1778) y socio y colaborador; años más tarde fue nombrado director primero de la sociedad (26-XI-1782) y renunció al cargo (3-XII-1782), sin llegar a ocuparlo, alegando exceso de trabajo.

Fue rector de la Universidad de Zaragoza en los años académicos de 1762-1763; 1782-1783; 1783-1784; 1791-1792, y 1792-1793; y, con toda probabilidad, tal y como estipulaban los estatutos de 1753, consiliario del nuevo rector en los años subsiguientes respectivos. Finalmente, tuvo a su cargo, como protector, el Proyecto del Canal Imperial de Aragón y el Canal Real de Tauste (1772-1793). Aún, por si fuera poco, en 1776, apoyado por el «partido aragonés» encabezado por el conde de Aranda, fue candidato a ocupar el puesto de primer secretario de Estado; cargo que finalmente consiguió el conde de Floridablanca, con quien luego Pignatelli colaboró muy activamente desde su puesto en el Canal Imperial.

Además de una parte de su correspondencia se conservan y atribuyen a su pluma casi dos docenas de obras entre relaciones, informes y dictámenes. Sólo algunas llegaron a ser impresas. Pignatelli no se dedicó a escribir libros ni tratados; fue fundamentalmente un hombre de acción, buen gestor y sobre todo un hombre político: tuvo presencia pública, propuso metas ambiciosas y en muchos casos supo encontrar el camino para lograrlas.

Como canónigo del cabildo zaragozano intervino en la administración de sus rentas (1764-1770) y en la restauración del palacio arzobispal. De su actuación al frente de la Universidad de Zaragoza y como administrador del condado de Fuentes no se sabe prácticamente nada.

Como regidor miembro de la Sitiada intentó solucionar (1768) el problema de la mendicidad en Zaragoza, muy patente en esos años; fruto de su esfuerzo fueron la terminación y ampliación de la Real Casa de la Misericordia (hacia 1790), en la que se estableció una industria manufacturera de paños y lonas, y la construcción de la plaza de toros (1764) dependiente de la citada entidad.

En 1776 colaboró de forma muy activa en la creación y constitución de la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País, de la que en 1778 se apartó, según parece, por divergencias ideológicas con el sector burgués de la misma, aunque siguió colaborando con ella de forma esporádica. Ramón de Ignatelli murió en Zaragoza el 30 de junio de 1793.

Pero la obra que lo ha hecho pasar a la posteridad es sin duda el Canal Imperial de Aragón. En él Pignatelli, nombrado protector (1772-1793) por su primo político el conde de Aranda y con el apoyo constante del primer secretario de Estado, el conde de Floridablanca, construyó materialmente el cauce y la obra civil venciendo obstáculos de todo tipo (1776-1790); organizó la navegación por el mismo (1789) dentro de un plan (que contribuyó a detallar) de navegación integral del Ebro para comunicar los mares Cantábrico y Mediterráneo; acondicionó e incluyó en la empresa el Canal de Tauste (1781); y sobre todo intentó, y en parte llevó a cabo, en la zona regada, una reforma agraria, de gran interés por la gran extensión de tierras afectadas, por su extrema complejidad y también por ser una de las empresas más ambiciosas emprendidas en este campo por la monarquía ilustrada de la época.

La empresa en general puso de relieve, más que ninguna otra, su gran capacidad de gestión y su constancia a toda prueba; la acción de extensión del regadío en particular, un pensamiento político y social teñido de un reformismo de corte radical tendente a favorecer al labrador frente a los privilegiados.

En efecto, la necesidad de poner en riego todas las tierras (desde 1782) y de cambiar y percibir con efectividad la contribución por el riego (desde 1788), puntos clave de la reforma agraria emprendida, le llevaron a pleitear con nobles como el marqués de Ayerbe o el duque de Villahermosa, éste familiar suyo; con el mismo cabildo catedralicio al que seguía perteneciendo y cuyos intereses había defendido ante los tribunales años atrás, y con la Casa de Ganaderos de Zaragoza, reducto de la oligarquía ganadera.

Por todo ello, Pignatelli, el primer protector del Canal, ha llegado hasta nuestros días como una de las biografías más brillantes de la Ilustración aragonesa, y su figura, enérgica y llena de contrastes, sigue mereciendo recuerdo y admiración.

Para más información sobre la obra más importante de Ramón de Pignatellí, podéis ver este documental de Antena Aragón:

1. “Una mirada al Canal Imperial de Aragón” (1 de 3):


2. “Una mirada al Canal Imperial de Aragón” (2 de 3):

3. “Una mirada al Canal Imperial de Aragón” (3 de 3):





Personajes ilustres de nuestra historia: José Rebolledo de Palafox y Melci

28 04 2011

José de Palafox nació en Zaragoza en 1776 en el seno de una ilustre familia de la nobleza. Era el tercer hijo de un aristócrata navarro casi anciano (el marqués de Lazán) y de una joven belleza milanesa que lo apartó de la soltería.

José de Palafox

Fue un matrimonio feliz y, además de casar bien a su única hija, sus tres hijos varones, de los que José era el más pequeño, entraron en el Real Cuerpo de Guardias de Corps, que desde tiempos de Godoy fue destino social y político de altos vuelos. Fue el Rey Fernando VII el que le encargó la custodia del mismo Godoy, amante de su madre, tras el motín de Aranjuez.

Supo Palafox de la marcha del Rey a Bayona. Y cuando Fernando VII se vio en manos de Napoleón, Fernando le encargó nada menos que levantara en armas el reino de Aragón, en el que su familia gozaba de un gran prestigio, para establecer una regencia a nombre de su tío, el infante Antonio.

Hizo algo más José Palafox: trató de liberar al Rey en Francia mediante un golpe de mano que falló por poco y del que escapo con vida de milagro. Huyó a pie y disfrazado desde Irún hasta Zaragoza, atravesando media Navarra que estaba ocupada ya por los franceses.

Apenas llegado a la capital aragonesa se presentó ante el capitán general Guglielmi, dándole cuenta del encargo del Rey. Guglielmi le dijo que ni hablar. Vio Palafox que su cabeza corría peligro y fingió retirarse a casa de su pariente, el conde de Sástago, donde empezó a organizar la resistencia.

En menos de una semana estuvo todo listo y cuando Guglielmi se enteró y le mandó incorporarse a su destino en Madrid, Palafox se quedó en Alfranca, cerca de Zaragoza, negándose a reconocer otra autoridad que la de su Rey.

Al atardecer, una partida de hombres armados rodeó su casa. Pensó Palafox en una trampa de Guglielmi, pero cuando se disponía a vender cara su vida, aquellos hombres prorrumpieron en vítores y dispararon al aire. Venían a buscarlo para encabezar la rebelión como jefe popular de una ciudad que estaba ya en pie de guerra.

Temiendo el desbordamiento y la barbarie, Palafox les dirigió la palabra, jurando defender al Rey y a España hasta la última gota de su sangre y les pidió que se retirasen a sus casas, lo que hicieron de inmediato.

Pero al día siguiente, cuando las autoridades se negaron a aceptar las propuestas de Palafox, lo impusieron como capitán general del reino. Palafox, que era brigadier, aceptó el mando pero no el grado de general hasta que el Rey fuera libre de ofrecérselo. Por si el gesto no bastara, vendió todos sus bienes para allegar recursos a la lucha y declaró formalmente la guerra a Napoleón en nombre del Rey.

Aunque sea el alcalde de Móstoles el que haya quedado en la leyenda y el pueblo de Madrid el más temprano en el sacrificio fue realmente Palafox el primero que se puso al frente de la lucha con todo el reino de Aragón detrás. Esa fue la verdadera proclamación de la Guerra de la Independencia. Faltaba convertir a Zaragoza en una plaza fuerte capaz de resistir al Ejército de Napoleón.

Y ahí es donde se puso a prueba el genio militar y político de Palafox. En apenas 15 días envió cartas a todas las provincias españolas notificándoles la declaración de guerra y pidiéndoles que se sumaran a la lucha.

Estableció la jurisdicción militar sobre cualquiera otra para cortar cualquier brote de anarquía, pero mandó que los tribunales ordinarios siguieran con sus trabajos en todo lo que no afectase a la guerra. Decretó la movilización de todos los hombres del reino de Aragón desde los 15 hasta los 40 años, aunque la afluencia de voluntarios hizo casi innecesario el decreto, porque sólo el primer día se apuntaron 10.000 en Zaragoza. Estableció una policía de orden público para evitar desmanes.

Convocó a las Cortes de Aragón para que le sirvieran de consejo y reforzaran su legitimidad, como así sucedió. Se aseguró el respaldo entusiasta del clero, de la pequeña nobleza, de la burguesía comercial y, sobre todo, del pueblo llano, que vio con satisfacción cómo su flamante general vivía entre sus soldados, comía su mismo rancho y dormía en un camastro, cuando dormía.

Además de crear una estructura puramente militar para la defensa, dentro de lo que sus escasos medios materiales le permitieron y, apoyado en su segundo. Juan O’Neill, creó las unidades de caballería necesarias para poder irrumpir por sorpresa en las líneas enemigas dificultando el asedio.

La rapidez de Palafox en sus preparativos fue providencial porque, en la primera semana de junio de 1808, el general Lefebvre se presentó ante la ciudad y cerró el cerco. Comenzó entonces uno de los episodios más sangrientos y heroicos de toda la Historia de España. Setenta días resistió Zaragoza. Y finalmente, Palafox, atacando por sorpresa a la artillería francesa, al tiempo que sus tropas los acosaban simultáneamente en todas sus posiciones, hizo huir a los sitiadores dejando tras de sí una inmensa cantidad de material, con el que Palafox preparó el segundo cerco.

El segundo Sitio de Zaragoza (21 de diciembre de 1808-21 de febrero de 1809), dirigido por el mariscal Lannes pero teledirigido por Napoleón, que se había presentado en España para vengar su fracaso en Zaragoza y Bailén, fue tan feroz como el primero.

Pero esta vez contaron los franceses con un aliado especial: la epidemia de peste que se extendió por la ciudad y que hizo estragos en los defensores. No obstante, Palafox se negó a capitular. Fianalmente, él mismo cayó gravísimamente enfermo, teniendo que abandonar la dirección de la plaza. Muerto O’Neill, enfermo Palafox, con los muertos sin enterrar por las calles y con la ciudad destruida, el concejo municipal aceptó unas condiciones de rendición honrosas, que los franceses nunca cumplieron.

Al entrar en Zaragoza fueron inmediatamente a casa de Palafox para que aceptara la rendición. A pesar de su lamentable estado se negó. Enviaron entonces su espada al emperador y a él lo arrastraton a la prisión de Vincennes, cerca de París, donde pasó casi cinco años sin más compañías ni respetos que los de sus carceleros.

El año 1813 marca el apogeo y caída de Palafox. Tras volver a España con el Rey, le acompaña en una visita a Zaragoza. Una muchedumbre de viudas, mutilados y huérfanos reciben al monarca. La diferencia moral entre el pueblo y su Rey, que se arrastró en Bayona ante Napoleón, era todavía desconocida para la mayoría de los españoles.

Sin embargo, los que buscaban la restauración del Antiguo Régimen y la abolición de la Constitución liberal de 1812 maniobraron para apartarlo de Fernando VII. Lo consiguieron sin esfuerzo. El Rey Felón despidió a Palafox, que marchó a su tierra como capitán general, pero sin conseguir que se compensara su desprendimiento económico. Hasta su muerte vivió lleno de deudas.

Cuando en 1820 se levantaron los liberales, Fernando llamó a Palafox para proteger su vida y el marginado general, como siempre, obedeció a su rey. Cuando se restauró el poder absoluto de Fernando VII en 1823, Palafox volvió al ostracismo.

A la muerte del Rey, pensó que su suerte mejoraría. Fue al revés: acusado absurdamente de una conspiración contra la reina regente, María Cristina, fue apresado en su casa y conducido a la cárcel como un malhechor. Cuando llegó el juicio, Palafox salió libre, sin cargo alguno, pero la humillación le duró siempre.

A partir de 1836 tomó parte de nuevo en los asuntos militares y políticos como capitán general de Aragón y senador. Murió en Madrid el 15 de febrero de 1847.

Para más información sobre los Sitios de Zaragoza, podéis ver este documental de Antena Aragón:

1. “Los Sitios de Zaragoza” (1 de 4):


2. “Los Sitios de Zaragoza” (2 de 4):

3. “Los Sitios de Zaragoza” (3 de 4):


4. “Los Sitios de Zaragoza” (4 de 4):






Personajes ilustres de nuestra historia: María Rafols Bruna

28 04 2011

Religiosa fundadora de las Hermanas de la Caridad de Santa Ana y su primera superiora general, María Rafols Bruna nació el 5 de noviembre de 1781 en Villafranca del Penedés (Barcelona).

Madre Rafols

Hija de un molinero, tras la muerte de su padre ingresó en el monasterio femenino de San Gervasio, de la Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, en 1794.

En 1803 tuvo ocasión de ejercitar duras tareas benéficas con motivo de la peste que se produce en torno a Barcelona; ese mismo año conoció al P. Juan Bonal, quien fue durante muchos años su director espiritual e inspirador de la fundación de un instituto religioso que, a la manera de las Hijas de San Vicente de Paúl en Francia, se ocupó ante todo de la atención a los enfermos.

El 28-XII-1804 llegó a Zaragoza un grupo de doce hermanos y doce hermanas reunidos por el Padre Bonal para hacerse cargo de los servicios del Hospital de Nuestra Señora de Gracia, fundado en 1425.

Esa primera comunidad se prolongó en un principio a Huesca (1807). Al comenzar la guerra de la Independencia, el papel de las hermanas fue muy destacado; tras el primer Sitio de Zaragoza quedó destruido el gran edificio del Hospital y la Madre Rafols se ocupó de colocar a los enfermos, que pronto se multiplicarán hasta alcanzar la cifra de 6.000, en diversos edificios oficiales y privados, de rescatar objetos religiosos y artísticos y conseguir ayudas, solicitándolas insistentemente no sólo al general Palafox sino incluso al sitiador, Lannes, y a Madrid, escribiendo a la escritora aragonesa Josefa Amar y Borbón. Atendieron las hermanas a la redención de cautivos.

Retirados los franceses el 14 de agosto, el Hospital era una ruina total. Los enfermos heridos, en número superior a 4.000, fueron trasladados a la Real Casa de Misericordia. El 10 de diciembre comenzó un nuevo asedio; ante la trágica situación de la ciudad por la difusión de nuevas epidemias de peste, la Madre Rafols acompañada de dos Hermanas, se presentó al general francés en petición de ayuda; les fueron concedidos víveres y un salvoconducto.

Tras la ocupación de la ciudad, la nueva Junta de la Sitiada impuso unas nuevas Constituciones a las Hermanas y aceptó la dimisión de la Madre Rafols (12-XI-1811), quedando encargada de la sacristía; después, marchó al Orcajo (Daroca), para volver tras la marcha de los franceses (1813) a dirigir la Inclusa o Asilo-Cuna del Hospital. En 1826 fue elegida de nuevo superiora hasta 1829.

En 1834, oscuros acontecimientos aún no del todo esclarecidos la llevaron durante dos meses a la cárcel de Predicadores. Se le acusaba de complicidad en una conspiración contra la reina María Cristina. Dos meses después fue puesta en libertad, y al año siguiente obtuvo sentencia eximiéndola de culpabilidad; pero fue desterrada a su pueblo natal, que pudo cambiar por Huesca, donde desde 1807 existía casa de la misma Hermandad. Seis años duró el confinamiento.

En 1841 fue autorizada a regresar a Zaragoza y volvió al Hospital destinada a la Inclusa. Se retiró en 1845, resentida su salud, y pasó una temporada en Belver de Cinca (Huesca); durante sus últimos años redactó escritos espirituales.

Tras su muerte en 1853, comenzó su fama. En 1908, centenario de los Sitios de Zaragoza, la patria y la ciudad de Zaragoza la proclamaron «Heroína de la Caridad». Fama también de santidad, que se prolongó hasta que en 1944, Pío XII, suspendió la causa de beatificación. Autorizó la reanudación del proceso Juan Pablo II, el 4-XII-1980.

Retomado el proceso de canonización, fue beatificada por el Papa Juan Pablo II el 1-X-1994. Su fiesta se celebró el 5 de noviembre. Su cuerpo y su altar se hallan en la capilla del Noviciado de la Congregación de Hermanas de la Caridad de Santa Ana de Zaragoza, fundada por la nueva beata para atender la población más marginada de la ciudad.

Para más información sobre la vida de la Madre Rafols, podéis ver este documental:

1. “Vida de la Beata María Rafols” (1 de 2):


2. “Vida de la Beata María Rafols” (2 de 2):






Personajes ilustres de nuestra historia: Josefa Amar y Borbón

28 04 2011

Josefa Amar y Borbón nació en Zaragoza en febrero de 1749. Era hija del famoso médico de cámara de Fernando VI, José Amar, y de Ignacia de Borbón; estaba emparentada con muy ilustres familias de la región e incluso con el Conde de Aranda.

Josefa Amar y Borbón

En toda su familia destacaban las profesiones liberales de médico o abogado. Sus hermanos se dedicaron a la milicia y a la Iglesia.

Josefa tuvo eruditos preceptores y fue una lectora apasionada. Para poder satisfacer su ansia de saber aprendió latín, griego, italiano, inglés, francés, portugués, catalán y un poco de alemán. También le interesaron las cuestiones bibliográficas. Alcanzó, pues, una erudición más que notable, que ejerció con independencia de juicio y en los parámetros de un europeísmo universalista y no tuvo igual entre las escritoras españolas de su siglo.

Conocía toda la obra de los ilustrados e ideólogos franceses y la de John Locke, y su pensamiento pasó de una Ilustración avanzada a un liberalismo convencido. Aborreció la extrema religiosidad de la cultura de la época y se mostró en todo como una laica convencida; nunca citó a escritoras religiosas: para ella, fue como si Santa Teresa y sor Juana de la Cruz no hubieran existido. En ese sentido, su feminismo fue más radical incluso que el de su contemporánea Margarita Hickey. Desaprueba que las niñas se eduquen en conventos de monjas y que incluso existan los conventos de monjas.

Se casó a los 23 años con un hombre viudo al que apenas conocía, mucho mayor que ella: Joaquín Fuentes Piquer, oidor de la Audiencia de Aragón, quien murió tras una grave enfermedad en 1798. También murió trágicamente su hijo Felipe.

En 1782 fue nombrada socia de mérito de la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País. En 1787 lo fue de la Junta de Damas, vinculada a la Real Sociedad de Madrid, y posteriormente de la Real Sociedad Médica de Barcelona.

Se dedicó principalmente a la traducción de obras extranjeras, mayoritariamente científicas. Entre 1782 y 1784 tradujo anotados los seis tomos del Ensayo histórico-apologético de la literatura española contra las opiniones preocupadas de algunos escritores modernos italianos del abate Francisco Javier Lampillas contra Girolamo Tiraboschi (1786). A éste añade además un Índice de autores y materias.

La Sociedad de Amigos del País de Zaragoza le encargó además la traducción del Discurso sobre el problema de si corresponde a los párrocos y curas de aldea instruir a los labradores en los elementos de la economía campestre, acompañado del plan de Francesco Griselini. Prologó la edición en 1783. En 1783 estaba escribiendo una Aritmética española y tradujo el Diario de Mequinez. Vivió casi toda su vida en Aragón (Zaragoza, Tarazona, Borja).

Defendió en la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País de que formaba parte la independencia y dignidad de la mujer, por medio de su traducción de uno de los libros europeos más famosos sobre el tema, el de Knox, Essay moral and literary, y de varios discursos que escribió y pronunció entre 1786 y 1790: Discurso en defensa del talento de las mugeres (1786), Oración gratulatoria . . . a la junta de Señoras (1787) y Discurso sobre la educación física y moral de las mujeres (1790). En todos estos defiende el feminismo de la igualdad: el cerebro no tiene sexo, y la aptitud de las mujeres para el desempeño de cualquier función política o social.

Su actuación durante los dos Sitios que sufrió la ciudad a manos de los franceses en 1808 y 1809, fue muy destacada, a través de generosas ayudas tanto en efectos materiales, como en su participación personal en la defensa de la ciudad. Estos esfuerzos le llevaron a sufrir un aborto, perdiendo el hijo que esperaba.

Josefa Amar y Borbón murió en Zaragoza en 1833. Está enterrada en la Iglesia de San Felipe de Zaragoza. En la actualidad, un Colegio de Infantil y Primaria de la ciudad de Zaragoza lleva su nombre.

Para más información sobre Josefa Amar y Borbón y su obra, podéis ver este breve video: